Los quintacolumnistas de Putin en el Gobierno

¿Qué calaña moral puede tener quien en vez de defender a los agredidos inocentes los ataca? ¿Qué calaña moral puede tener quien insulta a las democracias occidentales y defiende a la dictadura de Putin? ¿Qué calaña moral puede tener quien cobrando un sueldo del Estado, que todos le pagamos con nuestros impuestos, ejerce unas funciones que desconocemos, porque ni él mismo las sabe? Este personaje siniestro se llama Enrique Santiago y es el secretario de Estado para la Agenda 2030. Para esas fechas, según él, Ucrania, un país independiente, ya debería estar bajo la bota rusa, y las democracias occidentales que le permiten decir semejantes cosas estar ya destruidas. ¿Qué calaña moral puede tener quien prefiere la falta de libertad, la censura, el asesinato (la amenaza siniestra en la felicitación a Macron, deseándole una buena salud) y encarcelamiento de los opositores, la destrucción de ciudades y el aniquilamiento de civiles, la corrupción, la creación de grandes fortunas salidas del saqueo de las materias primas del pueblo ruso, la persecución de los homosexuales, el envío de jóvenes a morir en los campos de batalla donde muchos se han dedicado al saqueo, el asesinato y las violaciones? ¿Qué calaña moral se puede tener cuando se defiende a quien amenaza con destruir el mundo? El además secretario general del PCE, a la vista de sus opiniones, debería dimitir de su cargo, e irse voluntario a luchar por Putin. Lo mismo que Díaz, en este caso la más moderada, Belarra, Montero o Garzón. Y lo mismo sucede con Isabel Serra, portavoz de Podemos, que ha pedido el boicot a la cumbre de la OTAN en Madrid. ¿Dónde está su dignidad? Evidentemente no la tienen. ¿Cuándo tendrán otra oportunidad en su vida de subirse a un coche oficial? Deberían imaginarse con sus hijos encerrados por meses en los túneles del metro, por ejemplo, de Banco o Sol, sin comida, sin medicinas, bombardeados permanentemente.

Los quintacolumnistas de Putin en el GobiernoQuienes piden la paz, y quién no, mienten. Los que piden la paz quieren una rendición incondicional ante el tirano. Pero no solo la extrema izquierda y los independentistas patrios han mostrado sus preferencias por Putin, ya me gustaría saber lo que haría su héroe si estuvieran bajo su poder, y no bajo nuestra imberbe democracia; sino también nuestra extrema derecha que unos días antes de comenzar la guerra suspiraba por ir a Moscú y hacerse una foto con su también ídolo. Ahora están callados. Fue significativa la reunión de todos los representantes ultraderechistas europeos, algunos como Orban o Le Pen adoradores del ex miembro de la KGB. La dirigente francesa sí se hizo esa foto con quien la subvencionó. Marine Le Pen, que propone el desmantelamiento de la UE y de la OTAN, así como establecer una alianza con Putin. Es decir, pasar a ser una especie de República rusa adherida, como fue la Francia de Pétain con los nazis.

Extrema derecha, extrema izquierda, nacionalismos varios y demás especies selváticas en España, están con Putin. ¿Qué calaña moral hay que tener para ir contra la libertad y a favor de quienes la guillotinan? En el Informe del XI plenario del Comité Central del PCE (2020), se pedía que hubiera movimientos revolucionarios en España pro Putin. IU y Bildu se negaron a condenar a Rusia en el Parlamento Europeo. Y diputados de estas formaciones no aplaudieron al presidente Zelenski cuando habló por videoconferencia a nuestro parlamento. El ministro Garzón dijo que él sí lo había hecho por respeto institucional. ¿Sabrá él lo que es eso? Y en la trastienda del ultramarinos, Iglesias y Monedero, cráneos privilegiados. Todos ellos, individual o colectivamente, son cómplices de lo que está ocurriendo, como lo fueron aquellos colaboracionistas franceses, intelectuales o no, que se pusieron de parte de los ocupantes.

El novelista norteamericano Upton Sinclair (1878-1968) ayudó a sus conciudadanos a entender nuestra Guerra Civil y escribió sobre la misma su libro ¡No pasarán! (1937). El Pulitzer de ficción (1943), y militante del Partido Socialista Norteamericano y luego del Demócrata, escribió en Candidate for Governor, que "es difícil hacer entender algo a un hombre o a una mujer cuando su salario depende de no entenderlo. Es igualmente difícil que alguien entienda algo cuando el sentido de su vida depende de no entenderlo". Justo esto es lo que le pasa a este secretario de Estado de Agenda 2030, una verdadera irrisión, así como al ala extrema del Gobierno. No son capaces de entender el dinero que cobran y los privilegios que tienen sin mérito alguno y sin labor conocida más que la de ser antisistemas. Y mientras toda esta jarca que dice hablar en nombre propio, algo imposible cuando se ostenta un cargo público de representación, nuestro presidente acudió a la Pasarela de Moda Kiev, para fotografiarse con el presidente ucraniano y ver in situ los horrores que defienden sus socios de Gobierno.

¿Cómo el presidente Biden (Demócrata) puede tener en cuenta a nuestro país con semejante desatino de Gobierno, en el que nada menos que una vicepresidenta y varios ministros lo insultan a él y a su país? ¿Cómo se puede confiar en un Gobierno cuando en la Comisión de Secretos Oficiales están los espías de Putin? ¿Cómo se puede traicionar a una de las mejores y más sensatas ministras como Margarita Robles, dándoles la razón a ERC, Junts, Bildu o la CUP? ¿Qué calaña moral hay que tener para mantener semejante Gobierno en unos momentos de gravedad, inéditos desde la Segunda Guerra Mundial?

En estos tiempos la cohesión europea y la defensa militar que proporciona la OTAN son vitales, pues muy pocas naciones podrían solas defenderse a sí mismas, entre ellas, España. Y, sin embargo, en nuestro país presumimos de ministros antieuropeos, antinorteamericanos, anti-OTAN y pro Putin. ¡Fantástico! Y si a esto añadimos las grandes alianzas con Venezuela y demás populismos hispanoamericanos, podemos estar tranquilos de que no nos va a pasar nada. Y las escuchas telefónicas de las que no se entera el ministro Bolaños, el verdadero culpable de dejar al desnudo a su presidente. Y el Papa, que quiere ir a Moscú y hace méritos contra la OTAN. ¿A cuál de sus varias suegras le presentará Putin?

El presidente Sánchez no solo ha contribuido al enfrentamiento interior entre los españoles, haciendo oídos sordos a las víctimas de ETA, o bailándoles el agua a los nacionalistas catalanes después de lo que hicieron y prometen que volverán a hacer; ahora da bandazos con el Sahara, con Marruecos y Argelia, poniéndonos en un peligroso laberinto exterior. Putin no tiene ideología, practica un ateísmo ideológico que también es una manera de totalitarismo. Mucho se ha acusado a las religiones, con razón, de haber sido causantes de muchos millones de muertes a lo largo de los siglos. Pero ¿acaso las ideas laicas no han hecho lo mismo e incluso peor? ¿Qué hicieron Stalin, Mao, Hitler, Mussolini, Pol Pot? ¿Qué está ahora haciendo Putin con su megalomanía imperial? En realidad, tanto las religiones como el resto de las ideologías han sido creadas por los seres humanos, por eso no podía haber grandes diferencias entre ambas. Putin es extremadamente peligroso, ya vemos que no tiene la más mínima piedad. Los ucranianos se han dado cuenta de que su existencia tiene sentido al defender nuestras libertades. Como decía Nietzsche, quien tiene un "porqué" por el que vivir, puede soportar cualquier "cómo".

Los ucranianos que siguen luchando numantinamente, están combatiendo por nuestra dignidad. La democracia no es un sistema político que no pueda y deba tener que defenderse. Por el contrario, debido a las libertades que proclama y otorga, siempre se encuentra en permanente riesgo. Putin es una amenaza, pero también sus quintacolumnistas, sus soplones, sus publicistas. Lo que está sucediendo en Europa no es un juego de niños en el patio de un colegio, sino una tragedia que se puede prolongar por mucho tiempo y quizás en extensión. Estamos en guerra, sí, estamos en guerra, aunque esto nos resulte extraño, ajeno, increíble, lejano o imposible. O se está con nuestras democracias o se está contra ellas. Y quienes están declaradamente a la contra, no solo no deben ser sostenidos por el Estado, sino apartados como apestados. No son de fiar y menos en el gobierno de un país libre y avanzado. Los votantes deben saber que, cuando llegue el momento de hacerlo, tendrán que elegir entre la vida de nuestras ciudades o la de la difunta Mariúpol. Aquí no hay ninguna otra posibilidad. Como escribió T. S Eliot en Cuatro Cuartetos: "El género humano no debería soportar tanta realidad".

César Antonio Molina es ex ministro de Cultura y escritor. Sus dos últimos libros publicados son Las democracias suicidas (Fórcola) y ¡Qué bello será vivir sin cultura! (Destino).

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.