Los mercados y el proceso

El rumor que serpentea por los mentideros madrileños según el cual los mercados financieros “están tranquilos” y sin presentar “alteraciones” por la perentoriedad y gravedad de la cuestión catalana, se atribuye, según quien sea el interlocutor, a dos razones opuestas. Para unos, los inversores -esos que manejan los resortes de la prima de riesgo y las posiciones en bolsa-, no están preocupados por el conflicto que podría desatarse este otoño en Catalunya “simplemente porque no le otorgan credibilidad”. Más aún, después de que hayan descontado con un nivel de certeza sorprendente que “Escocia seguirá en el Reino Unido” el 18 de septiembre próximo. Para otros, las razones de la quietud financiera son bien distintas: se habrían engrasado algunos mecanismos de contacto entre Madrid y Barcelona y se confía en una aproximación de posiciones que implique el aplazamiento sine die de la consulta prevista para el 9-N, consideración esta en línea con la expresada por el presidente del Sabadell, Josep Oliu, quien descarta la independencia y apuesta por un acuerdo.

Los entrecomillados del párrafo anterior se corresponden con conversaciones con un miembro del Gobierno -no ministro, pero concernido por este asunto- y un alto gestor financiero catalán pero residenciado en Madrid. Por resumir: desde el Ejecutivo se sigue constatando que la cuestión catalana no recaba apoyos exteriores ni provoca inquietudes internacionales por la actitud firme del Gabinete de Rajoy; desde instancias empresariales se está apostando por un próximo gesto de distensión que los mercados han descontado mostrándose calmados y sin dar señal alguna de alarma. No hay forma de casar ambas versiones -la política y la financiera- salvo en un extremo que es objetivo: resulta del todo cierto que los indicadores de la economía -incluso los que se denominan adelantados- no presentan signos de desasosiego o de inquietud. Más aún: no faltan personas con responsabilidades en la materia que auguran que nuestra prima de riesgo podría bajar en picado en los próximos meses, señal inequívoca de confianza en el futuro inmediato.

Desde el Gobierno y el Partido Popular se maneja la idea de que, ante las enormes dificultades que plantea a la Generalitat la gestión de una consulta que sería ilegal, terminará por conformarse en Catalunya una minoría de bloqueo social y política que frenaría el aventurerismo de una declaración unilateral de independencia. El artículo de Miquel Iceta en La Vanguardia del pasado domingo (“La primera vía”) se considera en la propia izquierda española como un planteamiento muy acertado. Así, la reforma de la Constitución no sería la tercera vía, sino la primera y única posible para dar salida al órdago secesionista que, como asegura el previsto nuevo primer secretario del PSC, “no lleva a ningún sitio”. Sí lo haría, sin embargo, una apuesta decidida “por un pacto fiscal solidario” o “una reforma constitucional” como plantea sin ambages Iceta. Se engrosan dos líneas de opinión: persistir en la convocatoria de una consulta el 9-N es una irresponsabilidad, tal como ha denunciado la maltratada Societat Civil Catalana tras su entrevista con el president Mas, y la mejor opción es ofertarse mutuamente una tregua para explorar alternativas distintas al todo o nada que signa la relación entre Madrid y Barcelona.

En cualquier caso, el Gobierno estaría en disposición de resistir en tanto en cuanto el perfil de los mercados ante el proceso soberanista sea el actual. El Gabinete espera que durante este mes de julio y a la vuelta de vacaciones haya buenas noticias: sostenida mejoría del empleo, crecimiento del PIB, posición relevante en Europa (una comisaría para Cañete y Guindos al frente del Eurogrupo, aunque sea temporalmente), adecuación de la reforma fiscal a un mejor tratamiento de las clases medias e iniciativas de saneamiento político entre otras reformas. La presencia en Madrid de Wolfgang Schäuble, ministro de Finanzas alemán, avalando las últimas medidas del Gobierno español, ha reforzado este cuadro de situación. Pese a todo, atención a las palabras del catedrático López Basaguren: “La confianza ciega y exclusiva en líneas de defensa pretendidamente inexpugnables ha provocado grandes desastres históricos”.

En todo este planteamiento sobrevuela una incógnita: la de Artur Mas. Una incógnita que se formula en versiones diversas: si tiene vida política o la ha amortizado; si dispone de auctoritas para reencauzar la situación; si CiU aguantará unida o se disgregará; si CDC y ERC seguirán juntas o separadas y si Barcelona -un fortín que tantos quieren asaltar- resistirá o no en mayo bajo la capitanía demediada de Xavier Trias.

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