Manual de gobierno

La tesis defendida por Pablo Iglesias, en la Complutense de Madrid, en enero de 2008, «Multitud y acción colectiva postnacional. Un estudio comparativo de los desobedientes de Italia a Madrid (2000-2005)» es el estudio de una serie de manifestaciones de masas: «acción colectiva», localizados en Europa por cuestión práctica, porque se produjeron en el área de una unidad política supranacional y porque la diferencia de la izquierda radical europea con otras izquierdas es constatable (p. 503).

-Mecanismos de producción de sentido. Son imprescindibles nuevos discursos y la reactualización de mitos del pasado en el Parlamento y en prensa, radio y televisión, panfletos, octavillas a través de partidos, sindicatos, grupos de interés, fuentes de producción político/normativas propias (p. 496). Mediante los monos blancos como herramienta de expresión, los desobedientes redefinieron la acción política para tratar de romper la invisibilidad, sirvieron, así como elemento simbólico para representar esas nuevas subjetividades proletarias diferenciándolas de los clásicos monos azules de la clase obrera industrial fordista. El instrumento está profundamente en sintonía con los mecanismos de este sistema capitalista pero invierte el signo dinámico, identitario, autónomo de fuerte impacto simbólico y gran carga comunicativa, verdaderos medios muy potentes y transversales de comunicación con un «imprinting» genético de pertenencia a la forma movimiento y no a sus similares (p. 511-12).

Los monos blancos, utilizando el cuerpo como arma de lucha política y el espectáculo como arma de combate, fueron un instrumento simbólico y metafórico para experimentar con la invisibilidad y poner en práctica el discurso antinómico visible/invisible (p. 509). Instrumentos de fuerte impacto simbólico y gran carga comunicativa rigurosamente autónomo (p. 511-12). Llegan al Parlamento vestidos con camisetas que llevan escritos los mensajes fuertes que quieren difundir, las madres van con los bebés y en plena sesión les dan el pecho, los hombres con coleta. El poder se va desplazando hacia organismos multinacionales y mundiales postnacionales. En este momento «la globalización económica y los modos de producción flexible posfordista han generado los instrumentos para percibir globalmente» (p. 500).

El mito es imprescindible para las identidades nacionales, étnicas y de clase y para la acción política. «Era necesario inventar las formas en las que habrían de funcionar los nuevos símbolos para representar la acción colectiva, la creación de mitos» (p. 513). Nueva legitimidad desde abajo, legalidad revolucionaria a través de la definición de lo injusto. La aplicación de la sanción de la publicidad y la reivindicación de la legitimidad haciéndola compatible con la potencia estética/simbólica de la destrucción de los símbolos capitalistas. Por ejemplo, la destrucción del McDonald’s de Praga (p. 513), «símbolo del mundo de las multinacionales y de la globalización neoliberal» con lo que están constituyendo una nueva legalidad desde abajo, la legalidad revolucionaria a través de la definición de lo injusto con la aplicación de la sanción, la publicidad y la invención de la legitimidad, haciéndola compatible con la potencia estética/simbólica de la destrucción de uno de los símbolos de la globalización capitalista (513).

A hechos que pasan a hacer parte del catálogo mitológico unen también el de personajes prototípicos que, si bien no han participado en sus manifestaciones, las han apoyado al no perseguirlas. Uno de esos personajes en el campesino francés Bové por haber tomado parte en la destrucción del McDonald’s de Praga. La llegada de Zapatero al poder se debe en gran medida a que «la política grande», la que concierne a los asuntos generales del planeta había dejado de ser exclusiva de las élites e informada, día a día, la práctica de los movimientos sociales (p. 508). Zapatero se opuso a los movimientos sociales antisistémicos porque de no haberlo hecho así no hubiera llegado a ser presidente. (p. 509).

-Manual para la praxis. La teorización nace de una interpretación de la práctica (p. 514-15). Los desobedientes hacen política en la práctica sin ser partido (p. 517). Los centros sociales se asumieron a sí mismos como formas sociales autogobernadas que hace referencia a una multitud de trabajadores «de nueva generación (autónomos precarios, así llamados anómalos porque no están subordinados, parados de forma continua o intermitente) como fuente natural y directa de usuarios y militantes y como lugar privilegiado de capacidad de acción positiva» (p. 511). El siglo XIX estuvo dominado por partidos de notables y la política del XX por los partidos de masas, la del s. XXI estará dominada por los movimientos sociales. Ello quizás pudiera justificarse, pero nos parece que restaría la rigurosidad científica que nuestro tema merece (p. 500. 2).

La novedad de estas acciones colectivas contenciosas se fundamenta en el uso de los recursos productivo-comunicativos del capitalismo actual que contribuyen, a su vez, a hacer visibles e identificables esos espacios postnacionales para la intervención política conflictiva no institucional. Este carácter contencioso en las formas de acción colectiva constituye uno de los pocos criterios visibles para describir los movimientos globales en Europa y diferenciarlos de otro tipo de experiencias de movilización más o menos afines (p. 504).

«Las represiones que representan el pan nuestro de cada día sin demasiada trascendencia mediática en muchos países del mundo en Europa tienen un precio político mucho más alto por su repercusión mediática (p. 508). En otras latitudes como en América Latina o África o tiene repercusión mediática la represión (p. 508). Por eso Europa tiene gran interés en neutralizar la política comunicativa de la acción colectiva (p. 509). Pero hay que, por todos los medios, callar la violencia ejercida por los antisistémicos.

Con una serie de hechos, el autor pone al día «la guerra de guerrillas» de Lenin (Obras completas, I, pp. 128-137. París, Globe, 1972) y construye el manual de la guerrilla urbana que, servatis servandis, puede ser programa de gobierno. Hasta qué punto las conclusiones pueden ser calificadas de científicas cuando el autor confiesa: «Nos hemos cuidado de manipular nuestras fuentes (siempre privilegiadas) para adaptarlas injustamente a nuestras hipótesis… Soy consciente de que reconociendo esto me arriesgo a ser criticado por una supuesta falta de neutralidad (p. 519).

Manuel Mandianes es sociólogo y antropólogo.

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