Los mártires del ventilador

Por Francisco Gutiérrez, magistrado de la Audiencia de Sevilla (EL MUNDO, 05/11/04):

La táctica del ventilador, como método defensivo, no es nueva.El que fuera vicepresidente del Gobierno socialista de Felipe González, Alfonso Guerra, a propósito del previsible encarcelamiento del Vera y para justificar la petición del indulto encabezada por Felipe González, ha tenido la oportuna ocurrencia de insinuar que algunos jueces del tribunal que le condenó podrían haber recibido fondos reservados del mismo Vera (paradoja de una crueldad tremenda, lo calificó).

La declaración tiene fondo.

Resulta obvio que su propósito no ha sido otro que deslegitimar al tribunal, y por ende a la sentencia, como medio para justificar la necesidad y justicia del indulto.

Si la condena es injusta porque ha sido impuesta por un tribunal de dudosa honradez, el indulto es la única medida que puede adoptar un gobierno democrático frente a una pandilla de corruptos para solucionar tamaño atropello. De ahí que los defensores de la ley y el orden (propio, sobre todo) no han tenido más remedio que solicitar el indulto.

Bien es verdad que también podría haber denunciado (e identificado) formalmente al corrupto y descrito pormenorizadamente su conducta, pero, para qué arriesgarse si resulta evidente que tratándose de un asunto de jueces la denuncia no llegaría a ningún lado: cosas del corporativismo, ya se sabe.

La acción es propia de su autor. Por un lado se pone en solfa la honradez de personas con insinuaciones condicionales (podría, creo…) que no identifican a los sujetos ni describen sus conductas, de tal suerte que sortea cualquier responsabilidad que sus palabras pudieran ocasionarle.

Por otro, se engaña vilmente al ciudadano. Recibir fondos reservados no es delito, que si existen es para usarlos. Delito es apropiárselos o utilizarlos para fines distintos de los establecidos por la ley. Vera ha sido condenado por quedárselos para sí; si, además, resulta que los usó desviadamente para fines inconfesables (como insinúa Guerra), su responsabilidad no desaparecería si se declarase la culpabilidad de los que ilícitamente recibieron esos fondos ni le serviría como excusa para justificar sus declaradas culpas.

Por último, se realza la imagen de Vera como hombre íntegro, fiel y de encomiable entereza, que prefiere sufrir sin chistar a una prisión injusta que desvelar secretos inconfesables que, con todo merecimiento, podrían poner en entredicho a personajes indignos e instituciones corruptas (que no son sus jefes políticos, desde luego). Muestra de ello es que son sus allegados quienes, desinteresadamente y empujados exclusivamente por el afán de justicia, se lanzan al ruedo asumiendo un tan incomprendido como noble sacrificio.

Son los nuevos mártires… del ventilador, que, por lo que parece, no son pocos y, además, están dispuestos a que la ofrenda continúe…aunque, si fuera posible, que sean otros los cristianos.