Lo estepario de nuestra política

Por José Luis Requero, magistrado y vocal del Consejo General del Poder Judicial (EL MUNDO, 09/11/06):

Pasaron el 28 de septiembre, el 29 y también el 30, sin noticia alguna. Y es que el 28 finalizó el plazo para recurrir la nueva ley de Reproducción Humana Asistida. La espera tenía su fundamento. El Tribunal Constitucional avaló esas técnicas porque su fin -dentro de lo malo- es la procreación y aunque asumió el concepto político-mercantil de preembrión. Tal malabarismo semántico le permitió decir que no afecta a la dignidad humana la crioconservación de embriones humanos o la destrucción de los sobrantes. Pero la nueva ley sobrepasa esos límites: permite la clonación terapéutica, la generación de embriones humanos para experimentar con ellos -luego para destruirlos- o crear niños medicamento (selección embrionaria), con destrucción de los otros embriones humanos que no sirvan para la nueva botica familiar. Todo esto sería inconstitucional, de ahí que mi esperanza tuviese sentido, creo; sin embargo, ningún grupo parlamentario ha dado el paso de recurrir la norma.

Esto es desolador. Nos han colado la clonación terapéutica sin que de los líderes de primera fila del PP se conozca idea crítica alguna; sólo hubo intervenciones meritorias en el Parlamento por parte de diputados de filas, pero nada más, y del recurso, ni hablar. Del PSOE sólo se sabe que la ministra de Sanidad dijo: «No hay preocupación [social] por el hecho de que esa técnica se incluya en la ley. No he visto ninguna alarma social… Entiendo que no suscita preocupación». Ya Zapatero había alcanzado la cima del pensamiento político europeo al decir, respecto de la experimentación con embriones humanos, que no acepta que «frenos artificiales» procedentes de «la conciencia personal» puedan ser «impuestos colectivamente» contra el progreso; y mostró el calado de sus ideas anunciando que había que acabar con «tanta imposición de moral y actitudes carcas».

Tanta finura intelectual contrasta, por ejemplo, con lo ocurrido en Alemania, donde sí hubo debate respecto a esta cuestión. El presidente de la República -el socialdemócrata Johannes Rau- en un memorable discurso no tuvo complejo para oponerse a la experimentación con embriones humanos: «No podemos permitirnos renunciar, inconsciente o tácitamente, a convicciones éticas o declararlas mero asunto privado… En nuestro país… a efectos de protección legal de la dignidad humana, ésta comienza con la fecundación del óvulo. Quien no comparta esta apreciación sobre el momento en que comienza la vida humana, debe responder a la pregunta: ¿A partir de qué otro momento debería protegerse absolutamente la vida humana…? Por elevados que sean los objetivos de la investigación médica, no pueden determinar el momento a partir del cual debe protegerse la vida humana».

Después, refiriéndose al nacionalsocialismo añadió: «Nadie debe olvidar lo que entonces ocurrió también en el ámbito de la ciencia y la investigación… Los científicos trabajaron sin freno, únicamente al servicio de sus objetivos, sin escrúpulos morales… Empezar a instrumentalizar la vida humana, empezar a distinguir entre lo que tiene valor vital y lo que no lo tiene, es abocarse al desastre. El recuerdo entraña una exhortación permanente: nada debe situarse por encima de la dignidad del individuo». El impacto de sus palabras en el Bundestag hizo que Schröder diese marcha atrás en sus planes.

Algo parecido ocurre con el matrimonio homosexual. Zapatero dijo que «una convivencia por amor es un matrimonio y lo puede ser, si así lo decide la sociedad». Vuelo de águila intelectual frente al gallináceo aleteo del ex primer ministro francés, el también socialista Lionel Jospin, cuando dijo que «las instituciones [existen] para fundar y apoyar a las sociedades», «el matrimonio es, en su principio y como institución, la unión de un hombre y de una mujer».

Y respecto a la adopción por homosexuales, defendió que no es la inclinación sexual sino «la dualidad de sexos lo que caracteriza nuestra existencia, que es la condición de la procreación y, en consecuencia, de la continuidad de la humanidad. Ésta es la razón por la que la filiación de un niño siempre se ha establecido con relación a los dos sexos. El género humano no se divide entre heterosexuales y homosexuales -se trata de una preferencia- sino entre hombres y mujeres». España esteparia.

¿Por qué en EEUU el aborto o las uniones homosexuales son temas centrales en su debate político o en las elecciones presidenciales?, ¿por qué en Europa los líderes políticos se mojan en estos temas y articulan un discurso relevante en debates sonados?, ¿por qué en la derecha europea no hay miedo a tratarlos? Y hay más ejemplos.

¿Algún día ocurrirá en España lo que ha pasado en París? Su alcalde, socialista y declarado homosexual, Bernard Deloe, sin complejos ni prejuicios laicistas inauguró la plaza Juan Pablo II. Su discurso, cargado de loas al Pontífice, aquí sería inconcebible. ¿Se imaginan esto en Madrid? Y otro ejemplo. En su última visita a Alemania, Benedicto XVI siempre tuvo a su lado a la canciller Angela Merkel. En Valencia, el presidente Zapatero le dedicó unos minutos casi de tapadillo y el ministro de Justicia apareció con aires displicentes. Algún día se calibrará el enanismo de tales actitudes frente a esos dos pontífices, verdaderos gigantes del pensamiento y cultura occidentales.

Otro ejemplo más: ¿sería imaginable que Zapatero -o un líder del PP, me da lo mismo- hiciese lo que ha hecho el laborista Tony Blair? Ha nombrado ministra de Educación -es decir, un ministerio estratégico, ideológico- nada más y nada menos que a una mujer miembro del Opus Dei. ¡Terror!, ¡pavor!, ¡escándalo! Y en Francia Sarkozy se encierra con un filósofo y un dominico para hablar sin tapujos ni complejos de religión, de revisar el concepto de laicismo o de potenciar el papel de la Iglesia, y todo se recoge en un libro. Aquí seguimos por otros derroteros.

Bien, pues todo eso es lo que se respira por Europa. Hasta en Italia, donde el socialista Prodi lidera políticas para frenar el alarmante número de abortos; en España, con un millón en 20 años -más de 80.000 el pasado año-, centro del turismo abortivo, PSOE y PP callan. Nuestros líderes pertenecen a otra galaxia política y no se ve cambio. En dos legislaturas, el PP no sólo no enmendó nada, sino que los abortos aumentaron; no se compromete a reformar el matrimonio homosexual… y en Andalucía pacta un Estatuto de autonomía que dice que «la enseñanza pública, conforme al carácter aconfesional del Estado, será laica». Aparte de pactar lo mismo que figura en el demonizado Estatuto catalán -como ocurre con el Poder Judicial-, ¿cómo puede empeorarlo con la torpeza de que la enseñanza pública será laica porque el Estado es aconfesional? Apaga y vámonos.

Insisto, esto es desolador. ¿Es consustancial a la izquierda hispana el sectarismo apolillado, cargado de prejuicios y odios?, ¿lo es para la derecha la incomodidad y miedo al tratar abiertamente estos temas?, ¿es que no capta que todo este derrumbe moral juega en su contra? Eso sí, el meeting point de nuestros políticos ya no es la autocomplacencia con una Transición política arrumbada: lo común es el desierto intelectual, la incapacidad para un debate desacomplejado, capaz de poner en circulación unas ideas que sean referente del pensamiento político para una Europa en declive y que versen sobre lo fundamental: vida, familia, matrimonio o educación.

Y otro punto de encuentro: por muchas que sean las aberraciones que introduzca el PSOE, parece que hay que dar por descontado que el PP las mantendrá, todo menos que te llamen talibán.