Los Reyes Magos fabrican en China

Por Jaume Ribera, profesor del IESE (EL PAÍS, 28/11/07):

Que algunos de los productos manufacturados en China tienen problemas de calidad no es ninguna novedad para quienes tienen experiencia allí. Applus, además de gestionar inspecciones técnicas de vehículos (ITV), hace ya años que se dedica a controlar la calidad de productos fabricados en China antes de ser exportados a Europa. Aun así, la cobertura en los medios de las retiradas de juguetes del mercado por motivos de seguridad cuando se acerca la temporada de Navidad ha sido sorprendente. A pesar de que el porcentaje de productos afectados es bajo y posiblemente no difiera significativamente del de productos procedentes de otros países, el volumen en valor absoluto es muy alto, y el hecho de que sean productos para niños y de que provengan de China, la denominada «fábrica del mundo», causante de la desaparición de muchos puestos de trabajo en los países occidentales, hace que impacto mediático de estos problemas de calidad haya sido muy alto.
En las últimas semanas he podido vivir las reacciones a este problema en EEUU y en China. El fiscal general de California ha presentado una demanda contra 20 empresas jugueteras americanas (entre ellas Mattel y Toys R’Us) por distribuir productos peligrosos. En China, se han multiplicado los controles del Gobierno a los fabricantes de juguetes, estableciendo un sistema de acreditación de calidad. La importancia que el Gobierno chino asigna a este tema queda demostrada por el nombramiento de su viceprimera ministra Wu Yi, que juega un papel similar al de nuestra vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega al tratar los temas más conflictivos, como directora de una comisión de estudio de calidad de productos y seguridad alimentaria, tras la condena a muerte por corrupción del director de la oficina que estaba a cargo de estos temas.

MATTEL, la mayor empresa de juguetes del mundo, ha tenido que recoger y devolver más de 20 millones de juguetes fabricados en China. Su director general, Bob Eckert, preparó un vídeo de comunicación a la prensa y a sus clientes en el que, siguiendo al pie de la letra las directrices que ofrecen los libros sobre comunicación en tiempos de crisis, se disculpaba por los inconvenientes causados a sus clientes. Como padre, compartía con ellos la preocupación por la seguridad de sus productos, y anunciaba las acciones que se habían tomado para garantizarla, dirigiendo la culpa hacia los fabricantes chinos.
Algunos congresistas y senadores americanos apuntaron que el cartelito «Made in China» no era solo de información sobre el país de origen, sino una advertencia sobre la calidad del producto. Las autoridades chinas respondieron indicando que la demonización de los productos chinos no era más que otra forma de proteccionismo ilegal por parte de Estados Unidos, y en pocos días devolvieron algunas partidas de pollo importadas desde aquel país que no cumplían las condiciones de sanidad chinas.
Algunos consumidores americanos han decidido eliminar los productos chinos de su cesta de compra esta Navidad, pero en las condiciones actuales es casi imposible lograrlo. Un divertido libro de Sara Bongiorni titulado Un año sin ‘Made-in-
China’: las aventuras reales de una familia en la economía global describe los esfuerzos que tuvo que hacer la protagonista para pasar todo un año sin comprar un producto hecho en China. Curiosamente, los periodos más difíciles de superar fueron los periodos festivos, como Halloween o Navidad, en que todos los ornamentos provienen de China.
Mattel, quizá por remordimiento, o quizá por su dependencia casi exclusiva de la producción en China en pocas semanas se retractó de sus declaraciones iniciales y admitió, en una entrevista con las autoridades chinas, que un 80% de los problemas no eran debidos a la producción en China, sino al diseño del producto realizado por Mattel. Mientras en EEUU se considera que Mattel se ha rendido a las presiones chinas, China estima que su reacción ha sido demasiado tardía y amenaza con demandar a Mattel por daños de imagen.

PARA ENTENDER los problemas de calidad de los productos chinos hay que tener en cuenta que, aunque la capacidad de producción de China es enorme, la industrialización del país es muy reciente, y, por tanto, la madurez de los procesos en muchas empresas es aún baja. Un colega en Shanghái me decía que es como un adolescente: con mucha fuerza, capaz de hacer muchas cosas, pero poco maduro, que requiere aún supervisión. Si a esta poca madurez se añade un volumen de demanda creciente, las condiciones para tener problemas aumentan.
También el rango de calidad de los productos que se venden en China es mucho mayor que el que hay en nuestros países. En una tienda en China se pueden encontrar productos de marca reconocida, iguales a los que hay en Barcelona, junto a productos de calidad ínfima, que nunca se venderían en España. La percepción es que, si el precio es suficientemente bajo, todo tiene su mercado. Es el comprador quien debe asegurarse de que consigue la calidad que desea.
La capacidad productiva en China incluye productos de alta calidad y productos que no la tienen. Las empresas occidentales deben tener claro que, como en todo el mundo, en China uno recibe aquello por lo que paga. Si se va reduciendo el precio que se paga al proveedor chino, habrá un momento en que la calidad se resienta.