Los delirios militares de Oriente Próximo

Por Jeffrey D. Sachs, catedrático de Economía y director del Earth Institute de la Universidad de Columbia (EL PAÍS, 30/07/06):

La paradoja de la actual violencia en Israel, Gaza y Líbano es que la salida para el conflicto palestino-israelí no es difícil de ver. La gran mayoría de los israelíes y los palestinos se muestran partidarios de una solución de dos Estados que básicamente mantenga las fronteras anteriores a 1967. Los principales países árabes, incluso Egipto y Arabia Saudí, comparten dicha opinión. El problema no radica en ver el fin, sino en llegar a él, porque minorías poderosas y violentas de ambos bandos se oponen a la solución respaldada por la mayoría. Puede que hasta tres cuartas partes de los israelíes y de los palestinos estén ansiosas de paz y de acuerdo, mientras que una cuarta parte de cada bando -a menudo movida por un celo religioso extremo- desea una victoria total sobre el otro. Los palestinos radicales quieren destruir Israel, mientras que los israelíes radicales exigen el control de toda Cisjordania. Cuando la paz parece cercana, los extremistas de uno u otro bando provocan un estallido para desbaratarla, y hacen que los moderados parezcan débiles, ingenuos e idealistas.

En un entorno tan letal como éste, los detalles y el simbolismo de un posible acuerdo están abocados a adquirir una importancia enorme. Israelíes y palestinos estuvieron a punto de alcanzar un acuerdo de “tierra a cambio de paz” en el contexto del proceso de paz de Oslo. Ambos bandos respaldaron algo parecido a las fronteras anteriores a 1967, pero el acuerdo no llegó a alcanzarse, y cada parte acusó de intransigencia a la otra en uno u otro punto. Ese acuerdo puede alcanzarse ahora, pero sólo evitando el debate inútil sobre quién ha bloqueado la paz en el pasado. Una idea del teórico Tom Schelling, premio Nobel de Economía, resulta especialmente válida en este contexto. Schelling determinó la importancia práctica de establecer un “punto focal” de negociación como forma de que los negociadores a punto de alcanzar un acuerdo avancen. Las fronteras anteriores a 1967, ampliamente reconocidas y consagradas en numerosas resoluciones de Naciones Unidas, son un punto focal inevitable en el conflicto palestino-israelí. Ambos bandos deberían en principio aceptar las fronteras anteriores a 1967, y después intercambiar pequeños trozos de tierra y definiciones de control (sobe todo en lo tocante a Jerusalén) mediante desvíos ligeros y mutuamente convenientes de las fronteras de 1967.

La tragedia hoy en día es que nos estamos apartando de este posible acuerdo. Israel está con razón indignado por el secuestro de sus soldados a manos de insurrectos respaldados por Hamás en Gaza y por fuerzas de Hezbolá en el sur de Líbano, pero su respuesta masiva y desproporcionada le hace el juego a los extremistas. Y Estados Unidos tampoco está desempeñando una función estabilizadora. También está favoreciendo las intenciones de los extremistas al luchar contra el terrorismo con medios militares y no políticos. Al igual que la guerra en Irak fue una respuesta equivocada a la amenaza de Al Qaeda, la luz verde dada por el Gobierno de Bush a los ataques militares de Israel contra Gaza y Líbano no ofrece una solución real. Estados Unidos y otras partes poderosas ajenas al conflicto deberían estar presionando a ambos bandos para que acepten la solución del punto focal, en lugar de sentarse de brazos cruzados mientras la violencia se descontrola.

La ideología más poderosa del mundo actual es la autodeterminación. Mientras no haya un Estado palestino y un Irak libre de la ocupación estadounidense, los extremistas islámicos seguirán ganando adeptos. Las represalias militares inflarán aún más sus filas, y mientras no se solucionen los agravios políticos, la expansión de la democracia no cambiará esa ecuación, porque los extremistas ganarán en las urnas. En resumen, debería lucharse contra amenazas terroristas concretas mediante operaciones contraterroristas con blancos precisos, y los moderados deberían debilitar el extremismo con políticas de transigencia y no con los delirios de victoria militar, falsos y peligrosos.