Malentendidos sobre el feminismo

Cada vez que el feminismo coge un poco de notoriedad, que se propaga sin prejuicios entre la mayoría de la población, salen voces que le atribuyen lo que sea para desprestigiarlo. Aquí van cuatro aclaraciones básicas:

1.  El feminismo no proclama la bondad intrínseca de las mujeres, no afirma que las mujeres merezcan igualdad de derechos, condiciones de vida y bienestar por el hecho de ser buenas por naturaleza. El feminismo nace para reparar una situación de injusticia generalizada, extendida por todo el mundo y que se perpetúa de generación en generación a través de la cultura y la educación. Es una forma de pensamiento que tienen como objetivo detectar, denunciar y desactivar todos y cada uno de los mecanismos que intervienen en esta discriminación. Por lo tanto, frases del tipo “por mucho que digan las feministas, hay cada una que tela…” o “es que a nosotras también, déjanos correr” no tienen ningún sentido y no hacen otra cosa que contribuir al desprestigio del propio feminismo.

Es más, si algo ha de perseguir esta cultura es permitir que el margen para las mujeres sea tan amplio como el de los hombres, de modo que puedan decidir con el menor número de condicionantes posibles lo que quieran ser. Que existan mujeres malvadas, malas como salidas de un cuento de hadas no justifica el machismo. La justicia no es solo para las buenas personas. Harían bien las mujeres que emiten frases como las mencionadas en no tirar tierra sobre una lucha que en muchas ocasiones es cosa de vida o muerte.

2.  El feminismo no dice cómo tienen que vestir las mujeres. Cada vez que hay una polémica sobre la vestimenta femenina, sea por el vestido de una presentadora o el uso de un trozo de tela encima de la cabeza, porque una mujer se tapa poco o mucho o se desnuda, sale una supuesta voz de la conciencia que dice “a verás cómo se pondrán las feministas”. Como si el objetivo de las que queremos que nuestras hijas no encuentren más obstáculos que sus hermanos varones fuera el de pasarnos el día dictando normas sobre indumentaria y estética.

De lo que sí se ocupa el feminismo es de denunciar la utilización de cuerpos femeninos para vender cualquier producto, de cómo esta explotación de su sexualidad resulta perjudicial por presentarla como objeto deshumanizado sin voluntad ni deseo propios y de cómo la presión por alcanzar unos ideales imposibles puede ser un mecanismo de dominación que condiciona notoriamente la vida de muchas mujeres.

3.  El feminismo no tiene religión. Ni etnia, ni color, ni latitud. El feminismo es una lucha global de las mujeres que en cada una de sus realidades socioculturales tienen que encontrar el mecanismo más adecuado para cambiar el machismo particular que les ha tocado. Que el machismo varíe según el lugar dónde estemos no significa que tengamos que parcelar el feminismo. Cosa que no es incompatible con la necesidad de señalar que a menudo el machismo se conjuga con racismo o clasismo. No hay feministas de primera y de segunda, y nadie que se identifique con esta cultura tendría que hacer afirmaciones cargadas de odio contra aquellas a las que no considera suficientemente feministas por la forma en que han escogido serlo o por su procedencia.

4.  Las feminazis no existen. No hay mujeres que vayan por el mundo cortándoles el cuello a los hombres por el simple hecho de serlo, ni poniéndolos en campos de concentración ni gaseándolos en masa. Este término altamente despectivo, violento y cargado de desprecio se usa con toda normalidad, no solo por aquellos que aprovechan el mundo virtual para descargar su odio sino por intelectuales de renombre que lo emplean para referirse a aquellas mujeres que se pasan de feministas, que son consideradas demasiado beligerantes en sus demandas. Una banalización más del Holocausto y un ataque furibundo al feminismo mismo. El que usa este término está enseñando su machismo más profundo. No es, ni de lejos, un insurrecto de la corrección política.

5.  La discriminación positiva no tiene como objetivo hacer que mujeres mediocres, ineptas e incompetentes ocupen puestos de relevancia por el simple hecho de ser mujeres. Los mecanismos ideados para permitir la presencia femenina en todos los ámbitos tienen como finalidad corregir una estructura social poderosa y bien asentada que ignora sistemáticamente el talento femenino relegándolo a un segundo plano. Por otro lado los que tan a menudo se quejan de que les mujeres estén en ciertos sitios por el simple hecho de ser mujeres nunca dicen nada cuando ven a hombres ineptos, mediocres e incompetentes ocupando sitios que ocupan por los privilegios que tienen por el simple hecho de ser hombres.

Y podríamos llenar todas las páginas de este diario para deshacer la mala prensa que se cultiva impunemente contra lo que no es más que una cultura de paz y justicia.

Najat El Hachmi, escritora.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *