Los pasos de bebé de China hacia la democracia

Durante la visita de estado a los Estados Unidos del presidente chino, Hu Jintao, el presidente Barack Obama presionó a Hu sobre los derechos humanos. Probablemente debería haber pedido más información acerca de las medidas de ampliación de la democracia en China, porque las respuestas le habrían sorprendido.

En septiembre de 2010, Hu pronunció un discurso de Hong Kong en el que llamó a reconsiderar lo que se piensa sobre la democracia china. Planteó que: «Hay una necesidad de celebrar elecciones democráticas de acuerdo a la ley; tomar decisiones democráticamente, así como adoptar una gestión y supervisión democráticas, y salvaguardar el derecho de las personas a conocer, participar, expresar y supervisar».

Sus comentarios profundizaron los comentarios hechos previamente por el primer ministro Wen Jiabao en Shenzhen, la zona costera de libre empresa donde comenzara la revolución económica de China. Wen dijo que la reforma política, incluidas las oportunidades para que los ciudadanos criticaran y monitorearan al gobierno, es necesaria para dar sustento al vertiginoso crecimiento económico de China. De lo contrario, argumentó, se perderían los avances económicos del país.

Las declaraciones de Wen generaron especulaciones de que Shenzhen, que ha marcado el ritmo del desarrollo económico de China, pronto podría convertirse en una «zona política especial.» Los expertos sobre China advirtieron que un próximo paso podría ser la elección directa de los jefes de los seis distritos de la Zona Económica Especial.

A la mayoría de los no chinos les sorprendería saber que el país ya celebra más elecciones que cualquier otro en el mundo. Conforme a la Ley Orgánica de los Comités de Aldeas, la totalidad de los aproximadamente un millón de aldeas de China – el hogar de cerca de 600 millones de votantes – llevan a cabo elecciones locales cada tres años.

Los críticos aducen que los funcionarios del Partido Comunista local manipulan estas elecciones. Pero, de acuerdo a la investigación de Robert Benewick, profesor de la Universidad de Sussex en Inglaterra, las elecciones en las aldeas se han vuelto cada vez más competitivas, con un mayor número de candidatos independientes y el uso cada vez mayor de votaciones secretas. En el caso de las elecciones que han sido verdaderamente competitivas, los investigadores afirman haber encontrado evidencia de efectos positivos.

Por ejemplo, en un estudio que analizó a 40 aldeas a lo largo de más de 16 años, el economista Yang Yao encontró que la introducción de elecciones había dado lugar a un aumento de un 20% del gasto en servicios públicos, mientras que los «gastos administrativos» – jerga burocrática para aludir a la corrupción – se redujeron en un 18%. Y Wen ha señalado que las elecciones de las aldeas podrían extenderse al nivel de gobierno siguiente – las administraciones municipales – en los próximos años.

Los modestos experimentos de China con las elecciones locales se han complementado con ejercicios de «democracia deliberativa», en la forma de reuniones ciudadanas con apoyo de alta tecnología. Los funcionarios chinos contrataron al profesor de Stanford  James Fishkin para tomar una muestra representativa de ciudadanos de Zeguo con el fin de realizar una asamblea que utilizara dispositivos de votación y computadoras de mano para decidir cómo la ciudad debe gastar un presupuesto de obras públicas de 6 millones de dólares. El ejercicio de Zeguo se consideró un gran éxito y ha sido replicado en otras partes de China.

Se dice que el Profesor Yu Keping, influyente funcionario comunista y autor de un prominente libro titulado La democracia es una buena cosa, disfruta de la confianza del Presidente Hu. Asimismo, el Profesor Yu y otros han tratado de hacer avanzar la democracia dentro del Partido Comunista. Ya se han realizado elecciones competitivas para puestos de bajo nivel del partido, y las votaciones para los congresos provinciales y nacionales del partido muestran papeletas con entre 15 y 30% más candidatos que puestos.

Puesto que el Partido Comunista tiene 73 millones de miembros, una «vanguardia democrática» así tiene un gran potencial. Si se generalizara la celebración de elecciones internas, las líneas de discrepancia ideológica dentro de los círculos de élite podrían llegar a ser más claras, lo que a su vez podría estimular aún más las llamadas a alcanzar algún tipo de estructura institucional representativa. El rápido cambio en China ya ha dado lugar a una batalla de ideas, enfrentando a las costas y ciudades con el campo y las provincias del interior, y a los ricos con los pobres.

Por supuesto, a medida que se desarrolla la democracia china, es poco probable que se replique el modelo occidental. Los intelectuales de inspiración confuciana como Jiang Qing, por ejemplo, han presentado una propuesta innovadora para una legislatura tricameral. Los legisladores de una cámara se seleccionarían sobre la base del mérito y la competencia, y los de las demás con elecciones de algún tipo. Una cámara electoral estaría reservada sólo a miembros del Partido Comunista, y la otra para representantes elegidos por los ciudadanos comunes y corrientes.

Esta legislatura tricameral, según lo que creen quienes la proponen, garantizaría de mejor manera que las decisiones políticas sean tomadas por los representantes más educados e ilustrados, evitando con ello el repugnante populismo de las facciones elegidas al estilo occidental.

Es fascinante la perspectiva de que China abrace algún tipo de experimento democrático innovador, combinando tricameralismo con métodos de democracia deliberativa para dar forma a una nueva separación de poderes y, con ello, a un nuevo tipo de responsabilidad política.

Se dice que el ex líder chino Deng Xiaoping planteó en 1987 que habría elecciones nacionales en 50 años. La trayectoria democrática de China genera poca fanfarria, pero en realidad puede llevar a cumplir la promesa de Deng antes de lo previsto.

Steven Hill. Su último libro es Europe’s Promise: Why the European Way is the Best Hope in an Insecure Age. Traducido del inglés por David Meléndez Tormen.

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