Marruecos o el agosto de las imposturas

Dos lamentables acontecimientos han marcado una vez más las relaciones de España con Marruecos, quedando muy clara la militante animadversión que el Reino alauí siente por nuestro país y su integridad territorial, por los derechos humanos y por los saharauis.

El acoso y agresión a unos españoles que se concentraban legalmente en El Aaiún -recordemos, Sáhara Occidental, no Marruecos- para pedir la libertad para el pueblo saharaui ha expuesto de nuevo que los métodos marroquíes para reprimir el movimiento pro saharaui se escriben en el catálogo de la opresión y el miedo. Asimismo, la crisis diplomática que provocó Marruecos hace unas semanas, y que según las autoridades de Rabat se debe a supuestos casos de racismo por parte de la Policía española en sus funciones de control de fronteras, confirma la estrategia cíclica de la dictadura del sur de atacar y obstaculizar el trabajo de las instituciones españolas en su conjunto.

Ahora el objetivo son las normales actividades de la Policía nacional, utilizando insidiosas críticas elaboradas por el típico departamento de inteligencia de una típica dictadura.

Pero antes, otras estrategias ya habían evidenciado el odio que Marruecos siente por España, y tanto su rey-sultán como sus ministerios de Interior y Asuntos Exteriores, así como su policía, su ejército y sus servicios secretos, han contribuido al intento de minar con propaganda y acciones de hostigamiento la paciencia de nuestras instituciones.

Encontramos ejemplos de todo ello en el tradicional descontrol en la inmigración ilegal hacia España, la utilización de las visitas de nuestros representantes institucionales para la distorsión geopolítica, el ridículo de la provocación militar -léase Perejil-, la sospechosa falta de colaboración en el terrible asunto del 11-M, el papel de puerta de entrada a todo tipo de drogas en Europa, el acoso permanente a las fronteras españolas en Ceuta y Melilla con situaciones de boicot y amenazas…

Marruecos ha sido y es plataforma y organizador de ese flujo incesante de ciudadanos africanos hacia nuestro territorio, ha facilitado la inmigración ilegal, la ha alentado y no ha perseguido a sus responsables. Su calculada inacción ha sido causa de miles de muertes en el Atlántico, al permitir a inservibles pateras y cayucos llenarse de personas y poner rumbo a Canarias o la Península. Por otro lado todos hemos visto a nuestro presidente del Gobierno en épocas pretéritas fotografiarse con el dictador del sur teniendo como fondo un mapa falso de Marruecos, incluyendo el Sáhara Occidental, las Canarias y Ceuta y Melilla. En una clara vulneración de la verdad geopolítica y de las relaciones bilaterales.

El Reino alauí no soportaba la firmeza de Aznar ante las felonías internacionales del Gobierno de Mohamed VI y le trató de provocar con el ridículo histórico de la toma de Perejil por parte de soldados marroquíes y su desalojo por las fuerzas de seguridad españolas.

Aún es un misterio, o quizá un secreto, la implicación de los servicios de inteligencia marroquíes en todo lo relativo con el 11-M, en la clamorosa falta de colaboración en las investigaciones y persecución de los presuntos responsables. Y está claro que el acoso a las fronteras de Ceuta y Melilla pone de manifiesto algo que se repite en formas y tácticas diferentes. La obsesión por minar la calma y la actividad de las dos ciudades autónomas es una constante en la acción de los marroquíes que proyectan su odio a España ora lanzando a subsaharianos contra las vallas fronterizas, ora boicoteando el suministro de mercancías, organizando huelgas y algaradas , ora insultando a nuestra Policía por tener mujeres en una plantilla de patrulla fronteriza que cumple con su trabajo mal que pese a quienes construyen falsas acusaciones de prácticas ilícitas.

La acusación de Rabat a España es nada menos que de racismo. Marruecos, el país más racista de todo el Magreb, se permite acusar a la Policía española de prácticas xenófobas con el fin de crear un caldo de cultivo que exalte determinadas actitudes de la militancia radical antiespañola y para mantener la tensión con nuestro país. Marruecos sabe que la diplomacia española en la actualidad es endeble, cuando no servil, y esa fragilidad, bien aprovechada, podría favorecer sus intereses.

El racismo es hoy una seña de identidad de la actuación del Gobierno de Mohamed VI. El objetivo de esa intolerable actitud son fundamentalmente los saharauis. Los habitantes de las mal llamadas provincias del sur, es decir, del usurpado y sometido Sáhara Occidental, son constantemente humillados, vejados, perseguidos y detenidos por seguir reivindicando su personalidad de pueblo y de nación. A los saharauis no se les permite, salvo que traicionen públicamente su historia, hacer una vida normal. A la mayoría de los saharauis se les ha obligado a llevar una vida en el exilio y tanto en el desierto argelino, en Tinduf, como en Mauritania, a muchos miles de saharauis la dictadura marroquí les impone por el odio racial e imperialista un destierro injusto y brutal. Marruecos ha separado a familias que han perdido todo contacto, ha construido en la invadida ciudad saharaui de El Aaiún una prisión, la cárcel negra, donde se detiene injustificadamente, se tortura y se cumplen penas establecidas en juicios sumarísimos y con falsas acusaciones a quienes se manifiestan como saharauis.

aminatu haidar y su significativa denuncia, la situación de los activistas saharauis pro derechos humanos detenidos y acusados por Marruecos de espionaje y traición, la falta de libertades de expresión, circulación y asociación para la población saharaui (en este caso también para la propia marroquí), la constante persecución de saharauis en los territorios ocupados por el ejército de Rabat, la construcción de un muro militar y con minas antipersona en el territorio del Sáhara Occidental, el día a día de niños y jóvenes saharauis que no conocen su patria o la conocen bajo un régimen de tortura y represión por la imposición de Marruecos… Todo esto hace que tengamos que considerar la acusación a España de racismo como un sarcasmo. Un insulto y una impostura.

Tenemos que recordar también que en Julio de 2005 una delegación en la que participamos miembros del Intergrupo del Parlamento vasco para la libertad y la paz en el Sáhara Occidental fue expulsada de malas maneras por la policía marroquí del aeropuerto de El Aaiún.

Los derechos humanos se vulneran todos los días en Marruecos y el presidente de la UE, Van Rompuy, ya lo puso de manifiesto en la última cumbre UE-Marruecos. Con los saharauis y sus defensores, a los que se persigue y fustiga; con los subsaharianos, a los que se utilizan como elemento de presión para lanzarlos a las aguas del Estrecho y del océano; con los habitantes de Ceuta y Melilla, a los que se les amenaza y boicotea; e incluso con los propios marroquíes, que sufren una férrea dictadura donde periodistas, disidentes, mujeres y librepensadores sufren todos los días un régimen de represión.

Y aun así, Zapatero mandó a Rubalcaba a Rabat a bajarse los pantalones. ¿Por qué le atraen tanto algunas dictaduras?

Carmelo Barrio Baroja es diputado del PP en el Parlamento vasco y miembro del Intergrupo Parlamentario Vasco Paz y Libertad para el Pueblo Saharaui.