Manda narices

Perdonen ustedes la expresión, pero que tengamos que estar mirando al cielo de Estrasburgo para ver si podemos dormir tranquilos tiene más que ver que una corrida de toros, como se dice en mi tierra. Si finalmente el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, TEDH, decide dar la razón a la etarra Inés del Rí o , como ya hizo en su última sentencia, esta malnacida que pretendía repetir el crimen de Hipercor, pero tiñendo de sangre Andalucía, quedará en libertad y no solo eso, sino que tendremos que indemnizarla por el error de haberla tenido entre rejas. A la gran mayoría de los que no entendemos esta intromisión desafortunada del Alto Tribunal Europeo nos gustaría saber qué derecho humano se ha violado en España al pretender que los beneficios penitenciarios de esta asesina múltiple que quería seguir matando no se aplique a la totalidad, sino por cada una de las penas. Creo que estos magistrados, si de verdad se parasen a pensar en el principal de los Derechos Humanos, el derecho a la vida, no apoyarían las peticiones de los criminales que asesinan sin piedad a mayores y niños. Si no perdieran de vista la defensa de esos derechos sagrados, como son la libertad, la dignidad y el derecho a la justicia, aceptarían ese cambio de criterio de nuestra política penitenciaria, que solo intentó dar una respuesta justa a lo que era un clamor social, ante la repugnante visión de terroristas con más de veinticinco asesinatos en su haber y tres mil años de condena, abandonando las prisiones sin haber pagado su deuda ni con sus víctimas ni con la sociedad española. Mañana se escucharán en Estrasburgo las voces de las víctimas y, cómo no, la de los colectivos de apoyo a los presos, y luego sus señorías decidirán. No saben estos jueces lo duro que es, para quienes han perdido lo que más querían a manos de quienes hoy reclaman derechos que no merecen, tener que suplicar justicia y hacerlo junto a quienes no condenan esos crímenes. Allí estarán los de Herrira, que apoyan a los presos de ETA con nuestros dineros, con la cabeza alta, con la fuerza que les da esa sentencia del TEDH a su favor, mirando a las víctimas con esa arrogancia con la que se enfrentan a los que les tocó la peor parte, la de sufrir en silencio la muerte de su hijo, hija, padre, madre, hermano o hermana, que a duras penas intentan salir de ese universo de dolor y humillación al que los terroristas los condenaron.

Conozco estas instituciones europeas, conozco la ignorancia generalizada en cuanto al terrorismo se refiere que en ellas existe, conozco esa benevolencia mal entendida, esa tolerancia que sobrepasa la línea roja del sentido común. Y solo puedo encomendarme a Dios y pedirle que ilumine a esos pocos togados que tienen en su mano el poder de decidir la suerte de tantos ciudadanos de a pie para que hagan bien su trabajo, que es saber interpretar y aplicar las leyes. Pero estas nada son si al final no consiguen que se haga justicia. Sise de roga la «doctrina Parot», seremos muchos los que creamos un poco menos en estos tribunales con tan ambiciosas atribuciones, cuando veamos salir de las cárceles a terroristas, violadores, pederastas y demás asesinos, mientras recordamos con impotencia que entre todos debían haber pasado miles de años en prisión. !Manda narices!

Teresa Jiménez-Becerril, eurodiputada.

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