Lo que demuestra el caso Depp vs Heard sobre la violencia doméstica

La audiencia global contempla fascinada el juicio que enfrenta a Johnny Depp, uno de los actores mas populares del mundo, y su bella esposa, Amber Heard. Ella escribió un artículo de opinión en el Washington Post en 2018 afirmando ser víctima de abuso doméstico y él la demandó. La batalla legal llegó a los tribunales de Virginia, Estados Unidos, y las vistas se transmiten en directo.

Más acostumbrados a relatos que ponen el acento en la violencia masculina, la intimidad de esa pareja nos abre un panorama de agresiones bidireccionales que nos sorprende. La misma Heard admite haber golpeado y amenazado. Incluso la terapeuta de la pareja ha insistido en que el abuso era por parte de ambos. ¿Cómo encaja esto en la llamada "violencia de género"?

El 21 de mayo del 2022, en la revista de pensamiento Quillette, una investigadora de doctorado en psicología en el Centro de Cultura y Evolución de la Universidad Brunel de Londres, Limor Gottlieb, se hacía este tipo de preguntas. Analizando el caso Heard/Depp, expresaba su frustración por el doble rasero con el que la sociedad aborda el tema del abuso doméstico, y se cuestionaba el origen patriarcal de toda agresión. ¿Se puede seguir sosteniendo la idea de que los hombres están socializados para dominar a las mujeres usando la violencia?

Aunque la diferencia de sexo en lesiones perjudica claramente a las mujeres, y en el extremo letal de la agresión hay más mujeres que hombres asesinados por sus parejas, la realidad es más compleja.

Desde los años setenta del siglo pasado, se acumulan estudios y metaanálisis (estudios de estudios) que muestran que en el ámbito doméstico hay también víctimas masculinas y agresoras femeninas.

Son trabajos que se basan en encuestas confidenciales y anónimas suministradas por investigadores a diferentes grupos de la población, lo que incluye a estudiantes, muestras clínicas y de comunidad, precisamente en un intento de paliar los sesgos de los datos sobre abusos procedentes exclusivamente de registros policiales y hospitalarios que, según los expertos, tienden a subestimar la victimización masculina. Y el resultado es que las mujeres ejercen la violencia física contra sus parejas masculinas en una proporción similar a los hombres y que éstos no están libres de agresiones severas.

En mi época de eurodiputada, en el Parlamento Europeo organizamos un evento con el atrevidísimo rótulo "Intimate Partner Violence against Men". Participó en él la joven investigadora española Marta Iglesias Julios, experta en agresión femenina (además de ser la primera autora española en publicar un excelente artículo en Quillette) y también Joaquim Soares, profesor emérito de la Universidad Mid Sweden, y Nicola Graham-Kevan, psicóloga forense de la Universidad Central Lancashire, del Reino Unido.

Estos últimos presentaron un trabajo de evaluación de 153 estudios sobre víctimas de 54 países y 151 estudios de 44 países sobre perpetradores (tanto hombres como mujeres) que mostraban sólo pequeñas diferencias de sexo en el promedio de perpetración y victimización relacionada con la violencia de pareja. En conjunto, los tres ponentes estuvieron de acuerdo en que las mujeres en relaciones heterosexuales tienden a perpetrar violencia contra sus parejas íntimas al menos con la misma frecuencia que los hombres.

Las conclusiones de aquel acto fueron muy parecidas a las que presenta Gottlieb en Quillette. Según nos dice en su artículo, uno de cada siete hombres en los Estados Unidos ha sido víctima de abuso físico por parte de una pareja íntima en su vida, y uno de cada 10 hombres ha experimentado violación, violencia física y acoso por parte de una pareja íntima. Y datos recientes de la Oficina de Estadísticas Nacionales señalan que, de cada tres casos de violencia de pareja íntima informados en el Reino Unido, dos víctimas son mujeres y una es hombre.

Estos números pueden incluso estar muy subestimados, considerando que las víctimas masculinas tienen menos probabilidades de ver el abuso como un delito y, por lo general, no lo denuncian a sus amigos o a la policía. Además, son tratados con sospecha o incredulidad y tienen dificultades para encontrar ayuda pública porque los servicios o refugios para abuso doméstico se enfocan principalmente a las víctimas femeninas.

Efectivamente, ignoramos a las víctimas masculinas y las disuadimos de denunciar incluso cuando, además de las lesiones físicas, también sufren consecuencias psicológicas como síntomas de estrés postraumático.

Por eso es vital ofrecer, como nos pide Gottlieb, una perspectiva neutral desde la psicología que esté arraigada en la evidencia empírica y no en la ideología de género. Y lo es porque, según la doctoranda, se trata de una cuestión ni más ni menos que de "salud pública".

En El abuso doméstico es un tema de salud pública, artículo que publicamos en El Mundo el 11 de diciembre del 2018 como reflexión sobre el evento en Bruselas, declaramos que la violencia de pareja es un problema mundial de salud pública, de derechos humanos y de justicia.

El caso Heard/Depp nos puede abrir los ojos ante la complejidad de una violencia doméstica que nos reclama abandonar la lente del patriarcado y dejar de minimizar, o de ignorar por completo, la bidireccionalidad y los factores biológicos y psicológicos asociados a esa violencia.

Teresa Giménez Barbat es escritora y exeurodiputada.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.