Lo que nos faltaba

Si no eran suficientes los episodios extraeconómicos, fundamentalmente políticos, que amenazaban el crecimiento mundial, la victoria de Donald Trump añade uno de consecuencias difíciles de concretar ahora, pero potencialmente adversas. Si el nuevo presidente de EE UU, reforzado por esas mayorías republicanas en ambas cámaras, cumple parte de los compromisos que avanzó durante la campaña electoral, se elevarán las probabilidades de frenazo en la recuperación de la economía mundial y las tensiones en las relaciones comerciales internacionales. También limitará la capacidad de actuación de su banco central, a cuya presidenta amenazó con destituir si ganaba las elecciones.

La inmediata reacción de los mercados financieros, asumidas las cautelas que su historial espasmódico aconseja, han sido suficientemente expresivas de esos riesgos. Los desplomes en las cotizaciones de las acciones han estado acompañadas de una depreciación importante en el tipo de cambio de las monedas de aquellas economías más expuestas a las políticas proteccionistas anunciadas por el nuevo presidente, especialmente el peso mexicano. La caída en el precio del petróleo refleja esas posibilidades de menor crecimiento económico, y el ascenso en el precio del oro, incluso del bitcoin, se ha beneficiado de la huida a los refugios de los inversores hasta que se aclare si esas promesas acabarán cumpliéndose.

La economía estadounidense ha sido con diferencia la que mejor se ha recuperado de la crisis que allí tuvo su epicentro hace nueve años. El pasado trimestre crecía a una tasa interanual cercana al 3%, con el paro por debajo del 5% y los salarios creciendo al 2,5%. Pero esa senda puede interrumpirse si la inversión se paraliza o instituciones como la Reserva Federal, intensamente atacada durante la campaña electoral, no encuentran la estabilidad y autonomía necesarias. Las posibilidades de inversión pública con la que responder a caídas en el crecimiento no van a encontrar en el nuevo presidente, ni en sus correligionarios, los apoyos necesarios.

De los anuncios que formuló Trump durante la campaña electoral, el más inquietante desde una perspectiva global son las amenazas sobre las relaciones comerciales internacionales. La retórica proteccionista también la usó en cierta medida la candidata demócrata, pero fue el republicano quien avanzó que denunciaría el tratado comercial NAFTA, amenazó con excluir a México de la Organización Mundial de Comercio, con deportar a los inmigrantes indocumentados y llegó a concretar la posibilidad de elevar aranceles sobre las importaciones mexicanas del 35% o sobre las chinas del 45%. Desde 1928 no se habían pronunciado en EE UU amenazas tan explícitas contra el libre comercio. Herbert Hoover acabó imponiendo en el Congreso leyes que gravaban las importaciones de bienes que no hicieron sino generar reacciones igualmente proteccionistas en otras naciones que agravaron la Gran Depresión. Dado el grado de apertura de las economías esos costes derivados de la extensión del proteccionismo impactarían en mucha mayor medida sobre el crecimiento y la prosperidad de todos.

La fragilidad de la Unión Europea en este nuevo escenario aumenta de forma significativa. Se añade a los problemas también singulares y de compleja gestión derivados del Brexit, a los futuros desenlaces electorales en Francia, Alemania y Holanda, donde no faltan fuerzas políticas en ascenso con planteamientos convergentes con esas amenazas a la globalización instaladas en la Casa Blanca. La rapidez con que la señora Le Pen, manifiestamente insatisfecha con la presencia de su país en el euro, ha felicitado a Trump no es la mejor señal de fortalecimiento de la estabilidad en la eurozona.

Me temo que la conclusión de cualquier comentario en estos momentos pasa por esos ejercicios de voluntarismo como es la esperanza de que el nuevo presidente no aplique toda la agenda que desplegó para convencer a sus electores. De lo contrario, las probabilidades de una nueva recesión en la economía global son ahora significativamente superiores a las que hace unas semanas avanzaba el propio Fondo Monetario Internacional, cuando apenas insinuaba entre los factores globales de riesgo esta nueva gobernación en la principal economía del mundo. La eurozona tiene una razón adicional para preparar políticas fiscales con las que compensar este obstáculo añadido a su débil recuperación.

Emilio Ontiveros es presidente de Analista Financieros Internacionales (AFI).

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