Manipular tabaco y libertad

Por Ródrigo Córdoba. Presidente del Comité Nacional de Prevención del Tabaquismo (ABC, 19/04/06):

Estimada señora Aguirre: La ley del tabaco ha sido declarada arbitrariamente como polémica por cuestionar las libertades individuales de los adultos fumadores. Esta aseveración no tiene un fundamente científico ni ético.
Está aceptado que el inicio del problema del tabaquismo se asienta generalmente entre la adolescencia y la edad infantil; la mayoría de los fumadores se hacen adictos antes de los 18 años, es decir antes de tener la capacidad psicológica y legal para decidir. Esto viene facilitado por la gran accesibilidad a un producto de bajo precio y también con la manipulación publicitaria que lo convierte en un producto atractivo para los jóvenes al asociar su imagen a valores típicamente juveniles como sofisticación (“antes muerta que sencilla”), éxito social, aventura y riesgo.
Existen, al menos, tres motivaciones principales para iniciar el consumo de tabaco, de las cuales el adolescente no suele ser consciente. La más genérica es la todavía muy notable aceptación social del fumar. La sociedad sigue contemplando el acto de fumar como un gesto de riesgos discutibles. Otra razón es la tremenda presión de grupo, o de pares (amigo/a principal, hermano/a mayor-) para experimentar con los primeros cigarrillos. La tercera ha sido la también enorme presión de la publicidad de los productos de tabaco.

SIN EMBARGO, sabemos desde hace muchos años que el tabaco es altamente adictivo y que, después de unas semanas de fumar a diario, el adolescente sufre ya un cierto nivel de adicción a la nicotina que tiende a ser más intenso con el tiempo. Los cada vez menos defensores del tabaco argumentan que el Estado no debe promover restricciones a su consumo dado que esto atenta a la soberanía de consumidor. Para hablar de libre elección debe haber una información completa y veraz previa al consumo, y el consumidor debe tener la libertad de abandonarlo cuando lo decida. ¿Cumple el tabaco estos requisitos?
Según la comunidad científica internacional y las autoridades sanitarias de los países más avanzados del mundo, hay un total de 29 enfermedades causadas por el tabaco. Un estudio en un país europeo entre jóvenes de 15 y 16 años reveló que más de la mitad no eran capaces de nombrar ninguna de ellas, y apenas citaban el cáncer de pulmón. En EEUU, país donde se supone que los jóvenes tienen la mejor información, se hizo un estudio en adolescentes de 13 años y la mayoría afirmaban que el hecho de fumar 20 cigarrillos al día no suponía un grave riesgo. Es decir, los adolescentes de todo el mundo no tienen percepción de riesgo asociado al fumar. Esto hace imposible aseverar que el comenzar a fumar sea una opción personal informada, requisito para ejercer la soberanía del consumidor.
Otro aspecto fundamental es la ignorancia por parte de los adolescentes que se inician en el consumo de tabaco de la naturaleza adictiva de la nicotina y el coste sanitario y económico a que les va a conducir esta adicción. Algunas encuestas realizadas al final de la enseñanza secundaria revelaban que los chicos fumadores pensaban dejar de fumar en unos cinco años. Sin embargo, al finalizar la universidad sílo lo habían dejado menos del 20%. Los fumadores adultos sólo consiguen dejarlo en el 3% de los que lo intentan sin soporte profesional. En todos los países, en torno al 70% de los fumadores adultos responden que se arrepiente de haber comenzado a fumar. La mayoría desearía dejarlo y no quieren que sus hijos sean fumadores. Es decir, presentan lo que se llama una disonancia cognitiva. Ante estos hechos ¿dónde esta la soberanía del consumidor? ¿Puede considerarse el acto de fumar como una libre elección de adultos asumiendo riesgos bien conocidos?

EL CASO DEL esquí nos sirve para comparar con el tabaco. Los aficionados al esquí tienen una gran afición. Aunque no tiene efectos en el cerebro como el tabaco, sí que es cierto que los esquiadores muy aficionados presentan una especie de mono cuando llevan tiempo sin practicarlo. Es un deporte con riesgos bien conocidos y asumidos que se ven compensados con el gran placer que les produce deslizarse por la nieve. Sin embargo, no tenemos noticia de que ningún aficionado quiera dejar de esquiar. De alguna manera, los esquiadores son una especie de adictos felices ejerciendo libremente su soberanía de consumidor, algo que no encontramos por casi ninguna parte entre los fumadores adultos.
Lamentablemente, las personas fumadoras adictas no suelen aceptar estos argumentos. Los fumadores son personas de comportamiento normal, racional y responsable en todos los aspectos de la vida, excepto en los relacionados con el tabaco. Esto también es evidente.
Mezclar tabaco y libertad es como mezclar el huevo y el aceite. Sólo se puede conseguir mahonesa a base de mucha manipulación. Reciba un cordial saludo y procure reflexionar sobre todo esto.