Luces largas

A los que nos gusta conducir, sabemos que, por la noche, poner las luces largas, cuando se puede – es decir, cuando nadie te viene directamente de cara o cuando no tienes a nadie directamente delante-es, no sólo conveniente, sino muy necesario. Hablamos de seguridad y de eficiencia en la conducción. Pero el símil puede valer para muchas otras cosas.

Por ejemplo, vale para la política. Si uno sólo piensa en el que viene de frente o en el que tiene delante, jamás pondrá las luces largas. Y no verá más allá de un palmo de sus narices. Es cierto que eso permite avanzar por la carretera. Pero no permite adelantar ni, tan siquiera, percibir qué puede haber más allá de lo que vemos de inmediato. En catalán, existe una expresión muy explícita, y difícilmente traducible, para expresar esa actitud: qui dia passa, any empeny (pasando días, completamos años…, en una traducción muy libérrima), es decir, a base de recorrer metros, vamos haciendo kilómetros. Y no es, en principio, criticable tal actitud. El problema emerge si, además, no sabemos si la carretera es la correcta para llevarnos al destino deseado o vamos dando vueltas a la rotonda sin acertar en la salida.

Alguien me ha comentado que la manera de gobernar del presidente Rodríguez Zapatero le recuerda al jugador de fútbol que regatea de maravilla y desconcierta a sus marcadores, pero que olvida dónde está la portería contraria y, por tanto, dónde hay que marcar los goles. Luces cortas. Pero para saber dónde está la portería contraria, hace falta poner las luces largas y mirar más allá de los propios pies. Si el objetivo es mantener el balón “como sea”, pero sin instinto de gol, sólo mantendremos el balón. Pero no marcaremos goles. Todo esto da mucho de sí. Pero, hoy, me quedo con la imagen de alguien que sólo busca chupar balón, aunque sea retrocediendo hacia campo propio. Déjenme ser claro: es lo que ha sucedido con el pretendido “nuevo modelo” de financiación autonómica. Mareamos el balón, y unos y otros creen que han parado el avance del contrario, y todo el mundo se muestra satisfecho (incluidos los que se quejan de no tener balón). Luces cortas. Otra cosa es que el pagano de este triste partido de fútbol sea el ciudadano que paga sus impuestos y que, por tanto, tendrá que acabar pagando tanta frivolidad. Y tanto regateo en corto hacia ninguna parte.

Pero vuelvo al símil inicial sobre las luces largas y cortas, para hablar de economía. Yno hay mejor ejemplo de luces cortas que pensar que todo se puede resolver a base de incrementar el gasto público, desde la financiación autonómica hasta el desempleo, pasando por un estrambótico cambio de modelo productivo, orientado desde los poderes públicos y a través de leyes – que inevitablemente me recuerdan a los soviéticos planes quinquenales-que pretenden establecer por ley lo que los agentes económicos deben hacer, de acuerdo con sus intereses, en una economía libre de mercado. Literalmente delirante. Luces cortas.

Las luces largas nos permitirían ver las auténticas oportunidades que se derivan del apoyo a la iniciativa privada; de jugar, inteligentemente, con rebajas de impuestos; de ver en la internacionalización de nuestras empresas la apuesta de futuro. Y de saber que nada se construye, positivamente y de cara al futuro, si no evitamos hipotecar de forma asfixiante a ese futuro y a quienes lo tienen que protagonizar. Estamos ya en una espiral fatídica. Pero los que miran sólo el balón a sus pies no pueden verlo.

Y sigamos con el símil, para hablar de nuestras empresas. Sabemos muy bien que lo más cómodo es seguir la ruta, con luces cortas y a paso lento, procurando no perderse. Y puedo estar de acuerdo con esta actitud tan prudente y sensata.

Pero, en la economía real, esto no vale. Yno vale porque otros corren más, arriesgan, adelantan, y cuando es necesario, ponen las luces largas. Y aquellas empresas que sólo miren el corto plazo, sean adversas al riesgo y no se abran a horizontes más amplios, en el mejor de los casos, podrán sobrevivir a duras penas, y, probablemente, quedarán tan atrás en la carrera que, cuando lleguen a su destino, los comisarios de la carrera habrán cerrado ya la clasificación. Y los que no llegan a tiempo son desclasificados, como cualquiera conoce a poco que sea aficionado al ciclismo en ruta.

Y todo esto viene a cuento porque, en las actuales circunstancias de crisis económica sin precedentes desde hace muchas décadas, las luces largas son imprescindibles. Hay que diversificar riesgos, salir fuera, probar – con prudencia, pero sin pusilanimidad-y equivocarse, pero sabiendo, cada vez más, que el mercado relevante es aquel al que se puede llegar y, que sin duda, va mucho más allá de nuestro estrecho – y hoy especialmente estrecho-mercado local.

Es cierto que hoy la crisis afecta a todos. Y que hacer negocios fuera de nuestro hábitat natural es muy difícil. Y que el riesgo que asumir puede asustar. Pero no sólo vale la pena intentarlo. Es cuestión de supervivencia. Y, a pesar de la crisis, el mundo está repleto de oportunidades.

Luces largas: hay que viajar más, gastarse algo de dinero en ver cómo se identifican oportunidades en diferentes regiones del globo y ser conscientes de que, más allá de la crisis actual, quedan muchas necesidades que cubrir, muchas infraestructuras que construir y mucha demanda por satisfacer.

Las luces largas asustan a los que van en dirección contraria o a los que van delante pero van más lentos. Pero favorecen a los que quieren ir más allá, sin quedarse por el camino.

Josep Piqué, economista y ex ministro.