Mariano Rajoy

En los últimos años ha sido una constante afirmar que Rajoy es vago, indolente y corrupto. Sirvan estas líneas para desmentir las opiniones negativas y calumniosas que sobre él se han vertido. Conocí a Rajoy y he seguido su trayectoria política. Fue concejal, vicepresidente de la Junta de Galicia, diputado en el Congreso, ministro, vicepresidente del Gobierno y finalmente presidente del mismo. Conocedor a fondo del Partido Popular, organizó varias campañas electorales, entre ellas la que dio la presidencia del Gobierno a Aznar con mayoría absoluta. Desprendido de sus intereses económicos, se dedicó plenamente a la acción política, adquiriendo gran experiencia en la gestión pública y tareas de gobierno.

Aznar optó por él para que fuera candidato a presidente del Gobierno. El paso del tiempo ha demostrado que Aznar tomó una sabia decisión.

En los cuatro años de su mandato Rajoy ha tenido que enfrentarse a una gran crisis económica, al saneamiento del sector financiero y a la enorme cifra de parados. Al llegar el PP al Gobierno comprobó que los datos económicos que le había facilitado el PSOE eran totalmente falsos. En consecuencia, el Gobierno se vio forzado a incumplir su programa electoral a fin de atajar la situación extrema de España. Decisión duramente criticada por la oposición, que exigía que fuéramos rescatados por la UE. El presidente se opuso a la intervención que supondría encontrarnos como Grecia o Portugal.

En los dos primeros años el Gobierno consiguió estabilizar la economía y poner en pie el sistema financiero, y en los dos siguientes se empezó a crear empleo, bajando al final de la legislatura de forma sensible el número de parados.

La corrupción ha sido el principal motivo de ataque a Rajoy. Se puede afirmar que la corrupción ha sido cierta, pero heredada y no personal de Rajoy, y no se puede ignorar la cantidad de normas legales que ha aprobado el Gobierno, en ocasiones con la oposición de otros partidos, ni tampoco que ha dejado libertad para que la Fiscalía actúe sin distinguir la procedencia de la corrupción.

La corrupción es una lacra que hace perder la confianza en los políticos y que se asentó en España pasados los gobiernos del presidente Suárez, y que tiene su principal sede en ayuntamientos, diputaciones, autonomías y la Administración Pública. Ha afectado a todos los partidos políticos con poder y los nuevos partidos emergentes están incurriendo en ella en cuanto han llegado al poder.

Resulta paradójico que el PSOE acuse al PP de corrupto sin mirarse al espejo. No es cuestión de hacer la nómina de las corrupciones que han afectado a dicho partido, ya que llenaría muchas páginas. Sólo con las corrupciones que yo como diputado denuncié y demostré en el Congreso de los Diputados y en los tribunales se haría un gran tomo.

Se hace muy difícil de entender cómo Sánchez, «don no es no», se atrevió a acusar de corrupto e indecente a Rajoy sin mirar la reciente historia de su partido. Tras las elecciones de diciembre que ganó el PP no fue posible formar Gobierno por la cerrazón de Sánchez, al que sólo le interesaba defender sus intereses personales. Celebradas nuevas elecciones el 26 de junio, el Partido Popular aumentó sus escaños, pero hasta ahora ha sido imposible formar Gobierno por la conducta egoísta de Sánchez, que ha tratado de ser presidente de la nación a través de un pacto con Podemos, populista, marxista y leninista, y los independentistas.

Al final ha estallado la crisis en el PSOE con la remoción de Sánchez como secretario general y se constituyó una gestora presidida por Javier Fernández, hombre socialdemócrata y de talante moderado. La gestora se encuentra en la disyuntiva de consentir la investidura de Rajoy o ir a nuevas elecciones que serían un desastre para el PSOE.

Las declaraciones de algunos dirigentes populares poniendo condiciones a la abstención socialista han sido negadas por Rajoy, que, ante la posibilidad de tener mayoría absoluta en unas nuevas elecciones, ha optado por defender el interés de España afirmando que no pondría condiciones a la abstención y que trabajaría día a día para lograr la gobernabilidad de España.

La decisión de Rajoy trae a mi memoria al presidente Suárez, que ante la crisis del PSOE por la dimisión como secretario general de Felipe González nos pidió a los dirigentes regionales de UCD que ayudáramos al PSOE a salir de su encrucijada porque la existencia de dicho partido era necesaria para la democracia española. Suárez siempre fue un hombre de Estado que puso por encima de su partido y de sí mismo el bien de España.

Rajoy es un hombre honesto, trabajador, sosegado, reflexivo, un gran español que piensa en España antes que en su partido y en él mismo. Y es que Rajoy es también un hombre de Estado, no un político apócrifo y con los pies de barro.

Luis Ramallo, espresidente de la Junta Regional de Extremadura.

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