Locura política ‘madurista’

La fiscal general venezolana, Luisa Ortega Diaz, durante una rueda de prensa en Caracas. Miguel Gutiérrez (EFE)

El esfuerzo por declarar loca a la fiscal venezolana, Luisa Ortega, hunde sus raíces en el más profundo totalitarismo del comunismo estalinista. Desde la época de Josef Stalin, el régimen soviético adquirió la perversa manía de psiquiatrizar a sus oponentes políticos, etiquetándolos como esquizofrénicos.

Los psiquiatras soviéticos ampliaron al absurdo la noción de esquizofrenia, equiparándola a cualquier desviación de una supuesta normalidad, creando así infinitas posibilidades de abusos en la práctica psiquiátrica que llevaron a la creación de una psiquiatría punitiva, defensora de la anormalidad dictatorial.

Derrumbado el poder de Stalin, sus sucesores continuaron sus perversas prácticas para demostrar al mundo que era imposible la existencia de la disidencia en el paraíso socialista, estigmatizando toda oposición bajo la etiqueta de la enfermedad mental.

Encerrar en sanatorios tenía un menor costo político que fusilar a sus oponentes, tras someterlos a remedos de juicios como los procesos de Moscú de 1937. Bolcheviques destacados como Lev Kamenev y Grigori Zinoviev, cercano colaborador de Lenin, fueron condenados y fusilados sin el debido proceso.

El fiscal acusador, Andrei Vyshinski, creó luego prisiones psiquiátricas, disfrazadas de hospitales. El costo político de exterminar a los propios compañeros de la lucha no podía seguir siendo asumido de manera tan burda. La psiquiatrización punitiva de los oponentes continuó en décadas siguientes, recurriendo al recurso de hospitalizarlos, pretendían evitar las acusaciones de encarcelamiento por motivos políticos.

Por otra parte, si el socialismo encarna la felicidad perpetua y la desaparición de todas las contradicciones, la disconformidad era inexplicable e inaceptable, solo un loco podría oponerse a la armonía universal del comunismo.

Los émulos venezolanos del sovietismo, ahora bajo bandera del socialismo del siglo XXI, han tomado el camino de los represores soviéticos y cubanos. Luisa Ortega, chavista convencida, ha cuestionado la absorción de poderes legislativos por parte del Tribunal Constitucional madurista, se ha pronunciado en contra del esperpento de constituyente que se quiere convocar y ha denunciado las masacres de la guardia bolivariana. El Gobierno ha reaccionado en contra de la fiscal y han pedido un dictamen para declarar a Ortega demente.

Los represores venezolanos lograron encarcelar al líder opositor Leopoldo Lopez, acusándolo de delitos comunes. Ante Luisa Ortega, chavista de cepa, la situación es diferente. ¿Cómo explicar la desviación del credo de la patria grande? ¿Cómo explicar la anomalía al interior del discurso redentor?

La etiqueta psiquiátrica soviética tropicalizada prometía una salida, en vez de enfrentar la patología sistémica del socialismo del siglo XXI, se inventaron una enfermedad mental individual, tratando de despolitizar el problema de un régimen fallido que solo ve en la dictadura la salida a su locura política.

Hace varias décadas este recurso todavía funcionaba, pero después de la caída de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y las denuncias universales contra la psiquiatría represiva, esta manipulación no se sostiene más

Constantino Urcuyo, politólogo.

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