Los poderes del Banco de España

La unión bancaria continúa, sin ruidos, avanzando hacia su inicio, el próximo noviembre. Y en este proceso, tiene gran trascendencia cómo y quién va a ejercer la labor supervisora y de control de la banca del área del euro. En el diseño de la unión monetaria, el reparto de poderes que se decidió delegaba en el BCE la política monetaria, mientras que la banca central de cada país se quedó con la supervisión de los respectivos sistemas financieros nacionales. Los desastres de la crisis y los problemas generados, o no anticipados, por algunos bancos centrales han propiciado un cambio, la unión bancaria, que tiene tanta trascendencia como la propia adopción de la moneda única. Implica, en pocos meses, nada menos que la desaparición de las 18 autoridades supervisoras nacionales. Y de un sistema fragmentado, con procedimientos distintos en cada país, se está pasando a otro en el que toda la banca va a tener la misma supervisión y, además, con idénticas reglas.

Hace unos días, el presidente de la Asociación Española de Banca, José María Roldán, avanzaba algunos extremos del nuevo sistema. El BCE controlará, sólo indirectamente, las pequeñas instituciones, que continuarán supervisadas por el banco central de cada país, por delegación del BCE. Pero en el caso de los de mayor tamaño, los 130 bancos que ahora tiene bajo su lupa, y entre los que se encuentran la mayoría de los españoles, su control será directo y sin intermediarios. Los Joint Supervisory Teams, los equipos encargados del mismo, estarán presididos por el BCE y la nacionalidad de su dirección será distinta a la del banco supervisado, aunque también se integrarán inspectores de cada banco central. Pero para los bancos internacionales, aquellos con mayor riesgo sistémico, el BCE no sólo presidirá los equipos de supervisión, sino que los representantes nacionales estarán en ellos meramente como observadores.

Como pueden apreciar, son aspectos técnicos, pero de profundo calado político. Ese nuevo esquema expresa, desde el BCE, una notable desconfianza hacia los bancos centrales nacionales. Una desconfianza merecida, probablemente, porque cada uno intentó resolver los problemas de su sistema financiero como creyó más oportuno. Y, como se ha visto, no siempre fue del modo más adecuado.

Con el nuevo mecanismo de supervisión, la unión monetaria da un enorme salto adelante. Era imposible prever cómo la crisis cercenaría las conexiones con sus supervisores, de un poder económico tan neurálgico como el financiero. Hay que convenir que era difícil imaginar hasta qué punto los poderes del Banco de España, o de otros bancos centrales, iban a quedar mermados. El Banco de España pierde. Pero, como siempre en la historia de esta compleja Europa, gana el proyecto europeo. Para que avance éste, debe retroceder aquel. Y en eso estamos. Alegrémonos por ello.

Josep Oliver Alonso

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