Más allá del ‘Diguem no’

La manifestación de hoy expresa la protesta de Catalunya contra una sentencia del Tribunal Constitucional (TC) que recorta el Estatut. La gran mayoría cree que el texto votado por el 87,4% del Parlament; corregido y pactado luego en Madrid y aprobado (mayoría absoluta) por el Congreso y el Senado españoles; y finalmente respaldado en referendo por el pueblo de Catalunya, no podía ser alterado. Y menos por el recurso de un partido que utilizó el Estatut para una campaña anticatalana y por un TC que ha tardado cuatro años en dictar sentencia. Y en circunstancias, para decirlo suavemente, muy anómalas.

Además, serios constitucionalistas, como Pérez Royo, sostienen que los estatutos de las autonomías del artículo 151 de la Constitución, los de las nacionalidades históricas, son un pacto entre parlamentos. Y que la última palabra la tiene el referendo. Al TC corresponde arbitrar los conflictos que surjan al aplicar el Estatut. No cuestionarlo.

Por este sentimiento, Catalunya protesta contra una sentencia que pone en duda el pacto constitucional del 78 (suscrito por todas los partidos excepto la ERC de Heribert Barrera) y que es el acto final de una campaña anticatalana. La principal responsabilidad es del PP, pero ha habido incitación de sectores mediáticos de la capital y seguidismo –por miedo o convicción– de intelectuales progresistas. E incluso de políticos del PSOE que votaron el Estatut.

Catalunya dice hoy no. Y el respaldo a la protesta es incluso superior al del Estatut pactado en Madrid. Por eso el forcejeo sobre el lema tiene su lógica. Pero la manifestación no debería ser sólo un nuevo Diguem no. Tendría que dar paso a una propuesta unitaria que lograra resultados. Y esto plantea problemas, superables, pero que no se deben infravalorar.

El primero es la afición catalana a festejar derrotas (1714) y exigir el tot o res. Y el Estatut no ha sido derrotado. No es el res, pero tampoco el tot. Ha sido declarado constitucional en el 90%. Y el PP, pese a la Brunete mediática, ha perdido.

Gran parte de Catalunya es consciente de esta victoria relativa (las totales son de Hollywood) y sabe que ganar implica no aceptar la derrota, en especial cuando no la ha habido. Y que hay que utilizar los 39 diputados catalanistas en Madrid (25 del PSC y 10 de CiU) para demostrar que es difícil gobernar España contra Catalunya. Aquí Montilla y Mas están en el mismo barco. Pero deberían apostar más fuerte. Montilla, en la relación con el PSOE. Mas, en la fe total en su papel de bisagra. Y quizá no lo hagan.

Además, buena parte de Catalunya cree legítimamente que la sentencia avala el soberanismo. El mismo Mas coquetea con la idea, aunque no quiere rematar. Y está en el ADN de la actual ERC (no en la de la II República). Pero los partidos que sostienen esta tesis no explican cómo –con menos unidad en Catalunya– la España que recorta el Estatut acabará aceptando uno con concierto económico. O el referendo soberanista. ¿Por imposición europea? ¿Olvidan que lo logrado sobre la lengua en la UE lo posibilitó el mismo partido que aprobó el Estatut en Madrid?

El tejido asociativo puede, y debe, expresar sentimientos. No siempre realistas. Pero para sumar. No para ningunear a las instituciones de autogobierno o discutir el liderazgo del presidente de Catalunya cuando Catalunya desea protestar unida. La nota más curiosa la ha dado el dirigente de una asociación convocante al decir: «Que quede claro que no es una manifestación en defensa del Estatut, sino del derecho a decidir». ¿Por qué convocan, pues, tras la sentencia del TC? ¿Quieren aprovechar para el agit-prop soberanista? Están en todo su derecho, pero una asociación subvencionada (1,1 millones anuales) no es la pura expresión de la sociedad civil. No vayamos más allá. Ayer oí a la propia presidenta de Òmnium decir, con sensatez, que se trata de una manifestación abierta.

El segundo problema es el tacticismo político a corto plazo. Las elecciones están a la vuelta de la esquina y a algunos les gusta, pero inquieta (incluso más) que el president Montilla se ponga al frente de la manifestación, no tanto de la de esta tarde como del rechazo a la sentencia. Es legítimo. Pero mercadear el papel del president no es lo mejor para un país que se respeta a sí mismo. Y degradar a los no soberanistas sería un error mayor porque fraccionaría la amplia mayoría social que apoyó el Estatut. ¿Tiene CiU la tentación? Así se entendería que Pujol diga que la manifestación precisa un lema y no puede ser «una fiesta con una banderita o una banderota». Es la misma tentación del tripartito, y de Maragall, cuando quiso capitalizar el Estatut. O de Mas, al negociar a solas con Zapatero. O de ERC, al negar el Estatut por el pacto nocturno entre Mas y Zapatero. El tacticismo se entiende, pero divide.

Catalunya está unida para defender su voluntad. Luego hay legítimos intereses y divergencias. Conviene que los unos y las otras no ayuden a los decididos a limitar –o cercenar– el autogobierno. La mani de hoy debe ser un paso adelante. Cuanta más gente vaya, y más abierta sea, mejor.

Joan Tapia, periodista.