Mário Soares, el gran amigo de los corresponsales

La puerta de su despacho estaba siempre abierta para nosotros. Mário Soares mantuvo una relación muy especial con los corresponsales en Portugal. «Nunca me olvido de los periodistas extranjeros porque ellos estuvieron a mi lado en momentos muy difíciles de mi vida», nos recordaba con frecuencia. Una vez al año recibíamos la invitación para ir a cenar con él. El restaurante Faz Figura era uno de sus preferidos, en los que disfrutamos de largas veladas a su lado. Nosotros también intentábamos corresponderle con otro convite en variados locales de la capital. Y allí iba él, siempre sonriente, con buen humor, dispuesto a regalarnos en cada encuentro una inolvidable lección de historia de su país y de Europa.

Le gustaba especialmente recordar momentos señalados en su vida, como fue el 25 de abril de 1974, la revolución de los Claveles, fecha en la que él se encontraba en Alemania, a punto de reunirse con el canciller Willy Brandt. Cambió de planes y se fue directamente a Lisboa cuando supo que algo estaba pasando en su país. Lo hizo en el tren Sud Express y al llegar a la primera estación en territorio luso habló entusiasmado con un megáfono a las personas reunidas a su alrededor. «Allí noté que todo había cambiado», nos decía.

En mis casi trece años como corresponsal de ABC en Lisboa fueron muchas las cenas en las que participé y varias las entrevistas que concedió a este periódico. Era imposible quedarse indiferente ante la energía y vitalidad de Soares, sobre todo en 2005, cuando decidió presentarse a las elecciones presidenciales de enero de 2006, que acabó ganando Cavaco Silva. Protagonizó una campaña electoral de infarto pero tenía tiempo para conceder decenas de entrevistas, sobre todo si era para medios extranjeros. Una de las últimas cenas que organizamos los corresponsales, hace ya cuatro años, fue en la taberna del restaurante Tágide. Queríamos que fuese algo informal y al mismo tiempo con clase. Quitando el pormenor de que le hicimos beber el tradicional caldo verde portugués en un vaso («no me acostumbro a estas modernidades», dijo con buen humor), la velada fue mucho mejor de lo esperado. Se acababa de recuperar de uno de sus últimos achaques y nos temíamos que su estado de salud le impidiese disfrutar de la cena. Pero fue todo lo contrario, estuvo especialmente divertido, confidente y amigo. Las conversaciones con él eran totalmente imprevisibles e introducía siempre divertidas anécdotas que humanizaban la política. Y como en todas las ocasiones que nos reuníamos con él, no podía faltar una foto que inmortalizase el encuentro. Le encantaban esas fotografías en las que elegía siempre rodearse de la prensa femenina.

Esa cercanía y proximidad que establecía con la prensa extranjera era algo magnético que difícilmente se va a repetir con otro personaje político. Los corresponsales que convivieron con él en las décadas de los 70 y los 80 crearon verdaderos lazos de amistad que se han mantenido hasta el fin de sus días. Pero a los que llegamos más tarde nos tuvo igualmente una gran consideración. Respetaba mucho nuestro trabajo. Reconozco que no dejaba nunca de sorprenderme. Recuerdo cuando falleció Adolfo Suárez. Recibí rápidamente una llamada de una persona próxima a Soares para darme el «recado» de que esperaba mi llamada. Él siempre iba por delante y no perdía detalle. Así lo hice, y transmití a través del periódico sus palabras: «con la muerte de Suárez Portugal pierde un amigo y un aliado», me dijo. Y en cada entrevista daba siempre un buen titular. Como la concedida a ABC en el cuarenta aniversario de la Revolución de los Claveles, confesando que el comportamiento de Franco fue decisivo para que los acontecimientos siguiesen su trayectoria porque «se opuso al envío de navíos a Portugal».

En 2013, los corresponsales miembros de la Asociación de la Prensa Extranjera en Portugal (AIEP) decidimos entregar el premio Personalidad de Año a Mário Sores por su trayectoria política y por su intensa actividad como expresidente de la República. Logramos juntar en la misma foto al ex primer ministro José Sócrates, al entonces alcalde de Lisboa y hoy primer ministro Antonio Costa y al homenajeado. Como presidenta de la AIEP tuve la oportunidad de preparar con él y su equipo un acto que se convirtió en un bonito homenaje a una figura política inusual. Tal y como le dije entonces, en un país en el que sigue habiendo distinciones por los títulos de doctores e ingenieros, el doctor Mario Soares quiso ser únicamente para nosotros el amigo Mario. Un bonito gesto y actitud que difícilmente olvidaremos.

Belén Rodrigo fue corresponsal en Lisboa desde el año 2002 al 2015.

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