Los doces mandamientos del político español

Sin duda, como manifestaba el Conde de Romanones, la profesión de político ejercida honradamente y con altura de miras es esencial para los destinos de cualquier país en general y de nuestra patria en particular. De ahí que sea injusta e interesada la reducción a casta de nuestra clase política. Es injusta porque juzga a todos los políticos por el mismo rasero y es interesada porque en el desprestigio de los políticos suele haber un intento de sustitución no democrática de los políticos vigentes por otros. Así ocurrió en el caso clarísimo del régimen dictatorial de Primo de Rivera que se fundamentó en el ataque a los políticos de la Restauración para poner a dedo a sus amigos y correligionarios. La destrucción de los partidos dinásticos en 1923 dinamitó la Restauración y la Constitución de 1876, dando paso a la República y después a una España polarizada, preámbulo de la Guerra Civil.

Hoy, en España, en un grupo humano tan numeroso como es la clase política, estoy convencido de que la inmensa mayoría son personas con vocación de servicio público y muchos de ellos, como en el PP y en el PSOE hasta hace pocos meses incluso poniendo en riesgo sus vidas y haciendas frente a la vesania terrorista.

Sin embargo, siendo esto así, los procedimientos de selección de cargos y candidatos en nuestros partidos políticos (muy especialmente en el PP) decididos mediante cooptación, desde arriba, causan malestar en la militancia y desapego en el electorado. Además, una intensa práctica endogámica favorece la permanencia en política de numerosas personas que harían bien en dar un paso atrás, volver a su puesto de trabajo, experimentar lo que es sacar adelante una empresa o una profesión liberal. Muchas veces, la permanencia prolongada de un cargo público en una confortable situación de representación, no sometida a constante debate y contacto con el electorado, produce un distanciamiento del representante con el representado que explica buena parte del desapego entre los españoles y los políticos que, mes tras mes, muestran las encuestas del CIS.

Al hilo del reciente nombramiento a dedo del presidente regional del PP de Andalucía (siguiendo la mejor tradición del secretismo y suspense del «cuaderno azul») se me ocurrió sugerir a un destacado miembro del PP, a quien conozco desde mi ingreso en ese partido en 1990, que en Europa o en la tradición política española anterior a 1923, ante un desaire, una desautorización de esa naturaleza como la sufrida por la Sra. Cospedal lo normal habría sido presentar la dimisión como secretaria general del PP. Mi amigo, después de unos segundos de silencio, me contestó: «Sin duda, lo que dices es cierto y devolvería la dignidad atropellada de la secretaria, pero no olvides que la práctica política en general en España, y en particular en nuestro partido, es estar y acaparar; aunque lo piense, seguro que no dimite». Al momento recordé que se podría hacer una contraposición sobre las normas de actuación de algunos políticos españoles en relación a otras democracias. Voy a poner un ejemplo.

Mike Simpson es un destacado congresista republicano reelegido en ocho ocasiones como representante en el Congreso de los Estados Unidos por Idaho. El señor Simpson gana repetidamente las primarias en su partido y obtiene el 70% de los votos en las elecciones en su distrito para desesperación de sus oponentes demócratas, quienes apenas alcanzan el 30%. En la puerta de su despacho en Washington tenía expuestas, en 2012, unas reglas de actuación política que reproduzco y comparo con las reglas de actuación política en España. Hay que tener en cuenta que en EEUU, en Reino Unido o en Francia la relevancia del partido político es inferior a la que se da en España. Allí lo importante es la relación del representante o diputado directamente con sus electores. Pues bien, las normas de Simpson, numeradas, decían lo que sigue. Después de cada una de ellas, podemos ver su acepción en España, que denomino «los doce mandamientos del político español», elaborados a partir de mi experiencia de 24 años de militancia, 11 de ellos en puestos de responsabilidad.

«1. Nunca comprometas tu integridad». La integridad es algo discutible y depende de las circunstancias.

«2. Mantén tus promesas y compromisos». Depende, según convenga, puedes cumplir, o no cumplir, tus compromisos.

«3. Mantén los secretos». Mira si una filtración oportuna perjudica a un compañero y ayuda significativamente tu carrera política.

«4. Oye las dos versiones opuestas antes de juzgar». Juzga según espera el partido que juzgues.

«5. Aprende a expresar un desacuerdo sin ser desagradable». No se te ocurra expresar un desacuerdo por muy oportuno que sea. Si el que toma la decisión errónea se despeña, mejor.

«6. Intenta ser decisivo incluso a riesgo de equivocarte en alguna ocasión». Pasa desapercibido. Cuanto menos destaques mejor. No vayas a equivocarte.

«7. Tienes que estar dispuesto a perder alguna batalla para poder ganar finalmente la guerra». No digas nada, perder posición, nunca.

«8. Si una lucha es inevitable, golpea primero y de la forma más eficaz posible». Si una lucha es inevitable ponte del lado de quien sabes que va a ganar. Si dudas sobre el resultado, sé neutral.

«9. Aprende a reconocer lo irrelevante; entonces, ignóralo». Aprende a practicar lo irrelevante; entonces, trata de ponerlo en valor.

«10. Admite tus errores». A fuer de no tomar iniciativas, nunca tendrás que admitir un error.

«11. Nunca, nunca te hagas un enemigo innecesariamente». No hace falta hacerte enemigos. En cualquier caso te surgirán enemigos espontáneos a decenas.

«12. Deja algo de tiempo para tumbarte, reflexionar y mirar a las estrellas». No pierdas un minuto en leer un libro ni en reflexionar, no eres ni un intelectual ni un poeta. Aprovecha tu tiempo político intensamente, no sea que se acabe.

He de decir que estos criterios de actuación en España, debido a que el cargo electo depende más de quien te propone que de los electores, se han ido desarrollando cada vez más en los últimos 15 años. Convendrán conmigo que no es difícil poner nombre por lo menos a un experimentado político que actúa de ese modo tanto en el PP como en el PSOE (ignoro por completo el submundo nacionalista, pero imagino que será parecido).

Algunos jóvenes que se inician en la política en España y acceden a cargos de responsabilidad sin ninguna experiencia en la vida profesional o laboral, parece que aprenden y practican lo peor de la versión de estos doce mandamientos de los políticos españoles. Más allá de eventuales y muy concretos cambios, mutaciones o reformas constitucionales, parece imperativa una reforma de la Ley de Partidos Políticos para su democratización. Mientras los procedimientos de selección de candidatos y cargos en los partidos continúen como hasta ahora, reconoceremos con nombres y apellidos a ciertos políticos que, en vez de seguir las virtuosas normas del señor Simpson, cumplen, a pies juntillas, estos otros doce mandamientos del político español.

Guillermo Gortázar es historiador y abogado. Fue secretario nacional de Formación del PP entre 1990 y 2001.

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