Los símbolos de la Meca

Por Dolors Bramon, profesora de Estudios Islámicos de la Universitat de Barcelona (EL PERIÓDICO, 12/01/06):

Este año, y por primera vez, Televisió de Catalunya ha emitido una ceremonia islámica en directo. La Corporació ha dicho que la transmisión desde el barrio barcelonés del Raval respondía al intento de normalización de las diversas religiones que se practican en Catalunya. En este caso se trataba de la fiesta del sacrificio, llamada también la fiesta grande de los musulmanes. Con ella culminan los ritos del peregrinaje, que constituye el quinto pilar del islam y que todo fiel ha de cumplir una vez en su vida si tiene posibilidades de hacerlo.

El objetivo principal es la gran mezquita de la Meca en cuyo patio está la Kaaba. Según el Corán, Abraham e Ismael pusieron sus cimientos y por ello el islam la considera el primer templo dedicado a la adoración del Dios Único, anterior al erigido por el rey Salomón en Jerusalén.

La Kaaba es una edificación de forma cúbica y sin techo (de 10 por 12 metros de base y 15 de altura) construida con piedra gris, que contenía los símbolos de las diversas divinidades de los árabes preislámicos y que fueron destruidos por el profeta cuando implantó el monoteísmo en la Meca. En el ángulo oriental, y a 1,40 metros de tierra, está la Piedra Negra, roca basáltica venerada especialmente por los creyentes.

Entre las diversas construcciones de la gran mezquita, destaca un pequeño edificio que ampara otra piedra que, según la tradición, fue utilizada por Abraham para subirse a ella cuando edificó la Kaaba y que conserva –dicen– la huella de sus pisadas, y una pequeña cúpula que cubre el pozo de Zamzam (de 42 metros de profundidad), que contiene agua considerada milagrosa por los fieles que creen que manó por primera vez cuando Agar y su hijo Ismael fueron abandonados en el desierto. Los peregrinos se la llevan como recuerdo. También les reparten –previa limosna– retales de la funda de brocado que cubre la Kaaba y que se renueva anualmente.

EL TERRITORIO de la Meca se considera sagrado y vetado a los no musulmanes. Para acceder a él, el peregrino tiene que vestir dos prendas de ropa blanca sin costuras, calzar sandalias, afeitarse (los hombres), ir con la cara descubierta (hombres y mujeres, y éstas, vestidas decentemente y con el pelo cubierto) y no utilizar cosméticos ni otros productos para el embellecimiento. Está prohibido también cortarse las uñas o el pelo, verter sangre y tener relaciones sexuales.

El ceremonial seguido por los peregrinos consta de una primera parte que corresponde a los ritos preislámicos y que consiste en dar siete vueltas a la Kaaba en sentido contrario al de las agujas del reloj. Con este recorrido los fieles pretenden imitar a los ángeles que giran en torno al trono de Dios. A continuación inician siete carreras entre dos viejas colinas separadas por 140 metros y que hoy ya se encuentran casi a nivel de tierra. Según el Corán, fueron el camino hecho por la desterrada Agar mientras iba a buscar agua para Ismael. Este recorrido, de casi un kilómetro, simboliza las oscilaciones que hará la balanza el día del Juicio Final.

También se reza en el valle de Mina, situado a unos 12 kilómetros de la Meca, y en el de Arafa, a 25. En Mina, inmolan a un animal en memoria del que sacrificó Abraham en lugar de su hijo, y lo mismo hacen los musulmanes en todo el mundo. También en Mina lanzan tres veces siete piedrecitas a unas estelas que simbolizan el diablo, tal como hizo Abraham cuando éste le incitaba a no obedecer a Dios. Se cuenta que hay que hacer esta lapidación de la misma forma en la que se obedece una orden aunque no se comprenda, como el Patriarca.

Después de estas ceremonias, recuperan el estado profano, vuelven a vestir como suelen hacerlo habitualmente y los hombres se afeitan todo el pelo y las mujeres, un mechón. En adelante, los peregrinos recibirán el título honorífico de hajj –hajja en femenino–.

ES OBVIO que las circunstancias y el cumplimiento de todo el rito han variado mucho con el tiempo. En la edad media, el peregrinaje jugó un importantísimo papel en los intercambios de ciencia y de conocimientos, pero el viaje suponía grandes dificultades. En tiempos modernos es mucho más factible, pero se han acentuado los problemas sanitarios: en el año 1865, una epidemia causó 15.000 muertos; en 1893, en un solo día murieron 2.500 peregrinos en la Meca; en 1997, la explosión de una bombona de butano causó 200 muertos en un campamento y este año se ha hundido un hotel.

Otro problema importante es el de la masificación. Es por ello que el Gobierno saudí, por medio del Ministerio del Hajj y de agentes de viajes especializados, limita el número de peregrinos a unos 2,5 millones anuales. Por eso, cuando se dice de algún dirigente que es muy piadoso porque ha hecho más de una vez la peregrinación, pienso en los miles de fieles que no lo conseguirán nunca.