Los nuevos israelíes

Desde que se inició en Israel el movimiento social denominado la protesta de las tiendas he intentado actuar según la norma recogida en el libro bíblico de Amós, capítulo 5, versículo 13: “El prudente en esos tiempos calla”. Mi asombro era tan grande que me obligué a no analizar un fenómeno tan singular y protagonizado por gente relativamente joven con parámetros ideológicos antiguos y desgastados. También me parecía que los líderes de las protestas aún no sabían hasta dónde podía llegar su protesta. Por tanto, había que esperar y observar cómo se desarrollaba este fenómeno antes de opinar sobre él.

Ahora, tras la multitudinaria manifestación del sábado día 3, que ha mostrado que las protestas no hacen sino intensificarse, destacaría tres aspectos nuevos en la esfera pública y política en Israel:

1. Se ha abierto un diálogo provechoso entre distintos sectores desde el punto de vista económico, social y étnico, y se ha creado un vínculo emocional entre los habitantes de las ciudades y de los extrarradios.

2. Personas que hasta ahora no tenían un planteamiento ordenado sobre cuestiones de gobierno y economía están participando con creatividad en resolver problemas sobre esos asuntos.

3. De momento, no existe el típico debate entre derecha e izquierda o entre laicos y religiosos; aunque se perciben en las protestas elementos propios de una ideología laica y de izquierdas, es muy leve el tratamiento dado a cuestiones fundamentales en el presente israelí, como la ocupación de territorios o los asentamientos de colonos. Incluso la crítica a los privilegios discriminatorios que reciben los ultraortodoxos apenas ha aparecido en alguna pancarta, y no ha sido expresada en ninguno de los discursos de los participantes en las protestas.

En el sector de la izquierda y del movimiento pacifista eso ha generado cierta decepción, pero hay que entender que sí tiene bastante sentido que en las protestas no se hayan planteado las viejas reivindicaciones de la izquierda, pues realmente no son la causa de la penosa situación económica actual. De hecho, en los países occidentales con una economía de libre mercado, también son cada vez mayores las diferencias entre las clases pudientes y las clases pobres, asfixiadas por la crisis económica, y en ellos ni existe un sector de religiosos ultraortodoxos que no producen nada y que sí reciben, en cambio, subsidios y gozan de privilegios de los que no goza el resto de la población, ni tampoco se gasta dinero del erario público en levantar asentamientos de colonos ni es necesario un gran presupuesto militar. Esto significa que hay una tara, algo fundamental que no funciona en el sistema neocapitalista radical, que ha provocado la actual crisis económica y que constituye el epicentro de las protestas populares en Israel.

Aunque los líderes de las protestas han evitado sacar el tema de los privilegios económicos y sociales que disfrutan los ultraortodoxos y los colonos en los territorios ocupados, ya se están percibiendo señales claras de gran preocupación por parte de los partidos conservadores y los partidos religiosos que conforman el Gobierno israelí. Son conscientes de que tal y como se están desarrollando estas protestas, acabarán trasladando sus demandas al ámbito de la acción política en forma de partido, lo que podría cambiar radicalmente la relación de fuerzas en el Parlamento.

En las multitudinarias manifestaciones en las plazas de Israel es patente la ausencia de gente con kipá srugá (kipá tejida) y de colonos, que tantas ayudas y apoyos han recibido de los gobiernos de derecha que llevan gobernando el país más de treinta y cinco años casi ininterrumpidamente. Tampoco participan en las protestas los judíos ultraortodoxos a pesar de ser un sector muy pobre, y es que saben muy bien que la miseria en la que viven se debe al gran número de hijos que tienen y a que la mayoría prefiere estudiar la Torá en vez de trabajar.

Además, creo que este movimiento popular de protesta también preocupa mucho a los ultraortodoxos y conservadores al estar liderado por israelíes laicos cuyo núcleo identitario es la ciudadanía israelí, algo que han descubierto a raíz de la crisis económica. “Ante usted, primer ministro –repite varias veces el presidente de la Unión Nacional de Estudiantes– se presentan los nuevos israelíes”. Así que frente a la confusa identidad judía mezcla de pueblo y religión, y que en los últimos años ha generado leyes discriminatorias para la minoría árabe, frente a la pintoresca exigencia para que los palestinos reconozcan al Estado de Israel como un Estado judío, y frente a la colonización judía en territorios palestinos concebida como un mandato divino, los participantes en las protestas se identifican simplemente como israelíes; su identidad es básicamente su ciudadanía israelí, lo que los hace ser leales al Estado y estar dispuestos a combatir por él siempre y cuando ese Estado los tenga en cuenta y se preocupe por su calidad de vida en la actualidad, en vez de subordinar sus necesidades a proyectos místicos y nacionalistas que sólo traen desgracias a los propios israelíes y su entorno. Así pues, estos nuevos israelíes están haciendo sombra a los viejos judíos.

Por Abraham B. Yehoshua, escritor israelí, impulsor del movimiento Paz Ahora. Traducción: Raquel García Lozano.

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