Los desplazados o refugiados medioambientales, la nueva emergencia humanitaria de nuestros días

En 2013, Nueva Zelanda rechazaba la petición de asilo al ciudadano de Kiribati, Ioane Teitiota, ya que la circunstancia de asilado por “cambio climático” no estaba establecida en el ámbito de la Convención de Ginebra de 1951 y en su Protocolo de New York de 1967. La falta de reconocimiento dentro del ámbito de la Convención de Ginebra de 1951 de este nuevo tipo de refugiado provoca que, tras la Conferencia Nansen sobre “Cambio Climático y Desplazamiento en el siglo XXI” celebrada en Oslo en junio de 2011, Noruega y Suiza lanzasen la “Iniciativa Nansen” concebida como un proceso de consulta internacional que pudiese generar un consenso generalizado entre estados interesados en abordar la cuestión de los desplazamientos por razones medioambientales y del cambio climático. Aunque bien es verdad, que comienza a existir cierta praxis legal, respecto a esta cuestión, como en el caso de Argentina que permite a los desplazados por desastres naturales o medioambientales obtener un estatus especial migratorio de “residente transitorio” (Decreto 616, Reglamentación de la Ley de Migraciones Nº 25.871 y sus Modificatorias 2010), o en el ejemplo norteamericano donde se  admite legalmente un estatus de protección temporal garantizado a los desplazados medioambientales siempre y cuando se reconozca la incapacidad de protección del estado de origen  así como la imposibilidad de un retorno seguro (USA, Immigration and Nationality Act, 2002, Section 244), un ejemplo que está en la misma línea de actuación del estado sueco que reconoce a este tipo de refugiado a través de su legislación de inmigración (Sweden, Alien Act, Chap. 4, S. 2.3.), la situación presente  en la protección del refugiado medioambiental continúa siendo insuficiente.

Mapa de desplazamientos medioambientales 2013 [1]
Una realidad perentoria de la que hace dos décadas no se esgrimía ni el propio concepto de “refugiado o desplazado medioambiental”, aunque sí que al menos empezaban a integrarse las causas derivadas de desastres naturales, degradación y los primeros datos sobre cambio climático como aspectos a considerar en la compleja realidad de los desplazados. El propio Comisario Superior de la Organización de las Naciones Unidas para los Refugiados (UNCHR), en el documento sobre la Situación Mundial de los Refugiados de 1993, identificaba cuatro motivos  principales del flujo de refugiados: inestabilidad política, tensiones económicas, conflictos étnicos y la degradación ambiental. La afirmación de que la “degradación ambiental” era una de las causas radicales del flujo de refugiados fue inspirada por un número de artículos que sugerían una conexión entre la degradación ambiental y la mudanza de la población, así como un reconocimiento de que el número de personas desplazadas internacionalmente era mucho más elevado que el que indicaban las estadísticas sobre los flujos de refugiados.

Hoy en día, es un término muy común, ya que se refiere a las personas o pueblos que se han visto obligados a trasladarse desde su tierra natal, debido a problemas relacionados con el ambiente, como desastres naturales, huracanes o tsunamis, y también por otras razones de devastación como son la deforestación, desertificación, inundaciones, o sequías, con la consecuente falta de agua, alimentos y energía, y riesgo de enfermedades… entre otros.

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Figura 2

En el último informe “The Global Risks Report 2016”[2]  llevado por el Forum Económico Mundial, los riesgos derivados por el cambio climático se sitúan entre los primeros junto a la degradación medioambiental u otros factores significativos como la cada vez mayor urbanización de las sociedades que generan un cóctel de inseguridad humana en todas sociedades y que impactan de manera y forma muy diferente según el grado de vulnerabilidad y protección de las mismas. (Figura 2)

En 2011, más de un millón de personas se vieron obligadas a trasladarse  en Somalia a través de sus fronteras no solo motivados por los efectos del conflicto sino también por la prolongada sequía. Entre 2008 y 2014 un total de 184 millones de personas fueron desplazadas, de estas, cerca de 22,5 millones sus causas venían generadas por realidades climáticas, desastres naturales, terremotos, entre otros,  tal y como indica el Displacement Monitoring Center (IDMC).   La propia Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) prevé entre 200 y 250 millones de refugiados ambientales para 2050 [3]. Mientras que en el informe “Global Estimates 2015” del Norwegian Refugee Council [4] se señala que: “An average of 22 5 million people have been displaced each year by climate or weather-related disasters in the last seven years – equivalent to 62,000 people every day.”  Y a todo ello, hay que añadir 2015 eventos entre otros como el terremoto de Nepal que provocó alrededor de 2,6 millones de nuevos desplazados, las inundaciones del Andhra Pradesh y Tamil Nadu en la India con más de 1,8 millones de desplazados, el ciclón Komen que ocasionó 1,6 millones de desplazados en Maynmar o en su caso el tifón Chan-Hom que conllevó el desplazamiento de cerca de un millón de personas en China.

Los desastres, muchos de los cuales se ven exacerbados por el cambio climático -están aumentando en frecuencia e intensidad-, obstaculizan significativamente el progreso hacia el desarrollo sostenible. La información existente indica que, en todos los países, el grado de exposición de las personas y los bienes ha aumentado con más rapidez de lo que ha disminuido la vulnerabilidad, lo que ha generado nuevos riesgos y un incremento constante de las pérdidas relacionadas con los desastres, con un considerable impacto en los ámbitos económico, social, sanitario, cultural y ambiental a corto, medio y largo plazo, en especial a nivel local y comunitario.

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Figura 3

En la Figura 3 podemos observar como cada vez más, las causas no geofísicas tienen una mayor influencia en los nuevos refugiados medioambientales.[5]

La tipología de escenarios que se plantean respecto a la realidad de los refugiados medioambientales varían según su impacto, pero entre ellos cabe destacar:
1. El aumento de los desastres hidrometeorológicos.
2. Los planes de evacuación iniciados por los gobiernos.
3. La degradación medioambiental y los desastres de evolución lenta.
4. El riesgo de desaparición de los pequeños estados insulares.
5. El riesgo de conflicto por recursos esenciales.

Por tanto, se hace urgente que la comunidad internacional reconozca el estatus de refugiado medioambiental y se incluya este tipo de migración forzada dentro de los programas de actuación diseñados para los refugiados, junto a una perfecta conexión en el conocimiento de los datos sobre desastres naturales y cambio climático que permita una mejora adecuación en las políticas de protección de este nuevo tipo de refugiado y con especial atención al área de Asia-Pacífico. Una experiencia que resulta interesante es la llevada a cabo por el gobierno australiano que admite a los ciudadanos de las islas Kiribati, Samoa o Fiji participar en programas de integración en el tejido económico australiano de forma temporal como una forma de hacer frente a la difícil situación del cambio climático en sus países de origen y permitiendo que lleguen ingresos económicos, ya que el impacto negativo de los efectos del cambio climático está destruyendo poco a poco sus fuentes económicas.  No olvidemos que una cuarta parte de los estados de la comunidad internacional han recibido a desplazados medioambientales, en su caso han procedido a su expulsión o han adoptado medidas de protección temporal, en su caso nadie queda fuera de esta nueva realidad.

Fernando Martín Cubel, Máster en Relaciones Internacionales. Miembro de SEIPAZ.


[1] Norwegian Refugee Council, “Global Estimates 2014”.

[2] The Global Risks Report 2016.

[3] Oriol Solà Pardel, Desplazados medioambientales. Una nueva realidad.

[4] Norwegian Refugee Council “Global Estimates 2015”.

[5] Global Estimates 2012: People displaces by disasters.

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