Los jóvenes de hoy y el 68

Periódicamente se publican investigaciones de diversa índole sobre los jóvenes. Dichos trabajos suelen resaltar aspectos negativos de la población objeto de estudio: alta tasa de abandono escolar, agresiones violentas, alcoholismo, adicción a drogas, racismo, etc. En numerosas ocasiones, la publicación de estos trabajos coincide en el tiempo con sucesos lamentables realizados por perturbados o depravados. Con estos datos se etiqueta de forma muy negativa al conjunto de la juventud.

Parece claro que estas actitudes deben erradicarse totalmente y se deben tomar todas las medidas necesarias para que los hechos ocurridos nunca vuelvan a repetirse.

La alta tasa de paro juvenil, la crisis económica o el fracaso escolar han podido llevar a muchos jóvenes a situaciones de desesperación, extremismo político, pasotismo o falta de compromiso. Siendo consciente de esta tremenda realidad que afecta a muchos y con la enriquecedora experiencia de haber hablado con cientos de jóvenes durante años de clases en la Universidad, considero que también hay un grupo significativo y numeroso de jóvenes que no responde a estos patrones y de los que habitualmente no se habla. Estos jóvenes que describiré a continuación, no representan a la totalidad, pero sí a un grupo amplio.

Hace unas semanas fui invitado por un alumno al que he dado clase a impartir una sesión en una asociación universitaria. El título de la conferencia era: «Liderar los años de universidad en tu vida». Asistieron más de cuarenta estudiantes, al finalizar mi disertación, se entabló un coloquio con los asistentes. La primera pregunta que me formularon fue: «¿Considera que los jóvenes actuales somos pasivos?» A bote pronto, respondí lo que dijo Winston Churchill cuando le preguntaron por los franceses: «No lo sé, no los conozco a todos».

Evidentemente, no conocemos a todos los jóvenes, que además son muy distintos unos de otros, pero vamos a intentar alcanzar una visión mínimamente objetiva.

Muchos jóvenes españoles, al finalizar sus estudios han tenido que marcharse al extranjero para poder trabajar, junto a esta migración forzosa en los años más duros de la crisis, hemos podido constatar su tremenda valía, construida sobre la magnífica preparación que recibieron en nuestra tierra y la excelente calidad de los estudios que realizaron en las Universidades españolas.

Otros tuvieron que simultanear sus estudios con un trabajo para así poder costearse estos estudios o para que en sus hogares hubiera un ingreso más. En ocasiones, a pesar del inmenso esfuerzo realizado (mediante becas o ayudas y la posibilidad de fraccionar el pago) por las Universidades, algunos tuvieron que ralentizar el ritmo de sus estudios por falta de recursos. Muchos tuvieron que realizar largos desplazamientos diarios al no poder costearse alojamientos cercanos a los lugares en los que estudiaban.

Estos jóvenes emplean sus vacaciones en aprender idiomas, realizar prácticas en empresas y un gran número de ellos participan en actividades de solidaridad o voluntariado para ayudar a los más desfavorecidos.

Cuando se les pregunta por sus referentes suelen citar a Rafa Nadal, Andrés Iniesta, Amancio Ortega, Steve Jobs o el papa Francisco. Es decir, personas que destacan por su tesón, esfuerzo, resiliencia, solidaridad, trabajo riguroso, capacidad de superación, coherencia de vida, innovación o mejora de la sociedad y que su liderazgo se basa en el ejemplo dado.

Con motivo del 50 aniversario de mayo del 68, numerosas publicaciones comparan a los jóvenes actuales con los que llevaron a cabo aquellas revueltas en la Sorbona y Nanterre, y que el que fuera presidente de la República francesa, el socialista Francois Mitterrand definió como «la revolución de los zánganos».

Considero que existen notables diferencias entre unos y otros. Los jóvenes actuales respetan y agradecen los muchos sacrificios realizados por sus mayores para sacarlos adelante y no consideran moderno rebelarse contra ellos. Saben que las cosas se consiguen con esfuerzo y no piden que el Estado les resuelva la vida y les pague su aburrimiento. Se sientes seguros y protegidos por las fuerzas de seguridad del Estado a las que no tiran pedruscos ni organizan barricadas. Tampoco buscan debajo de los adoquines la arena de playa.

Los jóvenes actuales aceptan diferentes opiniones políticas basadas en el respeto y la libertad y no simpatizan con la cruel dictadura castrista.

Estos jóvenes no desean que aquellos idealistas románticos de hace 50 años, hoy septuagenarios con gafas trotskistas y perilla bien cuidada y recortada, les impongan su relativismo moral y la dictadura del pensamiento único basada en lo políticamente correcto.

Hoy en día, muchos jóvenes (y la inmensa mayoría de la sociedad) detestan la falsedad y exigen coherencia entre lo que se dice, lo que se piensa y lo que se hace. Saben que la libertad está unida a la responsabilidad, ya que una libertad irresponsable es una libertad inmadura y egoísta.

Ignacio Danvila del Valle, profesor de la Universidad Complutense.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *