Los retos de América Latina

El mapa económico mundial se está transformando. La caída de los precios de las materias primas, la aparente recuperación del mercado estadounidense y la ralentización del crecimiento chino son ejemplos de esta transformación.

La palabra que define el contexto actual en Latinoamérica no es otra que la de “incertidumbre”. Sin embargo, en el devenir futuro de América Latina se vislumbran tres factores claves que, además, están asociados con tres referencias geográficas en el mundo: China, Brasil y el Pacífico.

Por un lado, la presencia China en América Latina se ha expandido a ritmos acelerados durante los últimos años fruto del suministro de materias primas desde esta hacia aquella. Este fenómeno de “alimentar al gorila de la materias primas de los 400 kilogramos de peso” ha generado una considerable dependencia en la región como se está poniendo de manifiesto en los últimos meses.

Aquellos países más dependientes de la producción de materias primas para el mercado chino se han visto más expuestos económicamente, dada la bajada brusca de los precios del petróleo, que parece que van a mantenerse en torno a –o por debajo– de los 50 dólares el barril durante un tiempo largo, y, por extensión, del resto de las materias primas minerales o agrícolas.

China, además, se encuentra sumida en pleno proceso de transición de su modelo económico hacia una economía más volcada hacia el consumo interno y hacia el sector servicios.

Aunque esta dependencia podría advertirse –y algunos así lo consideran– como una amenaza para el futuro crecimiento sostenible de las economías de América Latina, es, a la vez, una buena oportunidad para que los países latinoamericanos opten, a su vez, por transformar sus matrices productivas y escalar en las cadenas de valor hacia actividades de mayor valor agregado, alejadas de la mera extracción y comercialización de materias primas.

Independientemente de la evolución de los precios de las materias primas en el corto y en el medio plazo, es importante reconocer que China no está pasando de puntillas por América Latina, ni es un inversor oportunista en aquellas geografías.

China no solo es el segundo socio comercial de la región, en su conjunto, sino que, desde un punto de vista más granular, China es el primer socio comercial de Brasil, Chile o Perú, el segundo de Argentina, Ecuador, Colombia o México y ya ha cerrado acuerdos de socio estratégico con Chile, Argentina, Perú, Costa Rica o México, Brasil, Venezuela o Ecuador. El Reino Unido acaba de hacerlo también. No debería sorprendernos que está sea una opción para los países de Latinoamérica.

El segundo factor a seguir de cerca durante los próximos meses es Brasil. Cualquier contrariedad que afecte al gigante brasileño no puede sino golpear al resto de la región. Cuanto más dependientes, comercialmente hablando, sean los países de Latinoamérica de Brasil, más dificultades económicas tendrán en los próximos años.

Este es el caso de muchos de los países del cono sur de América Latina mientras que, más al norte, desde México –el 80 % de sus exportaciones tiene como destino Estados Unidos– hasta Panamá, las economías de estos países y sus cadenas de valor están perfectamente integradas en la cadena de valor de los Estados Unidos de Norteamérica.

Si echamos la vista atrás, 2015 comenzó con la expectativa de que los problemas económicos de Brasil fueran solo un incidente menor que se resolvería, como mucho, con un trimestre de crecimiento negativo de su PIB. Para el comienzo del verano de 2015, se extendió entre los analistas la convicción de que todo 2016 sería un año de caída del PIB de Brasil con respecto al año anterior.

A la vuelta del verano pasado, esos mismos analistas ya auguraban que la recesión de Brasil duraría, por lo menos, hasta bien entrado 2017. Y, además, se extiende la impresión, justa o injustamente, con fundamentos o sin ellos, de que estamos solo al comienzo de lo peor en Brasil y que el país necesita, urgentemente, resolver sus problemas políticos si quiere cumplir sus expectativas de rápida recuperación económica.

Por último, todo apunta a que el futuro de América está en el Pacífico. Cuanto más volcados estén los países de América Latina hacia la cuenca del Pacífico, bien vía Alianza del Pacífico, bien vía TPP o bien vía una relación comercial más madura y de mayor valor agregado con China, mejor estarán ubicados para hacer frente a los vientos de cara a los que va a hacer frente América Latina en los próximos tiempos.

Jorge Cachinero es director corporativo de Llorente & Cuenca, director ejecutivo del Senior Management Program y profesor del IE Business School y miembro del Comité Científico del Real Instituto Elcano.

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