Los límites del capitalismo comunista

Mientras el presidente Obama realiza una histórica visita a Cuba, el futuro de la isla de Gobierno comunista es objeto de especulación generalizada. Algunos observadores esperan que el continuo cambio hacia el capitalismo, muy gradual durante cinco años bajo la dirección de Raúl Castro, conducirá naturalmente a Cuba a la democracia. La experiencia sugiere lo contrario.

De hecho, la liberalización económica está lejos de ser una ruta segura de la democracia. Nada ilustra mejor esto que la autocracia más grande y más antigua del mundo, China, donde el Partido Comunista Chino (PCCh) mantiene su monopolio del poder, y donde las reformas de mercado han permitido resurgir su economía.

La creencia de que el capitalismo trae automáticamente la democracia implica una conexión ideológica entre los dos. Pero el dominio del PCCh –que en la actualidad cuenta con 88 millones de miembros– ya no tiene sus raíces en la ideología. El Partido, representado por una oligarquía de clausura, perdura mediante el empleo de una variedad de instrumentos –coercitivos organizativos y remunerativos– para impedir el surgimiento de una oposición organizada.

El comunismo se centra ahora menos en lo que es –es decir, su ideología– y más en lo que no es. Sus representantes se han comprometido, sobre todo, para mantenerse en el poder político –un esfuerzo que la prosperidad económica provocada por el capitalismo apoya, ayudando a evitar las demandas populares de cambio. La historia es similar en Vietnam y Laos. Ambos comenzaron la descentralización del control económico y a fomentar la empresa privada a finales de 1980, y ahora están entre las economías de más rápido crecimiento de Asia. Pero el Estado de un solo partido sigue arraigado y sigue participando en la represión política.

Más allá de proporcionar suficientes ganancias materiales para mantener a la población satisfecha, el capitalismo fortalece la capacidad de un Estado de gobierno comunista para aumentar la represión interna y la información de control. Un ejemplo es la famosa “Gran Muralla de Fuego de China”, una operación del Gobierno para “desinfectar” las pantallas y los blogs de contenidos de internet. China es el único país importante en el mundo con un presupuesto de seguridad interior más grande que su presupuesto oficial de defensa nacional.

A la vista de la agitación económica actual de China, el control de la información se ha vuelto más importante que nunca. Con el fin de evitar los posibles problemas, el liderazgo de China ha amordazado a la prensa cada vez más, lo que limita, en particular, la presentación de informes o comentario que pueda afectar negativamente a las cotizaciones bursátiles o la moneda. Xi Jinping pidió a los periodistas “absoluta lealtad” al PCCh, y seguir de cerca su liderazgo en “el pensamiento, la política y la acción.” Un periódico estatal, advirtiendo que “la legitimidad del partido podría disminuir”, argumentó que “los medios de la nación son esenciales para la estabilidad política”. El desarrollo de un mercado libre de bienes y servicios no necesariamente conduce a la aparición de un mercado de ideas. Incluso Nepal, un país dominado por los comunistas que lleva a cabo elecciones, no ha sido capaz de traducir la liberalización económica en una transición democrática creíble. En cambio, las políticas del país permanecen en un estado de cambio, con crisis políticas y constitucionales socavando su reputación como un Shangri-La y amenazando con convertirlo en un Estado fallido.

La democracia y el comunismo, al parecer, se excluyen mutuamente. Pero el capitalismo y el comunismo claramente parece que no, y eso podría ser muy peligroso.

De hecho, la unión del capitalismo y el comunismo, encabezada por China, ha dado lugar a un nuevo modelo político que representa el primer desafío directo a la democracia liberal desde el fascismo: el autoritario capitalismo. Con su espectacular ascenso para convertirse en una potencia global líder en poco más de una sola generación, China ha convencido a los regímenes autocráticos de que el capitalismo autoritario –o, como los líderes chinos lo llaman, “socialismo con características chinas”– es la ruta más rápida y más suave a la prosperidad y la estabilidad, muy superior a la desordenada política electoral. Esto puede ayudar a explicar por qué la propagación de la democracia en todo el mundo se ha estancado últimamente.

La visita del presidente Obama a Cuba debe ser bienvenida como una señal del fin de la fallida política de aislamiento de Estados Unidos, un desarrollo que podría abrir el camino para el levantamiento de 55 años de embargo comercial contra el país. Pero sería un grave error suponer que la apertura económica de Cuba, adelantada por el acercamiento iniciado por Obama, será necesariamente el comienzo de una nueva era política en Cuba.

Brahma Chellaney, profesor de Estudios Estratégicos en el Centro de Investigación Política de Nueva Delhi.

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