Los hijos de la austeridad

Cuando los economistas discuten el «ajuste fiscal», habitualmente lo enmarcan como una meta abstracta y compleja. Pero la cuestión es realmente sencilla: ¿quién cargará con el peso de las medidas para reducir el déficit presupuestario? O bien es necesario aumentar los impuestos sobre algunas personas, o bien el gasto debe caer, o ambos. Lo del «ajuste fiscal» es jerga; la austeridad siempre está relacionada con la distribución del ingreso.

Gran parte de Europa ya se ha dado cuenta de esto, por supuesto. Ahora le toca a Estados Unidos. Y las señales actuales allí sugieren que las personas más directamente expuestas a un ajuste fiscal son las menos capaces de defenderse: los niños relativamente pobres. Por ejemplo, el actual secuestro del presupuesto (es decir, recortes presupuestarios transversales) ya está dañando a programas como Head Start, que apoya a la educación preescolar.

El comediante estadounidense Jimmy Kimmel recientemente se burló de ignorancia fiscal de sus compatriotas preguntando a los peatones en Hollywood Boulevard su opinión sobre «la decisión de Obama de perdonar el secuestro y enviarlo a Portugal». La filmación es comiquísima, pero también triste, porque el impacto sobre las vidas de algunas personas es muy real. Aproximadamente 70.000 niños probablemente perderán la posibilidad de acceder a Head Start durante el actual año fiscal.

Y recortes mucho mayores aguardan a los programas de nutrición y atención sanitaria para la niñez temprana. Tal vez los más escandalosos sean los dramáticos recortes al programa del seguro de salud Medicaid, que la mayoría republicana en la Cámara de Representantes ha adoptado en su última propuesta presupuestaria. Paul Ryan, el presidente del Comité de Presupuesto de la Cámara, propone equilibrar el presupuesto durante los próximos diez años en gran medida mediante el drástico recorte del programa. Aproximadamente la mitad de los beneficiarios de Medicaid son niños.

¿Es justo obligar a niños con bajos ingresos a soportar el peso del ajuste fiscal? Según los datos disponibles en el invalorable sitio web del economista Emmanuel Saez, entre 1993 y 2011, el ingreso real promedio del 99 % de la población con menores ingresos aumentó el 5,8 %, mientras que el 1 % más rico experimentó un aumento en su ingreso real del 57,5 %. El 1 % con mayores ingresos capturó el 62 % del crecimiento total del ingreso durante este período, en parte por un brusco aumento de los beneficios de la educación superior en las últimas décadas. (En promedio, quienes solo cuentan con estudios de nivel medio o inferiores, tienen pocas oportunidades para obtener buenos ingresos).

Esto significa que, en todo caso, el sistema impositivo debería tornarse más progresivo, y lo obtenido debería invertirse en bienes públicos que el sector privado no brinda de manera suficiente –como educación para la niñez temprana y atención preventiva de la salud para minimizar las interrupciones educativas que resultan de dolencias comunes, como el asma infantil.

Véanlo de esta forma: En las últimas décadas, algunas familias eligieron ubicaciones y ocupaciones que parecían ofrecer un medio de vida razonable y buenas perspectivas para sus hijos. Muchas de esas decisiones tuvieron malos resultados, en gran medida porque las tecnologías de la información (las computadoras y la forma en que se usan) eliminaron muchos puestos de trabajo de clase media. El aumento en la globalización del comercio tampoco ayudó en este sentido. Además, como lo ha documentado Till von Wachter, de la Universidad de Columbia, los períodos de desempleo prolongado para los padres han producido un impacto negativo grave y duradero en sus hijos.

Los niños cuyas familias no pueden proporcionarles un punto decente de partida merecen ayuda. Pero Estados Unidos no se los ha proporcionado –algo que Jeb Bush, aspirante líder a la nominación presidencial de los republicanos en 2016, informó recientemente. «Actualmente en nuestro país», dijo Bush durante un discurso frente a sus colegas conservadores, «si naces pobre, si tus padres no fueron a la universidad, si no conoces a tu padre, si no se hable inglés en tu casa, entonces, las probabilidades están en tu contra».

No es probable que Estados Unidos proporcione esa ayuda en el futuro, considerando el impacto desproporcionado de los próximos recortes presupuestarios sobre los niños en la parte inferior de la distribución del ingreso.

Estados Unidos puede fácilmente permitirse algo mejor, por supuesto. Sus grandes déficits presupuestarios reflejan el impacto de las ventajas tributarias que favorecen a los ricos y la clase media alta; la expansión sin fondos de la cobertura de Medicare para incluir a los medicamentos con receta; dos guerras en el extranjero; y, lo más importante, un sistema bancario al que se le permitió salirse de control e infligir masivos trastornos a la economía real (y por lo tanto, a los ingresos fiscales).

Los niños de hoy no tuvieron participación alguna en estos errores de política. Los alumnos de preescolar que están a punto de perder su acceso a Head Start ni siquiera habían nacido cuando los errores fueron cometidos.

Imponer austeridad a niños pobres no solo es injusto, también es mala economía. Cuando los economistas, hablan nuevamente con su árida jerga sobre el «capital humano» de un país, a lo que se refieren en realidad es a las habilidades cognitivas y físicas de su gente.

Como mencioné en mi reciente testimonio ante el Congreso, la mala educación deriva en malas perspectivas laborales, en familias pobres, y en una educación peor aún –si es que no incluye un desvío por encarcelamiento, que hace aún más difícil romper el ciclo. Desafortunadamente, no es probable quienes detentan posiciones de poder presten atención a estos argumentos.

Pero deberían. Cuando viajas al extranjero por primera vez y vez niños desatendidos, desnutridos y sin educación, ¿consideras a ese lugar como una probable potencia económica mundial para el próximo medio siglo? ¿O te preocupas por su futuro?

Simon Johnson, a former chief economist of the IMF, is a professor at MIT Sloan, a senior fellow at the Peterson Institute for International Economics, and co-founder of a leading economics blog, The Baseline Scenario. He is the co-author, with James Kwak, of White House Burning: The Founding Fathers, Our National Debt, and Why It Matters to You. Traducción al español por Leopoldo Gurman.

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