Manual de uso para Euskadi

Los llaveros que se caían del bolsillo y los cordones de los zapatos mal abrochados ya no serán tan frecuentes. Una nueva tecnología terrorista impone cambiar el sistema de protección. Si alguno de ustedes ha vivido alguna vez en alguna población vasca y debía entrar a trabajar de buena mañana, le llamaba la atención al principio encontrarse con algún vecino al que irremediablemente se le caían las llaves en el momento mismo que se disponía a abrir su coche; instante que aprovechaba para observar la parte bajera de su vehículo. Era llamativa también la casualidad que azoraba a muchos conductores vascos al descubrir que su calzado no estaba bien acordonado y se agachaban para ajustarlo al tiempo que pasaban revista completa a la parte interior de las cuatro ruedas. Si la cosa no estaba suficientemente clara con un zapato, daban la vuelta al vehículo y probaban el ajuste de los cordones en el otro pie, y se volvía a repetir la observación visual de la panza del coche. Todos los días y durante años esta era la primera obligación de varios miles de ciudadanos susceptibles de convertirse en objetivo terrorista y que por razones de su oficio o de su voluntad no aceptaban la esclavitud del guardaespaldas. (Es pena que nadie hasta la fecha haya hecho un recopilatorio de las expresiones coloquiales para designarlos, que van desde el vulgar madero hasta el elegante guitarrista).

La bomba lapa no era imposible de detectar, porque cada uno conocía, con fijeza absoluta, cómo era la barriga de su vehículo.

De tanto hacerlo día tras día, domingos y fiestas de guardar incluidas, se acaba convirtiendo en un gesto automático, como el afeitarse, ponerse la loción o cerrar la puerta con llave. El miedo era lo único no sujeto al automatismo y la costumbre, y este aparecía con la misma angustia del primer día que se dejaron caer las llaves o se repasaron torpemente los cordones de los zapatos, cuando se sabía que en Donosti, en Arrigorriaga, en Elgoibar, alguien acababa de volar en pedazos. Y es verdad que a veces cada cual se saltaba la rutina, igual que se hacen novillos alguna mañana con el afeitado o con el café o con los buenos días al vecino; sencillamente no te fijas y te da pereza volver atrás, y te convences de que por una vez no lo notará nadie o, lo que es lo mismo, que igual que el cálculo de la lotería te advierte que salvo un milagro no te tocará nunca, lo mismo esta vez que ya estás sentado al volante y apenas has arrancado, la tercera vuelta del cigüeñal de la rueda te hace consciente del destino y ya no puedes volver atrás.

El atentado y muerte del inspector Eduardo Puelles, achicharrado en su coche, significó que algo había cambiado. Los resultados vendrán a ser los mismos, pero la naturaleza de las formas varía; se hace más retorcida para que hiera más. Ocurre en todo, no sólo con los atentados. Las cartas de extorsión que ETA antes prodigaba entre empresarios y profesionales vascos, ahora tienen un pequeño aditamento que las convierte en tortuosas. Como sucedía que le llegaba a una persona y esta debía afrontar el reto de pagar o negarse, todo cobra una dimensión distinta si la misma carta que abres tú la recibe un familiar directo, por ejemplo tu hijo. Esta es la razón por la que un error informativo provocó el escándalo de que se la mandaran a un chaval de 14 años. Se equivocaron de edad, no de método. La mafia siciliana lleva muchos años practicando este procedimiento y con notable éxito: si el miedo lo amplías a la familia, es más fácil rendirla. Nada hay más frágil que una familia amenazada.

Las renovaciones tecnológicas de una organización terrorista están vinculadas a los robos – las compras son cada vez más imposibles-.El asalto a la planta química francesa de Saint-Étienne suministró a ETA dos mil litros de nitrometano, un producto que combinado con el amonal se convierte en un combustible terrorífico, como se pudo comprobar en el atentado contra la Casa del Pueblo de Elgoibar, en la primavera del año pasado. El reciente asesinato del inspector de la Policía Nacional Eduardo Puelles no fue debido a la bomba lapa habitual, sino a la nueva variedad tecnológica que los especialistas han denominado lapa multipropósito.No se coloca como las anteriores, detectable en los bajos del vehículo, sino escondida entre el depósito de carburante y la rueda de recambio. Su objetivo es que a partir de una explosión (amonal) el coche se convierta en una tea inextinguible (nitrometano), y quienes vayan dentro acaben literalmente quemados vivos.

El carácter terrorífico e intimidatorio que supone la muerte por cremación, con lo que tiene de exhibición de una víctima exasperada, que se consume a la vista de la gente, lo supo ya hace siglos la Inquisición, que la ejecutó y en abundancia, pero en la actualidad el terrorismo vasco recupera una práctica del narcotráfico latinoamericano – no tengo noticia de que se haya hecho alguna vez en Europa-denominada en la jerga el microondas,y que no es otra cosa que meter a la víctima dentro de varias ruedas de camión, regarlas de gasolina y prenderles fuego. Aseguran que el efecto humano y social resulta tan pavoroso que lo utilizan como castigo a la traición de un sicario. Y en esas estamos. No se trata sólo de matar, sino de aterrorizar a los que no matas pero que contemplan el crimen. El objetivo de la degradación social tiene consecuencias inmediatas, porque basta el simple hecho de que sobrevivas a un atentado a tu vecino para que te consideres un ser privilegiado al que se ha perdonado la vida. La próxima vez tratarás de estar lo más lejos posible del crimen, para no verlo, para no oírlo, para no enterarte ni siquiera de que ha ocurrido.

Por lo tanto conviene que adoptes algunas precauciones para los nuevos-viejos tiempos que has de afrontar. Nunca llenes el depósito; déjalo siempre bajito de gasolina y no contribuirás a avivar tu propio fuego. Suerte si tu vehículo es diésel, porque no resulta tan inflamable. No te atengas a la regla que obliga a ponerte el cinturón de seguridad conforme montas; espera un rato, porque corres el riesgo de atarte tú mismo. Si vas a llevar a tus hijos, indícales que les recoges en la esquina o a la salida del garaje, pero que no estén contigo cuando arrancas. Ten la precaución de no cerrar la puerta hasta después de haber puesto el motor en marcha y cuando el coche ha empezado a moverse, porque estas máquinas hechas para correr pueden recibir golpes pero si explota algo dentro se convierten en cárceles llenas de barrotes. Y por último y muy importante, lo primero que hagas al entrar en el coche y sentarte es abrir completamente la ventanilla de tu lado; podría ayudarte si tienes un percance.

Estoy seguro de que este manual de uso para ciudadanos residentes en el País Vasco será considerado por más de un lector como unas instrucciones literarias redactadas para intimidar al personal y que no van con ellos, salvo que se inmiscuyan en la política vasca, cosa que se cuidarán muy mucho. Se equivocan. Cualquiera puede ser un objetivo, porque cuanto más fácil sea de liquidar más objetivo será. ¿Habrá que repetir aquí algo que ha sido poco analizado entre nosotros? El atentado de Hipercor, con su salvaje saldo de muertos y heridos, no sucedió porque fueran culpables de tal o cual opinión, actitud o responsabilidad histórica. Ocurrió por todo lo contrario, porque al ser absolutamente inocentes eran las víctimas ideales para plasmar el principio de socializar el sufrimiento y demostrar que en la zona de España donde mayor sustento tenían, excepción hecha del País Vasco, aprenderían la lección del miedo. Soy de los que piensan que el asesinato de Ernest Lluch fue otra lección brutal que buena parte de la sociedad catalana no sólo se negó a analizar – “eso le ocurrió por meterse en el mundo de los vascos”-sino que incluso interpretó al revés – “¡señores políticos, dialoguen!”-.Cuando opinas como a la mayoría le gusta que opines, da lo mismo que vivas en Barcelona o en San Sebastián, nadie te tentará la cabeza y las instrucciones sobre el vehículo al arrancar estarán de más. Por eso conviene saber que el Defensor del Pueblo en Euskadi (Ararteko), Iñigo Lamarca, acaba de hacer público el número de personas susceptibles en el País Vasco de ser un objetivo de ETA. Cuarenta y dos mil.

Gregorio Morán