Majestad, regrese ya

Pronto se cumplirán dos años de una ignominia histórica: la de que «por el bien de España y de la Monarquía constitucional» se tuviese que marchar de España el Rey Juan Carlos I.

Salía el Rey que había estado al frente de España durante casi 40 años. Salía en silencio, sin fecha prevista de regreso. Cargado de acusaciones de supuestas graves irregularidades que fueron manipuladas y ampliadas con suposiciones y falsedades, pero sin una sola acusación formal y fundamentada ante instancia judicial o legal alguna.

A lo largo de estos 20 meses transcurridos ha sido difícil vivir un día en el que no apareciera alguna información o reportaje sobre el Rey Juan Carlos, en gran variedad de medios de comunicación, sobre todo radicales e independentistas, pero también y con mucha frecuencia en medios públicos, pagados con los impuestos de todos, desde los que se adoctrinaba sin piedad a una población que rara vez escuchaba lo que había en el otro platillo de la balanza, todo lo que el Rey Juan Carlos había aportado al bienestar de los españoles.

Veinte meses después, ¿qué tenemos de veraz? En todos esos casos terribles... nada. Pero simultáneamente se había desarrollado la tesis de que por un próximo discurso de Navidad, por la aparición del covid, por la pandemia, por las cifras del paro, por un viaje a donde fuera por cualquier motivo cierto o imaginado, «no era el momento oportuno para el regreso».

Después, el argumento que se ofreció al Rey Juan Carlos para justificar las nuevas dilaciones era «que tenían que estar cerrados» todos los casos que caprichosamente se habían abiertos ignorando una y mil veces el principio de la presunción de inocencia.

Mayo de 2022: no existe ninguna providencia pendiente de resolución o fallo judicial, ninguna sentencia condenatoria, pero la cacería continúa y los directores de la misma modifican su postura: ahora lo que no se puede es regresar a casa, a Zarzuela, en la que ha vivido más de 50 años.

Pero, ¿quién es Pedro Sánchez para saltarse la ley que no permite a nadie impedir que un español pueda residir en su hogar cuándo y cuánto quiera? ¿Quiénes son él y los suyos para dar clases de buena conducta y certificados de ejemplaridad?

Y la Casa Real, y su jefatura, no pueden caer permanentemente en la trampa del trilero, sino que debe tener cuidado para no acabar siendo percibidos como un silente cómplice de tales desmesuras. La historia de nuestro futuro está ya a la vuelta de la esquina y nos juzgará a todos por nuestras acciones pero también por nuestras omisiones.

Muchas encuestas, análisis de opinión y constatación empírica hablan de que los españoles están ya hartos de los hipócritas mensajes de ejemplaridad de quien ha hecho de la mentira su forma habitual de expresarse, de la falta de transparencia su manera de actuar y de la traición de los intereses de los españoles una práctica cotidiana.

Para ellos el Rey Juan Carlos I es un español al que se ha privado del derecho a vivir donde quiera y cuánto tiempo desee. Este derecho en España en la práctica se les reconoce incluso en muchos casos a delincuentes como son los okupas (pobre aportación a nuestra lengua) o el de pasear por las calles entre homenajes y vítores a los que dieron un golpe de Estado y que se glorían al afirmar «que lo volverían hacer» en cuanto puedan.

Cuántos españoles que han fallecido en estos últimos años y eran amigos y admiradores del Rey Juan Carlos, se han ido sin ver cumplido su deseo de poder despedirse de D. Juan Carlos, de su Rey? Me vienen a la memoria de manera muy desordenada los nombres de Agustín Muñoz Grandes, de Montefuerte, de Alberto Elzaburu, de Manolo Santana... de tantos y tantos compañeros de armas, amigos de los tiempos de las Academias, de tantos secretarios y ayudantes, compañeros de caza y de los navegantes con quienes compartió tantas horas en regatas, de pilotos, de empresarios y personal de la que fue su casa.

Y los millones de españoles que vivimos y deseamos que el Rey Juan Carlos pueda disfrutar de nuestros paisajes, de nuestras infraestructuras, de nuestros restaurantes y sobre todo de la compañía de sus familiares y amigos más próximos.

Afirmé muchas veces, y muy especialmente en mis años en Marca España, que nuestro Rey era con gran ventaja el español que más había hecho no solo por nuestro país, sino también en la percepción que se tenía sobre España en el resto del mundo. A esta afirmación que para mí era obvia para cualquiera que viese el aprecio y la consideración que le tenían otros reyes y jefes de Estado o empresarios que le han dado muchas veces la vuelta al mundo.

Y sabían de qué hablaban. «Cuánta suerte tienen ustedes los españoles con su rey». Ha sido una frase que he oído en múltiples ocasiones.

Por aquello de que lo que no se puede contar con cifras no existe, me preocupó siempre mucho el intentar poner detrás de muchas de las acciones, gestiones de apoyo y realizaciones alcanzadas, algún tipo de cuantificación. Afortunadamente, y gracias al trabajo riguroso y enorme de una serie de expertos en temas como la inteligencia artificial, se han podido procesar millones de documentos y en próximas fechas se podrá presentar un riguroso informe que permitirá poner en ese platillo de la balanza, el de los logros que por la falta de memoria, la desidia o la mala fe, aparecía insuficientemente ocupado estos últimos años.

El legado de Don Juan Carlos podrá hablar de sus éxitos políticos en la Transición, en la instauración de la Monarquía Parlamentaria y con ella, la democracia en España y de sus éxitos económicos, donde se podrán concretar los millones de euros de inversiones y contratos para las empresas españolas, y de millones de puestos de trabajo creados o mantenidos gracias a la actuación real.

Ante tanto disparate que pocos entienden y casi nadie comparte, me permito alzar la voz reclamando justicia y sobre todo agradecimiento para nuestro Rey, el que renunció a tanto en favor de España, el que iluminó y dirigió la Transición hacia la libertad y la democracia y al que tantos españoles deben su prosperidad al haber podido vivir cuatro décadas de paz y bienestar.

A ese Rey de las muchas luces y muy pocas sombras, me dirijo pidiéndole: «Por favor, regrese ya».

Carlos Espinosa de los Monteros es abogado y técnico comercial del Estado.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *