Lomce: la reforma que se queda a medias

Hace unos días el presidente del Gobierno dijo que el ministro Wert había cumplido el programa electoral del PP con la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (Lomce). Basta revisar el citado programa para observar que estas declaraciones no se ajustan a la realidad. El programa sobre Educación no universitaria es escueto (14 medidas, más bien genéricas) y pocas concreciones, pero sí contiene una: «El Bachillerato constará de tres cursos, de los cuales el primero tendrá carácter de iniciación». Esta propuesta fue reiterada por el presidente en su investidura: «Promoveremos un Bachillerato de tres años, con el objetivo de mejorar la preparación de los futuros universitarios y elevar el nivel cultural medio de España».

La Lomce no cumple con esta propuesta electoral estrella del programa educativo del PP. Un Bachillerato de tres años es una necesidad del sistema educativo español, ya que el actual modelo de dos años es una anomalía en Europa. Prácticamente el 90% de los estudiantes europeos cursan un Bachillerato de tres o más años.

La Lomce se ha quedado en un quiero y no puedo, intentando una tímida aproximación a la propuesta electoral con un invento: establecer dos vías para el 4º de la ESO: una orientada al Bachillerato y otra a la FP. Podría ser un acercamiento al Bachillerato de tres años, pero no lo es porque en la vía pre Bachillerato las materias elegidas por el alumno no están vinculadas con la modalidad del Bachillerato posterior. Es decir, un alumno puede estudiar Biología y seguir el Bachillerato Humanístico o cursar Latín y seguir el Científico. Si las materias de vía estuvieran ligadas formalmente a la modalidad de Bachillerato podríamos estar hablando de un modelo que se aproxima al prometido en las elecciones.

Las dos vías de 4º de la ESO rompen parcialmente la dur a comprensividad del sistema heredado de la LOGSE y que tanto defienden los fundamentalistas del logsismo. Introducir itinerarios a los 15 años es algo habitual en la mayoría de sistemas: Francia, Italia y Alemania –por citar tres ejemplos– establecen iti– nerarios diferenciados a los 15 años e incluso antes.

El establecimiento de pruebas externas al final de la ESO y Bachillerato es otra gran novedad de la Lomce y, en mi opinión, positiva. Los países antes citados y muchos otros tienen pruebas externas, las mal llamadas «reválidas» que existían en España desde principios del siglo XX y fueron eliminadas por el franquismo para ser sustituidas por la selectividad, elemento del sistema educativo de la dictadura cuya continuidad reclaman los enemigos de las pruebas externas. También es un elemento positivo de la Lomce la Formación Profesional Básica, que da una salida más digna y eficaz a los alumnos que no pueden terminar la ESO. Sustituyen a los actuales programas de cualificación profesional inicial que han tenido más bien poca aceptación.

Es una lástima que la Lomce no se hubiera centrado en lo esencial: reformar a fondo la enseñanza secundaria y el Bachillerato justo en la línea del programa electoral, junto con alguna corrección puntual de la vigente LOE. Pero la ley se mete en vericuetos complicados que, unos por innecesarios y otros por inoportunos, impiden destacar sus aspectos positivos.

La organización curricular en materias troncales, específicas y de libre configuración autonómica es un ejemplo de algo inoportuno que rompe el actual reparto competencial en el diseño del currículo (por cierto nada desfavorable a las competencias del Estado) y que era aceptado por las autonomías. ¿Por qué introducir un elemento de discordia tan importante? En la definición del currículo ha quedado como no obligatoria la Historia de la Filosofía en el Bachillerato, así como la Educación Artística, la Tecnología y la Música en la ESO. Sobre estas últimas, no hubiera costado nada introducirlas como obligatorias al menos en un curso. También es un error concretar las materias de cada curso. Si en el futuro se opta por cambiar una materia de curso habrá que recurrir a una ley orgánica para hacerlo.

Los sistemas educativos con itinerarios tempranos suelen tener pasarelas que permiten segundas oportunidades, algo clave para reducir el abandono escolar temprano, que es de un 26% en España. Pues bien, la Lomce, aunque considera un objetivo luchar contra este abandono, parece luego olvidarse: se permite a quienes han superado la FP Básica el acceso directo a los ciclos formativos de grado medio (un acierto, pero pone trabas a quienes están cursando el Bachillerato y optan por pasarse a la FP.

Sobre el profesorado, la ley se limita a reconocerlo como autoridad pública, algo positivo pero insuficiente. La participación del profesorado en la gestión del centro, importante para que se sienta más motivado, queda disminuida por el refuerzo a las competencias de las direcciones en detrimento de los consejos escolares y claustros. Por ejemplo, se le da al director la capacidad de aprobar la programación general del centro, competencia que debería ser del claustro. La ley parece imbuida por el tópico de que a más poder del director más calidad, lo cual no se confirma con los datos empíricos, amén de confundir profesionalidad con más poder.

La ley hubiera sido un momento adecuado –por ejemplo, en una disposición final– para lanzar al profesorado alguna esperanza de reconversión de las duras medidas de ajuste tomadas en abril de 2011 y establecer un calendario para la reducción de horas lectivas, cobertura de sustituciones y reducciones horarias a los mayores de 55 años. Falta también una disposición que obligue a las comunidades autónomas a desarrollar la carrera docente, convocando periódicamente concursos para el acceso a cuerpos de nivel superior.

El sistema de selección de directores es otro de los grandes errores de la ley. En el marco de la legislación actual (LOE) los futuros directores son seleccionados por una comisión formada de manera equilibrada por representantes del claustro, consejo escolar y Administración. La Lomce rompe este equilibrio favoreciendo a la Administración convocante, que puede designar más de la mitad de los miembros de la comisión. En la práctica, esta medida puede sustituir un sistema de selección por otro de nombramiento encubierto del candidato más afín a la Administración, o al partido que la controle en ese momento.

La Lomce abre de par en par las puertas a la politización de las direcciones. Hubiera sido más acorde con el programa electoral profesionalizar más el sistema de selección, por ejemplo propiciando que los menores de edad no pudieran formar parte de las comisiones de selección. En ningún punto del programa del PP se alude a cambiar el sistema de selección.

Contiene la ley otros elementos cuya valoración deberá esperar a su concreción práctica. La existencia de centros de especialización curricular (inspirados en una experiencia del sistema inglés) o las acciones de calidad pueden ser acicates dentro del sistema si no terminan en más burocracia, ya hoy excesiva. Sobre el controvertido tema de la Religión, garantizada por el artículo 27.3 de la Constitución y objeto de un debate demasiado politizado, sugiero al lector el estudio La enseñanza de la religión ¿es posible un debate serio? en la web de ANCABA (www.ancaba.net).

El sistema educativo español debe cambiar. El modelo LOGSE ha sido un fracaso. Según datos de la OCDE, el índice de calidad del sistema español es de 44 puntos sobre una media de 100. Finlandia tiene un índice de 215. Francia tiene un índice de 125, 81 puntos superior al español y con un 12% de abandono prematuro (la mitad del español). El modelo francés –parecido al propuesto por la asociación de catedráticos desde hace años– funciona bien con tres cursos de ESO y tres de Bachillerato que empieza a los 15 años. Ya que la Lomce se ha quedado en una reforma a medias, por debajo de muchas expectativas, veremos en qué medida mejora la calidad de la educación.

Felipe José de Vicente es presidente de la Asociación Nacional de Catedráticos de Instituto (ANCABA).

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