Mas: la duda trágica entre la traición y el suicidio

Se acerca el día fatídico y a Artur Mas se le agota el tiempo para buscar un agujero en el callejón sin salida en el que se ha metido.

Mientras a algunos de sus colaboradores y a los pesos pesados de la economía catalana les ha asegurado que no se vulnerará la ley, lo que implica no sacar urnas a la calle el 9-N si el Tribunal Constitucional suspende el referéndum, su portavoz, Homs, y el nuevo hombre fuerte de Convergencia, Josep Rull, afirman públicamente lo contrario para mantener viva la llama de la independencia y, sobre todo, para no enfadar a Oriol Junqueras.

La política consiste en evitar situaciones que aboquen al suicidio. Pero Mas, desde hace meses, no se comporta como un político, sino como un mesías dispuesto al sacrificio, propio y ajeno, con el vano propósito de pasar a la historia como el hombre que liberó a Cataluña del yugo español.

En su descargo, hay que decir que las circunstancias no le han ayudado. La caída del mito Pujol en la precampaña de cara a la Diada, el punto álgido de la movilización ciudadana de cara a justificar una ley de consultas claramente inconstitucional pero encaminada a dar satisfacción al griterío callejero, ha supuesto no sólo un obstáculo para superar las concentraciones de otros años en esa fecha, sino que ha desencadenado un proceso que puede llevar a la destrucción de CiU como partido hegemónico en Cataluña.

El striptease de Pujol, forzado por una filtración, no ha sido más que el comienzo de una serie de atrocidades que, de llevarse a la pantalla, superaría el éxito de Los Soprano.

La enorme fortuna de los Pujol, agazapada en las tranquilas aguas de los paraísos fiscales, se puso en movimiento tras la publicación por EL MUNDO de los números de cuentas de algunos de sus miembros en un banco andorrano.

Grave error. El servicio de blanqueo de capitales del Banco de España (Seblac) ya había dado la voz de alarma y los focos ya estaban encendidos cuando los Pujol empezaron a cambiar su dinero de unas cuentas a otras.

A los rastros que ya existían, de repente, se han sumado datos nuevos, desconocidos. Por ejemplo, la existencia de una cuenta de Oleguer Pujol en la Isla de Man en una sucursal del Barclays. El intento de transferencia a España el 28 de julio del pequeño de la saga, fue frenado en seco por la dirección del banco, ya advertida de no prestar su colaboración a un posible delito de blanqueo.

Les auguro, por tanto, nuevas y espeluznantes novedades sobre las andanzas de una familia en torno a la cual se construyó el partido que ha aglutinado a la burguesía catalana durante los últimos treinta años.

Según una de mis fuentes, un político catalán ya retirado, “Convergencia podría desaparecer o quedar reducida a la irrelevancia”. Y añade: “Pujol tuvo la inteligencia de crear un partido en torno a un grupo de presión de intereses particulares. El mecanismo funcionaba de la siguiente forma: Pujol actuaba en Madrid como el representante de la burguesía catalana y basaba su éxito en lograr concesiones, ayudas, inversiones, etc. A cambio de ese papel como gestor de los intereses empresariales de Cataluña, CiU actuaba con total impunidad cobrando comisiones, como era sabido por todo el mundo (recuérdese lo que dijo Maragall en el Parlament). El caso Palau y, sobre todo, la destrucción de Pujol como referente moral del proyecto, convierten a CiU en un instrumento inservible para los intereses de los que sostenían económicamente a la coalición. O bien CiU se reinventa totalmente o desaparecerá del panorama a medio plazo”.

Es lo que suele ocurrir con los proyectos demasiado personalistas, que mueren cuando su fundador desaparece o cae en desgracia.

Si Mas hubiera tenido una pizca de inteligencia, habría preparado el terreno para una rectificación que le salvara la cara.

De hecho, el PSC le ha servido en bandeja una salida que, en otras circunstancias, habría sido la solución ideal para evitar un conflicto de consecuencias irreversibles en Cataluña. Miquel Iceta, de acuerdo con Pedro Sánchez, ha ofrecido los 20 diputados del PSC en el Parlament para ayudar a Mas a acabar la legislatura si retira la consulta tras la decisión del TC y ERC le retira su apoyo.

Los poderes fácticos en Cataluña llevan meses, si no años, clamando por la sociovergencia. Una alianza CiU/PSC ayudaría a centrar al partido nacionalista, reencontrándose con su votante tradicional, y daría al Gobierno el sustento de un partido, cuya matriz, el PSOE, puede ser alternativa de gobierno en España.

La cuestión es: ¿Qué piensa Mas? ¿Acudirán en su auxilio las virtudes del pragmatismo cuando se vea ante el abismo de incumplir la ley? ¿O bien ha decidido ya inmolarse en aras de los pactos suscritos con ERC y de la independencia de Cataluña?

Decíamos que las circunstancias no han ayudado al presidente de la Generalitat. Y es cierto. No sólo porque la desvergüenza de Pujol ha manchado para siempre a su partido, sino porque el cálculo de que ahora era el mejor momento para lograr una victoria histórica, por la debilidad de España, ha resultado fallido.

Al contrario de lo que pensaban algunos, los resultados de las elecciones europeas no han socavado a Rajoy, sino que le han reforzado. Como ha quedado demostrado en la visita de Merkel a Santiago esta semana, Alemania ve en el líder del PP una garantía de estabilidad y un aliado para seguir imponiendo en Europa políticas de consolidación fiscal.

La crisis política en Francia y la reticencia de Renzi en Italia a aplicar políticas de ajuste, realzan el papel de España y de Rajoy en Europa. De ahí el aval de la canciller alemana a Luis de Guindos como futuro presidente del Eurogrupo.

Mas (y otros) creían que la crisis de la Monarquía brindaba un escenario propicio para aventuras rupturistas. Sin embargo, la llegada al trono de Felipe VI no sólo ha cerrado una incógnita que podía poner en cuestión el proceso de transición política en España, sino que ha consolidado a la propia institución.

Mas se enfrenta ahora a un panorama nada alentador. Su partido se ha dejado comer el terreno por su mayor competidor en la cancha nacionalista, ERC; su referente histórico resulta que es un defraudador cuya familia ha hecho todo tipo de negocios ilegales, a la sombra de la Generalitat; y, para colmo, la situación económica y el contexto europeo le han dado a Rajoy una fuerza que hace dos años no tenía.

La burguesía catalana, avalista y beneficiaria de CiU, contempla a Mas como un juguete roto. Algunos no descartan que el president dimita cuando anuncie que el referéndum no será posible, aunque sus íntimos creen que aguantará hasta el final de la legislatura. El día que se vaya, será un gran día para Cataluña.

Casimiro García-Abadillo, director de El Mundo.

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