Lo que Aragón demanda

Siguiendo aquel consejo socrático de difundir lo que es bueno, verdadero y útil, me atrevo a escribir sobre nuestra región. Vivimos en Aragón y –como dice un verso de Miguel Hernández, poeta de vida breve y del que ahora se celebra el 75 aniversario– somos “aragoneses de casta”. Según Wikipedia, tenemos una superficie de 47.719 kilómetros cuadrados; respecto a las demás regiones, somos la cuarta en extensión, pero en población, la undécima. También una de las cuatro con menor densidad de habitantes, con la mitad de ellos concentrados en Zaragoza, a la vez que esa provincia es la que tiene más municipios en riesgo de extinción.

Los expertos aseguran que nuestra Comunidad tiende a despoblarse y a envejecer, pero les toca a las instituciones, a los poderes políticos, a los agentes económicos y sociales y a los mismos aragoneses, si de verdad queremos conformar nuestro futuro, estudiar a fondo el grave problema de la despoblación y aplicar una estrategia para resolver esta negativa situación. Sin inversiones ni empresas no hay empleo y ello produce falta de población que termina con la desaparición de servicios. Aragón es la segunda región con mayor caída de nacimientos y ocho de cada diez municipios de la Comunidad han perdido población en los últimos años.

En cuanto a nuestro PIB (la cifra que sintetiza la actividad económica de un territorio), viene a ser el 3,2% del de España. Sin mencionar la organización política y antes de insistir sobre los problemas y demandas, me permito recordar que Aragón tiene desde 1989 un himno elaborado por los poetas aragoneses Ildefonso Manuel Gil, Ángel Guinda, Rosendo Tello y Manuel Vilas, y que en su letra destacan valores como libertad, justicia, razón, tierra abierta…

Pero volviendo a nuestros días, el Gobierno de Rajoy recorta este año un 21% la inversión en Aragón, 92 millones de euros menos. Eso nos da una idea del peso político de nuestros diputados y senadores. Además, la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (Airef) avisa a la DGA de la pesada deuda, 7.486 millones, 556 millones más que en 2015.

Con esta situación, los aragoneses, que nos tenemos por nobles, amigos y generosos, debemos reaccionar y solventar los muchos problemas que padecemos. Ejemplo: mejorar los tiempos de la asistencia sanitaria pública, que es buena, pero hasta hace unas pocas semanas 15.000 aragoneses esperaban un mes para una ecografía y casi 7.000 para un TAC. Y nuestra sanidad dispone de cinco aceleradores lineales, cuatro en hospitales públicos y uno en la privada. Es posible que tras la reciente donación de Amancio Ortega, de 320 millones de euros para todas las comunidades, tengamos algún acelerador más.

En cuanto a la educación y a la investigación, siempre hay mucho que andar si no nos anclamos. Decía Marcel Proust: “A veces estamos demasiado dispuestos a creer que el presente es el único estado de las cosas”, por lo que debemos hacer una apuesta firme por una educación que represente un ejemplo de innovación. Necesitamos que los jóvenes estudiantes puedan sacar provecho de sus conocimientos, imaginación y curiosidad. El talento es la buena utilización de la inteligencia y esta se alimenta con estudio, esfuerzo y constancia. Que nuestros investigadores, con becas más generosas, no tengan que emigrar fuera en busca de trabajo. Ese talento que puede nacer en nuestras escuelas y universidades debe permanecer en Aragón, generando iniciativas de investigación, progreso y futuro.

Sobre las necesarias infraestructuras, es preciso reclamar sin desfallecer la autovía entre El Burgo y Fuentes de Ebro, el desdoblamiento de la N-232, la apertura del Canfranc, otras obras ralentizadas y mejoras en la línea ferroviaria Zaragoza-Teruel-Valencia, con trenes de mercancías más lentos que hace un siglo. Estas y otras son demandas que debemos plantear. Pero los aragoneses también pedimos a las instituciones cuestiones como que las Cortes de Aragón deje de ser, según Transparencia Internacional, el segundo parlamento más opaco de España. Tal vez culpa de nuestros políticos.

Ramón Anía Blecua es miembro de la agrupación socialista San Braulio y del Party of European Socialists.

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