Ley y derechos: la ruptura de la Democracia

¿Es necesario creer en las diferentes religiones para respetar a las personas que las practican? Pues no, una cosa es la persona y la otra son sus creencias. ¿Hace falta estar de acuerdo y hablar positivamente de las ideas políticas para respetar a las personas con esas ideas, para no discriminarlos? No.

Todas las personas tienen la misma dignidad y derechos y deben respetarse por su dignidad intrínseca, no por sus pensamientos, ideologías o acciones. Una cosa es el respeto a las creencias y a la libertad de pensamiento y otra es que para respetarlos debamos pensar que esas ideas son correctas o que el pensamiento es el mejor. La desvinculación entre una creencia, pensamiento o ideología y acción, y las personas que tienen ese pensamiento, ideología o acción es fundamental para el respeto de los derechos humanos. La libertad de pensamiento, expresión y educación es un pilar fundamental de la democracia occidental que se debe proteger, y el respeto a las personas independientemente de su ideología, pensamiento y creencia, también.

Esta desvinculación entre persona y pensamiento, se ha interrumpido en una nueva ley de privilegios Glbti (gais, lesbianas, bisexuales y transgéneros o intersexuales) que Cataluña acaba de adoptar y que otras Comunidades como Galicia o el País Vasco también han aprobado con términos similares. Desde mi punto de vista, una ley totalmente innecesaria. Una cosa es el respeto de todas las personas Glbti y la no discriminación por orientación sexual en todos los ámbitos de la sociedad, que ya están protegidos por el ordenamiento jurídico, y otra que para respetar esa discriminación se haga una ley de privilegios, se coarte la libertad de pensamiento, expresión, empresa y educación en torno a la ideología de género en medios de comunicación, empresas, colegios y administraciones públicas.

Es una ley de vigilancia y control que excede la pretendida igualdad y que lo acaba controlando todo. Impone medidas que suponen el fomento, el control y la imposición de ideología en las escuelas y, afectando no sólo a personas, sino también a empresas e instituciones. Invierte la carga de la prueba, principio básico de la presunción de inocencia, principio base de la democracia y de la justicia. Además, como la orientación sexual forma parte de la intimidad de la persona, es muy difícil probarla y puede dar lugar a abusos (cualquiera podría alegar este criterio para conseguir privilegios).

Se obliga a las universidades (art. 13) a medidas de protección, de apoyo y de investigación para la visibilidad de las personas Glbti y deben elaborar un protocolo de no discriminación. También se establecen medidas para la cultura, el tiempo libre y el deporte (art. 14). Se establece control sobre los medios de comunicación (art. 15) con el fin de establecer recomendaciones sobre el trato y el uso de imágenes y lenguaje, favoreciendo la visibilidad de referentes positivos de los Glbti y realizar un seguimiento de las informaciones que ofrezcan un tratamiento contrario a la diversidad sexual, la identidad de género o la expresión de género y recogerlas periódicamente.

Se extienden los derechos de familia que tienen los homosexuales a los bisexuales, transexuales e intersexuales (art. 21) y se modifica la legislación catalana en reproducción asistida, sin incorporar ni siquiera la limitación por edad. Se incorporan los derechos de Glbti a los planes de igualdad en las empresas (art. 20)

Otorga un gran poder político a los Glbti (art. 8), porque crea en el seno de la Generalitat un órgano ejecutivo (art. 9) que ha de coordinar las políticas del Gobierno de la Generalitat en esta materia y los departamentos de la Generalitat deberán aplicar esta ley con la colaboración y bajo la coordinación de este órgano.

Peligrosa me parece esta nueva ley. No sólo porque no va a arreglar la discriminación que existe contra los Glbti, sino que puede exacerbarla. España, junto con los países del sur, es el país de Europa en que menos violencia existe contra los Glbti, en comparación con los países nórdicos, donde estas leyes ya llevan mucho tiempo en vigor según un estudio de la European Fundamental Rights Agency del 2012. ¿Paradójico? Pues no. Como decíamos antes, para respetar no es necesario compartir la opinión ni tener este tipo de leyes.

Para respetar no hace falta estar de acuerdo, sino simplemente saber que las personas son libres y se deben respetar.

La diversidad de opinión permite el debate pausado y sereno de todos los puntos de vista. Si no hay desacuerdo no hay diálogo, y sin diálogo no hay progreso ni democracia. No vale decir «para que me respeten necesito que piensen como yo». Con esta ley lo que se pretende es uniformizar el pensamiento, y con ello se pierde la libertad y la tolerancia.

Nuria Chillida, profesora de IESE.

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