Lo importante ha sido el ‘Sí’

Por Javier Pérez Royo, catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Sevilla (EL PERIODICO, 21/02/05):

Hemos estado tan preocupados por la abstención que casi habíamos perdido de vista que lo que estaba en juego en este referendo era la ratificación por el cuerpo electoral español del Tratado por el que se establece una Constitución para Europa. Lo importante de este referendo era, antes que nada, el triunfo del sí. Y lo más importante, y por lo que se recordará este referendo, es porque ese triunfo ha sido aplastante. Así se valorará con el paso del tiempo en nuestro país y así se valorará desde esta misma noche en los demás países europeos. España ha dicho sí de manera inequívoca y rotunda a la Constitución europea.

Es verdad que es difícil sentirse satisfechos con una participación del 42,46%, sobre todo cuando los partidos favorables al sí tienen el 90% de los escaños en las Cortes Generales. Algo tiene que haberse hecho mal para que los partidos que representan al 90% de los ciudadanos españoles no hayan conseguido movilizarlos para que acudieran a votar.

La explicación no es difícil. Al contrario. ¿Cómo es posible que partidos que dicen estar de acuerdo en que la Constitución europea es una buena constitución y que su aprobación será beneficiosa para España no hayan sido capaces de ponerse de acuerdo para explicárselo así a los ciudadanos y animarlos de esta manera a acudir a los colegios electorales? ¿Puede extrañarse alguien de que no haya habido una mayor participación cuando el tono de la campaña ha sido el que ha sido? La mayor sombra del referendo ha sido la ocasión perdida de expresar el sentido de copertenencia al mismo sistema por parte de los diferentes partidos políticos. El referendo era una ocasión única para que los diferentes partidos que estaban a favor de la misma hubieran dejado de lado sus diferencias en los demás terrenos y se hubieran dedicado a explicar a los ciudadanos lo que de positivo tenía la Constitución para ellos. La ocasión lo merecía. Por la Constitución europea y porque es bueno que en los sistemas políticos se recuerde de vez en cuando esa solidaridad entre los adversarios, que es y debe ser una solidaridad mínima pero que es indispensable.

MADISON decía que la democracia es un sistema armonioso de frustraciones mutuas. La obligación de todo dirigente político es frustrar a su adversario, pero no perdiendo nunca de vista que todos forman parte del mismo sistema y que sin un suelo común, no hay manera de hacer política. Era una ocasión de oro para haberlo recordado y no se ha hecho. Aquí es donde está la raíz de que la participación no haya sido superior.

La responsabilidad por la baja participación es, por tanto, una responsabilidad compartida. Nadie ha encontrado el tono apropiado para dirigirse a los ciudadanos. La lógica de la competición interpartidaria, como si lo que estuviera en juego fuera el desgaste o no del Gobierno y, como consecuencia de ello, el fortalecimiento o no de la oposición, ha primado sobre la lógica refrendaria de un texto constitucional, que no es de nadie y que, precisamente por eso, puede ser de todos. ¿En qué se beneficia más el PSOE que el PP, o que CiU, o que el PNV, de que se ratifique la Constitución europea? ¿Va a competir en mejores condiciones el PSOE que el PP, o CiU, o el PNV, en la próximas consultas, europeas, estatales, autonómicas o municipales porque la Constitución europea esté en vigor? ¿Por qué entonces el tono de la campaña que contribuía a que los ciudadanos se alejaran de las urnas?

Por eso el volumen del sí ha sido tan importante. En las condiciones en que se ha celebrado el referendo hubiera sido perfectamente posible no sólo que hubiera habido un número más elevado de noes, sino que hubiera habido también un mucho más elevado voto de protesta en la forma de voto blanco. Que con una campaña electoral tan desabrida como la que se ha producido, casi el 80% de los ciudadanos que han acudido a las urnas hayan dado el sí a la Constitución dice mucho de la madurez de los ciudadanos españoles que han conseguido que los árboles no les impidieran ver el bosque. Afortunadamente el referendo ya es historia y el objetivo que con el mismo se perseguía se ha alcanzado. La combinación de una participación baja pero de un voto positivo muy amplio despeja cualquier duda sobre la legitimidad del resultado. En España y en la Unión Europea. Cuando las Cortes Generales ratifiquen el Tratado por el que se establece una Constitución para Europa en el momento que corresponda, nadie podrá poner en duda que su manifestación de voluntad coincide con la expresada directamente por los ciudadanos ayer. Y afortunadamente nadie sale derrotado. Es un resultado que no va a dejar heridas abiertas en ninguna formación política.

SE PODÍA haber hecho mejor y se ha desperdiciado una excelente ocasión para haber renovado expresamente nuestra voluntad de convivir bajo unas mismas reglas de juego, aunque en este caso se tratara de reglas europeas. Pero no se ha ocasionado a nadie ningún daño no ya irreparable, sino ni siquiera significativo. En los tiempos que corren no es poca cosa. Sobre todo porque lo que queda del año, por no decir de la legislatura, viene cargado de tensiones y enfrentamientos, con los que hubiera sido más difícil ajustar cuentas si hubiéramos tenido un resultado en el referendo que hubiera dejado heridas abiertas. El único que ha ganado inequívocamente en este referendo ha sido el pueblo español, que ha sabido no dejarse enredar en una trifulca que no conducía a ninguna parte y hacer lo que tenía que hacer. Y hacerlo bien. Lo importante ha sido su sí masivo a la Constitución europea. Con esto es con lo que debemos quedarnos.