Londres: Detrás de la línea de los infieles

El Dr. Walid Phares es un experto en terrorismo, fundamentalismo islámico y movimientos yihadistas. Es miembro decano de la Fundación de la Defensa de las Democracias (GEES, 30/07/05).

“Tenemos que esperar a ver si estos incidentes están relacionados con el terrorismo”. Cuando escuché esta frase pronunciada en los medios citando a funcionarios de Gran Bretaña tras las explosiones del jueves en el metro de Londres, pensé: Los instintos occidentales aún están adormecidos aunque el avance de la movilización popular está claro.

Ayer en la mañana, en distintos programas radiales, comparé la actual lógica legalista de la guerra contra el terror con las extrañas declaraciones que los británicos nunca habrían hecho en los tiempos del Blitz (bombardeo alemán de Londres en 1940-1941). Sólo imaginemos que tras cada oleada de bombarderos nazis, los funcionarios de la ciudad hubieran advertido a los medios para que no sacasen conclusiones rápidas, diciendo: ¡Es que no sabemos si eran bombas o explosiones de gas! O: ¡Llamémosles bombarderos, pero no nazis, antes de que realmente veamos las esvásticas en un tribunal!

En pocas palabras, incluso si vemos que la gente común y corriente cada día sabe más sobre la naturaleza del terrorismo, la élite va todavía a la cola en el conflicto con el yihadismo. En realidad o estamos en guerra o no lo estamos. Uno no necesita siete horas tras la segunda oleada de ataques yihadistas en Londres para “atreverse” a describirla como “de índole terrorista”. ¿Qué otra cosa podría ser?

Mientras Occidente luchaba con esta “crisis” de definición, los principales comentaristas del mundo árabe ya estaban averiguando qué grupo jihadista era responsable, por supuesto a la vez que culpaban de los atentados a Gran Bretaña y a Estados Unidos.

Irónicamente, hay una zona horaria mental entre Londres y el Mediterráneo del Este. Por la mañana, las salas de chat y los cibercafés salafíes ya estaban celebrando la segunda “ghazwa” (incursión) en Londres. Sin importar las muertes, los yihadistas celebraban la “penetración” del sistema británico: “Lan yanjahu fi darb el mujahideen” (No lograrán golpear a los mujaidines, sic) se despachaba un chatero.

Esto era muy indicativo de la ecuación: Las llamadas “personas que colocan bombas”, en su fracaso de provocar una masacre, quisieron anotarse un punto:Demostrar que están a la ofensiva. Mientras tanto, sus infieles enemigos estaban ocupados con la reconstrucción de las evidencias.

Claro que esas investigaciones son obligatorias y normalmente llevan al descubrimiento de información imprescindible sobre nuestros enemigos islamistas, pero educar al público en la psicología del odio yihadista es igual de importante. Lamentablemente, el nivel de análisis en el Reino Unido es inferior al de Occidente.

En lugar de pensar estratégicamente y usar el valioso tiempo de todos investigando en realidad a ver cómo los yihadistas se han infiltrado y penetrado en Occidente incluyendo el Reino Unido, el 80% del tiempo nos la pasamos, tanto en los medios escritos como hablados, tratándolo como sensacionalismo a cámara lenta.

Claro que es importante averiguar si el último ataque es una “imitación”, pero es más importante comprender el mensaje detrás de este terrorismo y que sean capaces de anticiparse a futuros atentados. Se deben dedicar mayores esfuerzos para evaluar los planes del enemigo, sus tácticas de reclutamiento más la amplitud y profundidad de sus redes en Gran Bretaña. Para decirlo sin rodeos, la seguridad nacional de Su Majestad tiene un importante problema.

Esto no es el resultado de la debilidad de los sistemas de seguridad del Reino Unido que se encuentran entre los mejores del mundo. El cáncer terrorista de Inglaterra es el resultado de anteriores decisiones políticas británicas en lo que concierne al fundamentalismo islámico.

Esto no es nada nuevo para los expertos en la yihad. Las puertas de la ‘Troya británica’ estaban abiertas de par en par para los ‘salafíes troyanos’. Durante años fue aplastante ver la entrada de cuadrillas yihadistas, material doctrinal y la libertad de reclutamiento. Por supuesto, Bakri y al Masri, los líderes islamistas con base británica, no autorizaron “ghazwas” previas o atentados terroristas.

Durante más de una década, Al Muhajirun, los diversos grupos ansar (ayudantes) y los aprendices de Afganistán vagaron por el país de Ricardo Corazón de León sin supervisión ni contención. Era claro que habría un enfrentamiento en algun momento. Y los recientes intentos de Gran Bretaña por ponerse al día con su propia seguridad nacional hicieron que el gobierno por fin tomara medidas duras contra el enemigo en casa. Y éso a su vez fue lo que incitó a actuar a las células.

Sin embargo, una revisión exhaustiva de las estrategias yihadistas globales nos revela otro próposito predominante de la confrontación. Al Qaeda y los mandos salafíes internacionales tenían en la mira a Gran Bretaña incluso antes de que Londres tuviese en la mira a Al Muhajirun y compañía a comienzos del 2005.

Es más probable, según mi análisis, que los yihadistas abrieran fuego contra el gobierno de Tony Blair antes de que ordenase las medidas represivas contra las redes de Londonistán. Para los islamistas radicales y sus aliados estaba muy claro que el aliado más preciado de Estados Unidos en la guerra global contra el terror es el Reino Unido.

En Marzo de 2004, Al Qaeda se deshizo de un aliado de Washington: El gobierno del Presidente Aznar. En los días posteriores a esa “victoria yihadista”, la retórica salafista y wahabista – en Al Yazira y en muchos chats — se centró en lo que llamaron entonces el siguiente capítulo, que es intentar desestabilizar el gobierno de Blair.

La principal discusión en ese momento era la inevitable ofensiva contra Gran Bretaña. Pero dado que “los intereses yihadistas” dentro de la ciudad eran grandes, los planificadores yihadistas confiaron en la creciente oposición nacional a la guerra. Al Qaeda pronosticó una posible derrota de Blair en sus elecciones después de la derrota de Bush en sus propias elecciones: una especie de efecto dominó a través del Atlántico.

Pero ésto no ocurrió, más bien Bush, Blair y hasta Howard de Australia fueron reelegidos. Lo que es peor, tuvo lugar un realineamiento occidental (incluyendo a Washington y París) contra la ocupación del Líbano por Siria y las armas de Hezbolá, por no mencionar a Irán. Además, Gran Bretaña se enfrentó con sus propios islamistas al tiempo que Irak celebró elecciones exitosamente en Enero.

Por lo tanto, se tomó una decisión estratégica en las más altas esferas del yihadismo internacional: Una ofensiva total contra Gran Bretaña hasta que el gobierno Blair se vaya. Pero para los yihadistas no es cuestión de tener éxito todas las veces. Ésa no es la lógica de los yihadistas. Es cuestión de persistencia ideológica. Un terrorista suicida no sobrevive para ver el resultado. Y la credibilidad de los que toman las decisiones detrás de los atentados no pende de un hilo. Quieren romper el sistema de seguridad británico a cualquier precio. En sus mente, algunas operaciones tendrán éxito, otras no.

Este mes su objetivo era el sistema del metro y un par de autobuses; mañana se harán de otros lugares para la violencia. Como en Estados Unidos, la seguridad nacional británica debe salvar las diferencias con los terroristas.

Debería desarrollar una cultura de conocimiento libre de tabúes. Las autoridades británicas tienen que nombrar la ideología detrás de estos atentados para que la gente pueda aguzar sus instintos. No se trata sólo de “personas que colocan bombas” que casualmente matan a inocentes civiles en fechas concretas. En realidad son terroristas yihadistas con una visión del mundo y las miras puestas contra el Reino Unido y otras democracias.

Investigar la índole de los explosivos es un proceso normal, pero poner al descubierto la ideología letal y sus ramificaciones en la sociedad está en el núcleo de la batalla. Las relativamente buenas noticias son que el Primer Ministro británico y el Presidente de Estados Unidos, increíblemente, van por ese camino.

Muy lentamente, quizá más lentamente que lo que exigen las necesidades estratégicas, pero por fin ambos líderes han pasado de llamar al enemigo “terrorismo” para sólo identificarlo como “una ideología del mal”. En Washington y Londres, los políticos están pronunciando las palabras “ideología asesina”. Y por estándares históricos, es un salto importante. Lo que sigue a continuación es aclarar la naturaleza de esta ideología.

Sólo entonces comenzaremos a entender las intenciones de los terroristas en Gran Bretaña y en el resto del mundo libre. Sólo entonces seremos capaces de entender que cada “operación” es parte de la constelación global del yihadismo. El 7-J de Londres, el 11-S de Nueva York y el 11-M de Madrid, son todos ataques “detrás de la línea de los infieles”.

Cuando comencemos a pensar usando la lógica yihadista, no sólo comprenderemos los objetivos finales de estos actos terroristas, exitosos o no; puede que hasta comencemos a pronosticar su trayectoria y finalmente los evitemos.