Los premios Sabino Harana

El PNV, a través de su Fundación Sabino Arana, entregará este domingo 30 de enero los premios anuales que llevan el nombre del fundador del partido. Lo hará con motivo de su nacimiento (el 26 de enero de 1865) y en una ceremonia que pretende ser el homenaje más vistoso de todos los que le tributan sus seguidores.

Ahora hace justamente un año escribí otro artículo con el mismo motivo en EL ESPAÑOL, El apellidismo en los premios Sabino Arana, donde expliqué que Arana significa ciruela o ciruelo en eusquera.

Cuál fue mi sorpresa cuando varios colegas, tras leerlo, me hicieron observar, un tanto sorprendidos, que Arana no es ciruela o ciruelo, sino valle. Estamos hablando de gente cualificada y, en algunos casos, incluso no nacionalista.

Descubrí entonces que todos los nacionalistas vascos, aparte de otra mucha gente que no lo es, están convencidos de que Arana es valle y no ciruela o ciruelo. Incluso recurren, como razón de peso, a que el Valle de Arán se llama así porque Arán es valle, y Arana es su correlato eusquérico.

Curioso argumento, que les hace buscar una justificación en el norte de Lérida (donde hablan aranés, variante del occitano) teniendo el País Vasco francés al lado, donde la hache es corriente y donde valle, desde siempre, se escribe harana en eusquera.

Muchos de ustedes pensarán que todo esto son majaderías. Y yo les daría la razón sin dudar si no fuera porque esta aparente nadería es solo la punta del iceberg de los manejos de una ideología nacionalista que invierte cantidades ingentes en el eusquera, con un rendimiento cuando menos discutible.

El uso del eusquera en las zonas rurales, donde antes era mayoritario, está descendiendo. Vamos hacia una extensión de su empleo, pero a un nivel muy básico de destreza, lo que lo convierte en un idioma más simbólico que real y que conlleva el empleo mayoritario del español para cualquier tema que requiera precisión conceptual. Por ejemplo, la resolución de conflictos o la determinación de derechos.

Y si te apellidas ciruela o ciruelo, pues a mucha honra, claro que sí. Pero los nacionalistas vascos no admiten la evidencia y se toman como una afrenta que "el Maestro" (los muy cafeteros del nacionalismo vasco se refieren así a él) se apellide ciruelo en eusquera.

El caso es que lo tienen muy fácil para solventar esta cuestión y, de paso, ser un poco coherentes consigo mismos.

Durante este régimen nacionalista que padecemos en Euskadi desde por lo menos 1980 se han sustituido todos los nombres geográficos, administrativos y políticos por sus correlativos eusquéricos (en muchos casos de nueva invención) y se ha elaborado un nomenclátor para poner los apellidos en forma eusquérica.

Y así como a lo primero nadie se ha opuesto (incluso muchos lo ven como lo más natural del mundo), con lo segundo el resultado está siendo más bien discreto, en consonancia con el escaso uso del eusquera.

Pero hete aquí que el apellido del fundador del nacionalismo se sigue escribiendo hoy, en 2022, tal como se escribía cuando no existía nacionalismo. Cuando todo el mundo escribía Urcullu, Ibarreche o Garaicoechea en lugar de Urkullu, Ibarretxe o Garaikoetxea.

Es cierto que hay muchos apellidos vascos, más de un tercio del total, que se escriben exactamente igual en eusquera y en castellano. Uriarte o Madariaga, por ejemplo. Y mi impresión era que Arana sería también uno de estos. Pero hubo un hecho que lo cambió todo.

En el marco del proceso de unificación del eusquera, a partir del congreso de Aránzazu (Guipúzcoa) de 1968 estalló un furor normativista que afectó a dos pilares de la identidad histórica de este idioma: su dialectización y su oralidad intrínsecas. Dicho furor se vio incrementado exponencialmente con la llegada del nacionalismo vasco al poder.

La Real Academia de la Lengua Vasca (Euskaltzaindia) celebró una sesión el 30 de noviembre de 1979 (según nos explica Luis Villasante, a la sazón presidente de la institución, en su trabajo La H en la ortografía vasca) en la que se aprobó la regulación del uso de las haches en eusquera por la que, a partir de entonces, valle se escribiría harana y ciruela o ciruelo, arana. Algo que se trasladó inmediatamente a los diccionarios y que quedó así establecido oficialmente.

Villasante afirma en ese libro que el propio Sabino Arana no hubiera estado en contra de ese cambio de régimen de las haches.

Lo que ocurrió a partir de ese momento es que Harana y Arana, como también son apellidos vascos, se vieron afectados de lleno y sin remedio por la nueva norma. Pero no en su grafía, sino en su significado, hecho singular que no ha ocurrido, que yo sepa, con ningún otro apellido vasco. Y ya es casualidad que el cambio afectara al fundador del nacionalismo vasco.

Lo cierto es que, tras ese acuerdo de Euskaltzaindia de 1979, el Gobierno vasco euscaldunizó los nombres de las localidades que incluían valle o Arana en su denominación. Y a todas, sin excepción, las redenominó Harana.

Por referirnos sólo a municipios y no a entidades menores (donde ocurrió lo mismo), el alavés Valle de Arana, en el límite con Navarra, pasó a denominarse Harana en eusquera.

El vizcaíno Valle de Carranza, en el extremo occidental de Vizcaya, comarca de Encartaciones, donde históricamente lo único que se ha hablado ha sido castellano, pasó a denominarse en eusquera Karrantza Harana.

Para otro municipio de Vizcaya, Valle de Trápaga, la propia Euskaltzaindia dejó dicho que "la versión euskérica ha de ser, o bien Trapagaran, o, de transcribirse de forma separada, Trapaga Harana. En el segundo supuesto ha de ir necesariamente con artículo [se refiere a la terminación en A de Harana] y con la grafía normalizada del sustantivo valle, con h, es decir, Harana".

El caso es que, por eufonía, quedó Trapagaran.

Pero con la singular pareja de apellidos Arana/Harana, los nacionalistas no quisieron aceptar el cambio y siguieron afirmando, hasta hoy, que arana es valle, como lo era antes de 1979 en la parte del País Vasco español u occidental, mientras que en el País Vasco francés u oriental era harana, que es la forma que quedó como oficial a partir de entonces.

Las consecuencias de ese cambio deberían afectar también, en teoría, a los derivados de estos apellidos, que hay unos cuantos. Así, por ejemplo, si según los diccionarios etimológicos de apellidos Aramburu o Aranguren se refieren a valle, entonces sus grafías eusquéricas deberían ir también con hache (Haranburu y Haranguren), mientras que si Araníbar o Aranegui se refieren a ciruela o ciruelo, entonces se deberían quedar sin hache en eusquera.

Pero estas son consideraciones secundarias, aunque también lógicas, de la cuestión principal que aquí se dirime. Que no es otra que la de un movimiento nacionalista que ha redenominado todo lo redenominable en el País Vasco (lo que tuvo que costar un pico en letreros e indicadores), que ha propuesto cambios en todos los apellidos susceptibles de cambiar su ortografía por la eusquérica y que incluso apoyó unos Presupuestos Generales, los de 2011, a cambio de que en España sólo se escribiera Bizkaia y Gipuzkoa, en forma eusquérica, en vez de Vizcaya y Guipúzcoa.

Pero esos mismos euscaldunizadores a diestro y siniestro han decidido que el apellido del fundador de su propio movimiento no se toca y que sigue significando valle, como era hasta 1979. Si fueran mínimamente coherentes y quisieran corresponder al esfuerzo que han obligado a hacer a toda la ciudadanía, no deberían haber esperado a que nadie les señalara esta incongruencia. Y si dicen que Arana es valle tendrían que escribir Premios Sabino Harana o Fundación Sabino Harana. Porque así lo dice Euskaltzaindia y todos los diccionarios de eusquera actuales.

Como cabe pensar que, si no lo han hecho hasta ahora es que no lo van a hacer, entonces permítanme dos observaciones.

Una, que Sabino Arana, desde 1979, se pongan como se pongan, es la forma normalizada en eusquera de decir Sabino Ciruela o Sabino Ciruelo.

Y dos, que si continúan sosteniendo que Arana así escrito es valle, entonces es que las normas de Euskaltzaindia, que todos los vascoparlantes deben respetar, se las están saltando para el caso de su propio fundador. Justamente el que inició la absurda y lamentable historia del nacionalismo vasco.

Pedro Chacón es profesor de Historia del Pensamiento Político en la UPV/EHU.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.