¿Lo sabemos todo del 11-M?

Este es mi recuerdo de los acontecimientos que tuvieron lugar entre el 11 y el 15 de marzo de 2004, hace ya 18 años. Madrid quedó asolada por el mayor atentado terrorista de nuestra historia. El ataque dejó 192 muertos y más de mil heridos en las calles de la capital de España.

Todavía hoy, muchas personas no creen la versión oficial. Es decir, que Al Qaeda y una de sus franquicias marroquíes fueron los responsables de la masacre.

El efecto inmediato del atentado, aparte de la devastación humana, fue la caída del Gobierno del Partido Popular, que todavía presidía un José María Aznar al que iba a suceder probablemente, según todos los sondeos, Mariano Rajoy.

El desprecio de José Luis Rodríguez Zapatero, con esa Z sonora y tan de moda estos días, hacia los valores y los compromisos occidentales se hicieron patentes desde que tomó las riendas del PSOE.

Primero fue el desprecio a la bandera de los Estados Unidos, cuando Zapatero se negó a levantarse a su paso durante el desfile conmemorativo del 12 de octubre. Después, su persistente No a la guerra y la salida precipitada de nuestras fuerzas en Irak, incumpliendo los compromisos adquiridos por España. Por último, su alineamiento con los gobiernos populistas que iban creciendo como setas venenosas a lo largo y ancho de Hispanoamérica.

Pero la pregunta clave sobre la conspiración terrorista es ¿por qué Aznar mintió?

¿Quizá porque, viéndose superado por las circunstancias, no supo enderezar su discurso ante la tozudez de los acontecimientos?

Yo me inclino (o quiero inclinarme) por esta segunda opción. Más leve, aunque igual de perniciosa.

En un primer momento todo apuntaba a ETA. Pero a las 10:30 de la mañana ya se sabía que ellos no habían sido los autores del atentado.

A primera hora, sin embargo, incluso el PNV apuntaba en la dirección etarra. Tanto fue así que hasta el PSOE estaba dispuesto a que, reunidos los partidos constitucionalistas e incluso los nacionalistas, se ofreciera a la opinión pública una declaración conjunta.

¿Por qué no se hizo? Creo que quien lo sabe todavía no ha dado una explicación convincente.

Enseguida Alfredo Pérez Rubalcaba tuvo noticia de que ETA no había tenido nada que ver con el atentado y de que su autor había sido un grupo islamista radical.

Y entonces comenzó el juego de los despropósitos. Con Aznar y su equipo ministerial enrocados en su versión original, el PSOE, consciente del rédito electoral que podía suponerle la absurda posición del líder del PP, dijo que el PP mentía y que había que echarlos del gobierno. Incluso convocó, a dos días de las elecciones, una manifestación multitudinaria ante la sede del PP que tuvo un enorme éxito.

La indignación por la versión que seguía dando el Gobierno era creciente, pues ya se conocía con certeza por lo menos el nombre de uno de los autores del atentado, que fue detenido inmediatamente. Era el marroquí Jamal Zougam, al que delataba la tarjeta de su móvil conectada a una de las bombas que no habían explotado.

Aunque el anuncio de la detención llegó por boca del propio ministro del Interior, ya daba igual. El Gobierno del PP "mentía" y "no se merecía seguir gozando de la confianza de los españoles".

El PP perdió las elecciones por una diferencia de dieciséis escaños. El PSOE obtuvo 164 diputados y el PP, 148.

Zapatero, un desconocido sin ninguna experiencia de gobierno, había sido elegido en julio de 2000 secretario general del PSOE por nueve votos de diferencia frente a José Bono. Le recuerdo una tarde en el Congreso. Zapatero se acercó a decirle algo a Alfonso Guerra, que paseaba conmigo, y este le hizo un gesto con la mano para que esperase.

En la VI Legislatura (1996-2000), en la que fui diputado, su presencia pasó completamente desapercibida. Los curiosos y enterados sabíamos que había creado una corriente política en el PSOE llamada Nueva Vía.

Nueva Vía se alineaba con la alemana Neus Mitte, creada por el canciller Gerhard Schröder, hoy patético paladín del entendimiento con Vladímir Putin. Otra casualidad.

De casualidad en casualidad, con puntos oscuros que no han sido o no han podido ser desvelados, y con varios autores materiales e intelectuales del atentado todavía no localizados o fallecidos antes del juicio, lo único cierto es lo que dicen las sentencias condenatorias de la Audiencia Nacional y del Tribunal Supremo. Sentencias que atribuyeron los atentados a Al Qaeda y su franquicia marroquí, el Grupo Islámico Combatiente Marroquí.

A partir de ahí, todo son suposiciones. Muchas veces contradictorias.

Tenemos la memoria y tenemos la historia. Esta es mi memoria. La historia se nutre no sólo de memoria, sino también de documentos, de literatura, de informes, de imágenes y de cualquier otro elemento que nos ayude a comprender el pasado. Incluso el más reciente.

Pero yo creo que memoria e historia no son lo mismo. La memoria sólo es uno de los elementos que sirven para narrar la historia. Las memorias colectivas han sido muchas veces falseadas o engañadas.

El estudio de la historia de los atentados del 11-M quizá esclarezca algún día la verdad al completo.

Jorge Trias Sagnier es abogado y escritor. Fue diputado del PP entre 1996 y 2000.

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