Los civiles y la ONU

Por Ignasi Carreras, director general de Intermón Oxfam (EL PAIS, 30/03/03):

Dos son los ejes básicos alrededor de los cuales se debe construir el Irak posbélico: la población civil y la ONU. Son, sin embargo, dos elementos que apenas cuentan en el presente escenario. Sobre el menosprecio dispensado a Naciones Unidas, antes y durante esta guerra injustificable, nunca se insistirá lo bastante. Por lo que se refiere a los ciudadanos iraquíes, las víctimas más inmediatas del conflicto, en demasiadas ocasiones están pasando al segundo plano de una actualidad sesgada por la propaganda de ambos bandos. Ya no es sólo el elevado número de muertos, heridos y refugiados que causará esta guerra. El problema añadido es que el país que surja del desastre lleva años soportando la opresión de Sadam Husein, el embargo de Occidente y los efectos del conflicto del Golfo en 1991 y del largo enfrentamiento con Irán en la década de los 80. Las bombas caen estos días sobre un país empobrecido, donde la mortalidad infantil es altísima y un 60% de la población depende para sobrevivir del ahora suspendido programa Petróleo por alimentos.

Después de la intensa labor de movilización (que no debe cesar) para parar esta guerra, el trabajo de las organizaciones humanitarias se centra en dar cobijo, alimentos, agua potable y atención médica a los damnificados. Las experiencias más recientes en el trabajo con las víctimas de un conflicto demuestran que las organizaciones civiles, bajo la dirección de Naciones Unidas, son las más eficientes y que la acción militar para labores humanitarias debe considerarse sólo como un último recurso. Cuando los soldados asumen estas funciones no sólo dificultan la imparcialidad de las agencias, sino que, además, se gasta más dinero. En 2001, por ejemplo, durante la guerra de Afganistán, mientras el Gobierno norteamericano pagó 7,5 dólares por cada kilo de comida lanzado desde el aire, el kilo de comida distribuido por el Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas salió por 20 centavos, 40 veces menos. A pesar de estas razones, el Gobierno español ha enviado un contingente al Golfo argumentando que ofrecerá ayuda humanitaria. En realidad, y al menos durante la fase bélica, su finalidad será el respaldo logístico y sanitario a las tropas norteamericanas y británicas. Mejor que mandar soldados y, por tanto, ratificar el apoyo político a la guerra, habría sido dar los recursos necesarios a la ONU para que ésta pueda coordinar y atender la respuesta humanitaria y las tareas de reconstrucción. Sin embargo, los países donantes no están dando la respuesta adecuada al llamamiento de Naciones Unidas. ACNUR, apenas ha recibido un tercio del dinero necesario para atender a los refugiados.

Todas las partes de la guerra tienen la responsabilidad de cumplir la legislación internacional humanitaria que establece el derecho de todas las personas a recibir ayuda humanitaria. Las fronteras deben estar abiertas para el paso de refugiados y debe evitarse que un gran número de civiles quede atrapado en las zonas de conflicto o que sean retenidos y utilizados como escudos humanos. Asimismo, estas normas prohíben las ofensivas indiscriminadas que no distinguen entre militares y civiles, los ataques a infraestructuras vitales para la población y el uso de bombas de racimo, armas químicas o biológicas. La vulneración del derecho internacional humanitario constituye un crimen de guerra procesable por el Tribunal Penal Internacional.

El futuro Irak se va a tener que levantar sobre cimientos muy débiles. La reconstrucción del país pasa por fortalecer a las organizaciones de la sociedad civil y por el liderazgo claro de Naciones Unidas. La ONU, tan menospreciada por Bush y sus aliados, debe recibir un mandato claro y creíble para desarrollar el papel protagonista que le corresponde en la reconciliación nacional y el restablecimiento de una administración civil transitoria. La experiencia de otros conflictos nos dice que un elemento fundamental para que la reconstrucción sea exitosa es la plena apropiación y participación en el proceso por parte de los iraquíes. Algo bien diferente de lo que se plantea desde las potencias occidentales beligerantes.

El filósofo y escritor Eugeni d’Ors decía que la guerra es la irrupción de la prehistoria en la historia. Esta guerra ilegítima con Irak es otro paso atrás en la historia de este mundo globalizado que emerge del siglo XXI. Como en todas las guerras, quien más va a sufrir sus consecuencias de este desastre es la población civil. Las ONG vamos a estar a su lado, con las movilizaciones por la paz y los programas humanitarios y de rehabilitación.

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