Los árabes israelíes y el ejército

En la lucha por obligar a los jóvenes judíos ultraortodoxos a hacer el servicio militar o civil en Israel –lucha que surgió a raíz de las protestas sociales del pasado verano y que ya están preocupando mucho a los partidos políticos–, ha empezado a plantearse últimamente qué hacer en el caso de los árabes israelíes, también exentos del servicio militar o civil obligatorio que establece la ley israelí. Resulta además curioso que haya sido un partido nacionalista y laico como el del derechista Avigdor Lieberman el que haya exigido con firmeza que tanto los judíos ultraortodoxos como los árabes israelíes carguen también con esa obligación con el ejército del país.

Nada más crearse el Estado de Israel en 1948, los árabes israelíes obtuvieron la nacionalidad israelí y ya en el primer Parlamento surgido de las primeras elecciones había diputados árabes en representación de sus comunidades. Sin embargo, esa igualdad formal no ha supuesto todavía una auténtica igualdad en los ámbitos de la economía, el empleo, etcétera. Aún queda bastante camino hasta llegar a un grado de igualdad razonable.

A los árabes israelíes nunca se les obligó a hacer el servicio militar por dos motivos. El primero era el deseo de no enfrentarlos en el campo de batalla con sus hermanos palestinos del otro lado de la frontera ni con los soldados de otros países árabes. Y el segundo motivo era la falta de confianza en su lealtad al Estado de Israel, y se temía que las armas que se les dieran pudieran ser usadas, en momentos de crisis, en contra del propio Estado que se las había proporcionado.

Ahora, casi sesenta y cinco años después, todavía sigue vigente el primer motivo. Y el Estado israelí se ha cuidado mucho de evitar enfrentar a los árabes israelíes con los palestinos de Cisjordania, aún bajo ocupación militar, o con los palestinos de Gaza, en lucha con Israel. En cambio, en relación con la lealtad de los árabes israelíes, me parece que todos estos años demuestran con claridad su lealtad de facto con el Estado de mayoría judía en el que viven, y eso a pesar de sus duras críticas hacia la política de ese Estado.

Además, cada vez es mayor la integración de los árabes israelíes en el sistema judicial, sanitario y administrativo de Israel, aunque aún no con el ritmo adecuado. Con todo, constituye un bonito símbolo que el presidente del tribunal que condenó a un expresidente de Israel a siete años de cárcel fuera un juez árabe israelí.

Por todo ello, creo que habría que considerar si no convendría eliminar esa exención general del ejército para los árabes israelíes y pensar en la posibilidad de que fuesen al ejército con funciones especiales, sobre todo destinadas al servicio público. Las razones para hacerlo son varias: 1. La realización del servicio militar o civil es muy valorada en Israel; por tanto, hacerlo supondría para los árabes un impulso para lograr una mayor igualdad social y laboral.

2. Los jóvenes árabes que hicieran ese servicio recibirían los muchos beneficios y derechos que se otorgan a los soldados después de cumplir con el ejército, beneficios en relación con la vivienda, el mercado de trabajo o la posibilidad de realizar estudios superiores. Todo ello mejoraría el estatus de la minoría árabe, que además podría reforzar su papel en la sociedad y deslegitimar así los nuevos brotes racistas.

3. Durante la segunda guerra de Líbano, las aldeas árabes recibieron una lluvia de cohetes del grupo Hizbulah. Por tanto, no hay motivo para impedir a los árabes que participen en la defensa de su población. Como tampoco hay motivo para que no colaboren en defender la frontera sur de Israel y evitar así la entrada ilegal de emigrantes africanos, ya que estos después trabajan con salarios muy bajos, lo cual perjudica sobre todo a los trabajadores árabes israelíes.

4. Las comunidades árabes que viven en aldeas o ciudades mixtas como Haifa, San Juan de Acre, Yafo o Nazaret están muy necesitadas de prestaciones sociales. Y en estos casos los árabes israelíes podrían ser muy útiles en servicios públicos, en los ámbitos de la educación, la sanidad, extinción de incendios o vigilancia policial. Todo ello mejoraría notablemente la calidad de vida de la población árabe, que es peor que la del sector judío.

5. El servicio militar o civil para los árabes israelíes supondría un apoyo moral para Israel a la hora de imponer como obligatorio el servicio militar para los jóvenes judíos ultraortodoxos que ahora lo rehúyen.

Y, por último, conviene saber que al igual que ocurre con muchos ultraortodoxos también hay muchos árabes israelíes interesados en hacer un servicio militar o civil que elevaría su estatus social y los habilitaría para realizar otras profesiones. Esperemos que el Gobierno israelí no se deje llevar por cálculos de rentabilidad política y no dude en extender una obligación que supondría establecer un parámetro de igualdad en las cargas y deberes de los ciudadanos.

Abraham B. Yehoshua, escritor israelí, impulsor del movimiento Paz Ahora.

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