Los viajes de Gulliver

Los viajes europeos del ex presidente de la Generalitat de Cataluña, como otro Gulliver, han servido para atraer a su causa a varios sectores de la opinión mundial. El aspecto más maravilloso de las causas perdidas es que siempre hay personas bienintencionadas que no saben nada de los hechos pero que no dudan en dar su apoyo. Agreguen a esto las asombrosas capacidades de internet, que ayuda a difundir noticias verdaderas o falsas en cuestión de segundos a lo largo del universo digital, y ya tienen la formula para una exitosa iniciativa de propaganda.

En estas últimas semanas, el circo publicitario organizado por Carles Puigdemont ha logrado llegar hasta China. El ex president y el artista disidente chino Ai Weiwei se vieron el pasado mes en Berlín, en un encuentro que ambos compartieron en las redes sociales. «He conocido al valiente líder catalán Carlos Puigdemont, un caso de prueba sobre los derechos humanos y la democracia en Europa», escribió el artista chino, cuyo conocimiento de los asuntos españoles puede que no sea muy fiable. Esa palabra «valiente» es en todo caso un eufemismo, tal vez la palabra «heroico» hubiera sido más adecuada. El heroísmo del ex presidente catalán es tal que, se dice, a los niños pequeños en Alemania se les arrulla al son de su nombre para que se duerman.

Y, así, la fama del ex president pasa de boca en boca, y de Twitter en Twitter. En Londres, el fundador de WikiLeaks ha dedicado varios mensajes a la heroica lucha por la libertad del líder exiliado de Cataluña. «El abuso de España de los poderes judiciales con fines políticos», escribió Assange en un tuit, «va a quedar desmontado en Alemania». La campaña activa librada contra el Madrid franquista por parte del entrenador de fútbol Pep Guardiola se financia con dinero inglés y emana de Londres. España está en la lista de estados que derivan hacia el autoritarismo, según Gideon Rachman, un periodista del Financial Times, el influyente diario de negocios de Londres. Para Rachman, España está más cerca de países como Hungría, Polonia, Eslovaquia y otros, donde la autocracia y la corrupción («putrefacción antidemocrática», como él dice) están aplastando la democracia.

Londres se ha convertido en la fuente de gran parte de la opinión experta sobre la presunta represión en Cataluña. Un periodista británico, que solía escribir para un periódico de Madrid pero ahora escribe para otro de Barcelona, ha informado cómo en una reciente cena de élite a la que asistió en Londres, un miembro de la Cámara de los Lores tachó a los miembros del Gobierno español de «tontos»» por sus políticas represivas. En un artículo del mismo periodista en The Times, siguió la misma línea: «La intransigencia del Gobierno español es, en última instancia, la culpable de la crisis real». Los líderes separatistas catalanes, según él, difícilmente podrían ser declarados culpables. El artículo en el periódico inglés es típico de la cuantía de opinión pro-separatista con que los liberales amantes de la libertad en Inglaterra están alimentando al público. Varios artículos sobre el tema en The Guardian adoptan la misma actitud al presentar a Madrid como el opresor histórico del pueblo catalán.

En otro artículo para el periódico de Barcelona, donde sus opiniones parecen haber sido acogidas mejor que en Madrid, el mencionado periodista utilizó el maravilloso título «Desde Londres, con amor» (1 de noviembre de 2017). El título es un eco deliberado de una novela de James Bond, y de hecho el artículo evoca la típica superioridad británica que conocemos tan bien y que refleja el superagente. Después de varios comentarios ambiguos sobre España, el escritor va directamente a su objetivo. Elogia a Cataluña («en cuyo suelo, por cierto, tengo todos mis ahorros») y denuncia los males del Gobierno de España («la mezcla de ira, odio, revanchismo o quién sabe qué complejos que motivan las acciones políticas del establishment político español»). Luego concluye: «En una democracia, la política consiste en persuadir, en ganar corazones y mentes a través de los argumentos, las palabras y los gestos. En un sistema autoritario, la política consiste en imponer la ley. ¿A cuál de los dos se parece más el Estado español hoy? Sabemos la respuesta».

Bueno, detrás de ese «sabemos» es fácil identificar la sonrisa de superioridad de James Bond. Para la mayoría de nosotros, «imponer la ley» generalmente significa observar las normas en la vida privada y pública, no recurrir a la violencia, no infringir los derechos, no insultar ni amenazar, es decir, no llevar a cabo las acciones que algunos así llamados pacifistas han practicado sistemáticamente contra quienes no están de acuerdo con ellos en Cataluña. «Imponer la ley» debería implicar la protección de la vida normal, «no imponer» significa abrir la puerta a la anarquía y al caos. Para este periodista, sin embargo, «imponer la ley» constituye una dictadura, porque (sus palabras exactas) «España no es una verdadera democracia moderna».

¿Eso significa que el Gobierno británico nunca «impone la ley»? ¿Cuando hay problemas en Irlanda del Norte, los británicos se niegan a imponer la ley, y prefieren adoptar la política de ganar corazones? Cuando hay violencia en las calles de Londres, ¿se niegan a imponer la ley? ¿Es eso lo que ha hecho que el Reino Unido sea democrático y su política muy diferente a la del Gobierno autoritario de España? En un programa de la BBC de finales de 2017, a un panel de opinadores se le hizo la siguiente pregunta: «Ocho dirigentes políticos catalanes han sido encarcelados. ¿Se está comportando España como un Estado fascista?».

Por supuesto, no todas las voces que surgen en Londres son iguales. Y hay muchos periodistas independientes. Cabe destacar a Peter Preston, de The Guardian, brillante y muy lamentado, que falleció a principios de este año, que siempre se esforzó por examinar con rigor los hechos en Cataluña y mantener la imparcialidad. Sin embargo, los presuntos expertos continúan con sus discursos sobre «los catalanes» (como si todos ellos estuvieran privados de libertad), la «violencia policial» (900 pacifistas heridos) y la «opresión antidemocrática» (supresión del derecho al voto).

Mientras tanto, Gulliver ha proseguido con sus viajes por toda Europa, ganando en cada paso el apoyo de los expertos, muchos de los cuales nunca han estado en Cataluña. No es de extrañar que muchos españoles sientan que han tenido suficiente con la actitud condescendiente de la prensa británica. Ignacio Torreblanca llegó a publicar el pasado noviembre un artículo combatiendo lo que él llamaba «anglocondescensión». Y no está solo. Otros comentaristas recientemente también han expresado su insatisfacción con la visión británica común de los acontecimientos en Cataluña, una visión alimentada por una combinación de ignorancia y arrogancia.

No es accidental que mi artículo se refiera a Gulliver’s Travels, un famoso libro publicado en 1726. Su autor, Jonathan Swift, fue autor también de un tratado muy famoso, La Conducta de los Aliados (1711), en el que denunciaba las políticas del Gobierno británico con respecto a Cataluña. Sin duda, hoy Swift realizaría algunas observaciones muy interesantes si pudiera leer los comentarios de los periódicos británicos sobre la situación en Cataluña.

Henry Kamen es historiador británico. Uno de sus libros publicados es España y Cataluña. Historia de una pasión (Esfera de Libros, 2014).

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