Los reclutas del fanatismo islámico

A veces los titulares de los artículos, por ser grandilocuentes o esconder eufemismos para llamar a las cosas, inducen a la confusión. En otras ocasiones, alimentan temores infundados a fenómenos de los que la población parece muy alejada o tiene una percepción del riesgo mínima. Sin embargo, creo no equivocarme al asegurar que ese no es el caso, cuando hablamos de lo que se ha venido a denominar el fenómeno de los combatientes terroristas extranjeros. El fenómeno de los combatientes extranjeros no es nuevo, pero sí lo es el hecho de extender el terror por parte de aquellos que regresan o transitan por sociedades inicialmente ajenas al conflicto.

El mal llamado Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL) (porque ni es Estado ni sigue la verdadera doctrina del islam) se ha convertido en un periodo de tiempo récord en una de las organizaciones terroristas más saneadas económicamente del mundo. Para poder mantenerse ha sido capaz de utilizar distintos mecanismos de financiación, desde el control de campos de petróleo y refinerías a la extorsión y el contrabando de antigüedades, por citar solo unos pocos. Eso le ha permitido establecer lo que podría ser un sucedáneo de administración. El hecho es que controla una población de alrededor de cinco millones de personas y que eso le permite disponer en sus filas de alrededor de 25.000 combatientes terroristas extranjeros, por utilizar las estimaciones más bajas, en cifras que van aumentando cada día.

Precisamente, para estudiar cómo detener el flujo de combatientes terroristas extranjeros, y aprovechando la presencia española en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y el rol que asume España a nivel internacional en la lucha contra el terrorismo, los próximos días 27 y 28 tendrá lugar en Madrid, de forma inédita, una Reunión Especial del Comité Contraterrorista del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas abierta a todos los estados miembros de la ONU.

El objetivo es estudiar la mejor manera de poner en práctica las disposiciones de obligado cumplimiento para todos los estados miembros de la ONU de la Resolución 2178 del Consejo, aprobada el pasado mes de noviembre. Se trata de estudiar a fondo y desde distintas perspectivas el problema causado por los ciudadanos que son reclutados en su país de origen y se trasladan a otro para participar en actividades terroristas. Al respecto, los representantes del Consejo y del resto de países miembros de la ONU estudiarán y debatirán sobre cómo mejorar la capacidad de los países para detener este fenómeno. Está prevista además una reunión ministerial que haga una declaración al respecto.

Previamente a la reunión del Consejo, representantes de la Dirección Ejecutiva que me honro en dirigir han organizado unas sesiones técnicas con participación de todos los organismos internacionales, regionales y subregionales que trabajan en estos temas. Es de esperar que a su conclusión tengamos una serie de resultados sobre la detención, la prevención, el reclutamiento, la persecución o incluso la rehabilitación y la reintegración de estos combatientes.

El objetivo último es precisamente el único que ha guiado mis trabajos desde que me incorporé desde la Corte Suprema de mi país, Francia, como magistrado, a las Naciones Unidas. Evitar que se produzcan nuevas víctimas. Nunca me cansaré de decir que si existe una característica común de las víctimas del terrorismo es que nunca buscan revancha, sino justicia. Los terroristas deben cumplir con la Justicia. Esa es la primera y única demanda de las víctimas, en todos los lugares del mundo. Pero es que esa es también la primera exigencia del Imperio de la Ley. Porque además, como algún periodista americano decía el siglo pasado, nadie podrá aterrorizar a una nación a menos que todos seamos sus cómplices.

Jean-Paul Laborde, director ejecutivo del Comité Contraterrorista del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

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