Los jóvenes tienen la solución al desempleo africano

África es hoy escenario de un intenso movimiento de jóvenes. Esta migración a gran escala, que genera presión económica y social en los países receptores del continente, se debe en gran medida a factores como la pobreza, la inestabilidad y los desastres naturales. Pero la principal causa de desplazamiento es el temor (compartido por muchos en todo el mundo) a no hallar trabajo cerca de casa.

En los últimos diez años, muchos países africanos registraron tasas de crecimiento económico significativas. Pero la riqueza adicional no se trasladó a un aumento del empleo formal. De hecho, todavía el 70% de los trabajadores en África subsahariana no tienen empleo asalariado, sino que trabajan en el sector informal (por ejemplo, en agricultura de pequeña escala, venta callejera y tareas domésticas).

Los jóvenes africanos son los más afectados por estas tendencias de desempleo y subempleo. Pero también poseen la solución a los problemas del mercado laboral de África.

En 2030, más de 120 millones de jóvenes entrarán a la fuerza laboral del continente. Para crear suficientes empleos estables, África tendrá que mejorar la educación, ampliar el acceso a servicios financieros, alentar la participación cívica y brindar redes de seguridad social. Pero una de las herramientas más poderosas es empoderar plenamente a los jóvenes para que se hagan emprendedores. Con el debido apoyo, los jóvenes buscadores de trabajo serán quienes impulsen el crecimiento del empleo en África.

En muchos sentidos, la juventud africana ya está haciendo frente al desafío. Esta generación está más formada que la de sus padres, y vive en países beneficiados por un desarrollo veloz y abarcador que incrementó el acceso a información, productos financieros y otros servicios empresariales. Los jóvenes africanos sueñan con forjar el futuro de sus países.

Sin embargo, es común que vean el emprendedorismo como la última alternativa. Venden bienes o productos agrícolas en los mercados no porque quieran, sino porque es la única opción que tienen. Suelen combinar el autoempleo con otras fuentes de trabajo estacional, temporario o a tiempo parcial. El objetivo es llegar a fin de mes, no iniciar una carrera.

Pero las cosas están cambiando. Y comienzan a aparecer en África jóvenes líderes empresariales que abordan problemas complejos y, al hacerlo, dan trabajo a muchos de sus coetáneos. Las historias de éxito son incontables. En Kenia, Munyutu Waigi e Ivan Mbowa cofundaron Umati Capital, un portal de finanzas digitales que provee a procesadores, comercializadores y cooperativas del sector agrícola los fondos que necesitan para ampliar sus emprendimientos. Por esta iniciativa, Waigi y Mbowa recibieron el Premio Zambezi 2015 a la innovación en el fomento de la inclusión financiera.

En Ghana, Mabel Suglo cofundó Eco-Shoes, una empresa que ayuda a artistas con discapacidades a crear elegantes y cómodos calzados y accesorios a partir de neumáticos viejos y telas recicladas.

En 2015, en reconocimiento a su innovadora estrategia de negocios, Suglo recibió el Premio Anzisha, una iniciativa conjunta de la Academia Africana de Liderazgo con sede en Sudáfrica y de la Fundación Mastercard. Suglo tiene cinco empleados a los que ofrece asesoramiento en desarrollo de productos y capacitación financiera, y hoy su empresa se encuentra en crecimiento.

Y en Sudáfrica, Marlon Parker, fundador de RLabs, una academia e incubadora de innovaciones sociales, creó una moneda virtual llamada Zlato para alentar la participación activa en talleres de capacitación. Los jóvenes que asisten a cursos, usan computadoras portátiles o reservan salas en cafés de RLabs obtienen créditos Zlato que pueden cambiar por alimentos, atención médica y productos de primera necesidad. Desde su creación en 2008, RLabs generó decenas de miles de empleos, y ya está activo en 24 países.

Estos jovencísimos emprendedores africanos no sólo encuentran modos de mantenerse y ayudar a sus comunidades, sino que también resuelven la principal causa de migración, dentro y fuera del continente. Por ejemplo, los ganadores del Premio Anzisha han creado más de 300 puestos de trabajo y generado más de 850 000 dólares en capital. Los becarios de Ashoka, otra organización con apoyo de la Fundación Mastercard, han creado nada menos que 200 000 empleos.

La habilidad de estos jóvenes para dar trabajo con sus emprendimientos alienta grandes esperanzas para el futuro. Estos brillantes y talentosos africanos hacen gala de la tenacidad que se necesita para superar obstáculos y contribuir al bienestar de sus familias, comunidades y países.

Y no es ninguna sorpresa. En todo el mundo, los jóvenes conocen mejor que nadie los desafíos que enfrenta la generación a la que pertenecen, y muchas veces tienen las soluciones a aquellos que más los afectan. Debemos darles nuestro apoyo. La creación de empleos suficientes para los numerosos jóvenes africanos que entrarán a la fuerza laboral demanda una expansión continua del emprendedorismo. No olvidemos que son los empleos que mantendrán a esos jóvenes en el continente por muchas generaciones.

Meredith Lee is Deputy Director of Youth Livelihoods at the Mastercard Foundation. Traducción: Esteban Flamini.

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