Los refugiados olvidados

Desde los albores de la humanidad y por pura supervivencia el hombre ha necesitado desplazarse a otras tierras distintas a las suyas originales, buscando alimento, bebida, protección, cobijo y otras muchas necesidades básicas. La falta de recursos materiales, las guerras, el afán de poder y dominio han originado la necesidad de buscar regiones y zonas donde se pueda vivir en justicia y paz, y con la dignidad que merece el ser humano.

Según datos de Acnur, desde la II Guerra Mundial no se había producido una crisis de refugiados de las dimensiones actuales, pasando de más de 13 millones de personas a las más de 60 millones de ahora, principalmente provenientes de Siria, Afganistán, Somalia, Sudán, Sudán del Sur, República Democrática del Congo, República Centroafricana y Nigeria.

Aunque estamos hablando en todo caso de auténticas situaciones dramáticas todas ellas, no obstante me quiero referir específicamente a la realidad desconocida por muchos, tanto en falta de información como en cantidad de personas y calidad de su situación, que es la de los refugiados en origen.

¿Sabían ustedes que por cada refugiado que llega a Europa hay cien que permanecen en sus países de origen o en campos de refugiados en países vecinos? Se estima que cada día abandonan forzadamente sus casas 42.500 personas. Lo han perdido todo: trabajos que sostenían a sus familias, sus casas, la educación.

Gracias a Dios, somos diversos los organismos internacionales y asociaciones de caridad que nos volcamos con este colectivo olvidado, con estos 60 millones de personas que sufren el trauma de la guerra, del terrorismo inmisericorde, del mal reparto de los bienes, o de violaciones y secuestros que dejan destrozadas a las familias. La Cruz Roja Internacional, Acnur y muchos otros. Entre ellos me gustaría destacar la labor heroica de la Iglesia católica, a través de la mayor red de voluntarios del mundo, con misioneros religiosos que se dejan la piel literalmente en el terreno por los demás, con laicos entregados que entienden que ayudar al necesitado es dar gloria a Dios a través de Cáritas, de Manos Unidas, de los Jesuitas, de los Salesianos y Combonianos, de los Padres Blancos, del Instituto del Verbo Encarnado, de las Hermanas de la Caridad, de las Obras Misionales Pontificias y de decenas más de congregaciones y ONG que están volcadas en esta anónima tragedia.

Es por todo ello por lo que estas navidades la Fundación Pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN), presente en el mundo desde hace ya 68 años, que nació para ayudar pastoral y materialmente a los refugiados en Europa del Este en 1947 y a la que luego los distintos Papas le pidieron que extendiera su ayuda a todo el mundo, ha decidido lanzar esta campaña valiente por los «Refugiados en origen». Comprendo que no esté nada de moda, pero sí creemos que es absolutamente imprescindible.

Durante unas semanas acaparan todos los titulares de las noticias, terribles atentados como los recientes de París, o los que en el pasado sufrimos en Nueva York, Madrid o Londres. Pocas veces el buen periodismo nos lleva a escenarios igualmente dramáticos, como Sudán, Nigeria, RCA, Pakistán, Egipto, Siria, Irak, Yemen o Somalia, por citar solo algunos de ellos. Parece que la sangre en aquellos países es menos roja que la que se derrama por manos asesinas en Europa. Así, nos decía una religiosa argentina a quien le ha tocado trabajar en Aleppo (Siria) durante los más de cuatro años y nueve meses que lleva esta guerra, que cada día hay bombas, atentados y muertes similares a los de los atentados de París y que madres cristianas han tenido que ver cómo enterraban vivos a sus hijos o crucificaban a sus maridos por apellidarse seguidores de Cristo.

De forma muy especial, nos hemos centrado muchas organizaciones de caridad en los conflictos actuales de Siria e Irak que cada día engordan las cifras anónimas de muertos. En AIN hemos hecho en los últimos cuatro años nuestras mayores colectas para poner unas gotas de esperanza en medio de esta tragedia de compleja y complicada resolución, por los muchos y poderosos intereses internacionales en juego.

Pero yo les quiero hablar al corazón: ¡ayude a los más de 1.5 millones de refugiados del Líbano, a los de Jordania, a los desplazados que huyen del terrorismo yihadista de Boko Haram en Nigeria, a los que sufren el terror de las guerrillas de Seleka y Anti-Balakas en RCA, a los refugiados de Sudán y del Congo, a los que emigran de Afganistán o Pakistán por la intolerancia religiosa o a los que han sufrido catástrofes naturales, como en Haití o en Filipinas! Ellos nos tienden su mano desnuda, nosotros quizá tengamos las nuestras oxidadas de no abrirlas.

¡Tú eres su esperanza, y posiblemente ellos sean también la nuestra!

Javier Menéndez Ros, director nacional de Ayuda a la Iglesia Necesitada.

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