Mayo: los hierros del tiempo presentes y pasados

Por Manuel Mandianes, antropólogo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y escritor (EL MUNDO, 01/05/07):

Durante los últimos días de abril y los primeros de mayo, gracias al cambio de estación, tiene lugar el encuentro entre las fuerzas del mal, que salen del mundo subterráneo, y las fuerzas del bien. Este encuentro produce un profundo desequilibrio en el universo a todos los niveles frente al que, al menos, Occidente ha tomado y sigue tomando toda clase de medidas y precauciones.

Según la mitología, todos los pobladores de Irlanda llegaron al país un 1 de mayo. El mismo día que arribaron a la isla, los Tuatha Dé Danann quemaron sus barcos y encendieron un fuego que renovaban cada seis años. Era el fuego de Beltina -derivado de belenós: brillante-. Sobre esta hoguera saltaban las personas y hacían pasar a los rebaños para que fuesen fecundos.

Mayo también era un mes ligado a ancestrales creencias griegas, como la de Zeus, rey de los dioses, que un día, mezclándose con otras cabezas de ganado, decidió tomar la forma de toro blanco, como de nieve, con pequeños cuernos como gemas, para así poder acercarse a la bella Europa. Le metió flores en la boca, le colgó guirnaldas de sus cuernos, y ya con ella subida a su lomo, Zeus se internó en el mar y nadó rumbo a Creta. Una vez en tierras cretenses, los dos se perdieron en un bosquecillo de sauces y allí él, transformado en águila, la violó. El sauce rige el quinto mes del año sagrado y está asociado a la brujería y a los ritos de fertilidad. El nombre cretense de Europa es Hélotis, que sugiere hélice, sauce; y algunos autores dicen que Europa significa rostro ancho, sinónimo de luna llena (R. Graves: Los mitos griegos).

Para los romanos, mayo era el mes de la fecundidad, proyección de la energía vital. Celebraban el día de Flora, madre y reina de todas las flores, y esposa de Zéfiro. Éste hizo disfrutar a Flora de una eterna primavera y le dio poder sobre las heladas abrasadoras, los vientos impetuosos, las tormentas feroces y el granizo destructor. También controlaba la fertilidad y la esterilidad de las mujeres, mediante el manejo adecuado de flores propicias. Flora no era una divinidad severa, admitía entre sus fieles y devotos a las masas plebeyas y a las prostitutas que distribuían a manos llenas la belleza de su plena edad con hombres de paso. Los juegos florales celebrados en su honor eran auténticos espectáculos mundanos y banales que no tenían nada de trágicos. Porque todos los colores encierran toda la belleza, todos son los colores de Flora (Ovidio, Los fastos, V).

Frente a las perturbaciones atmosféricas del momento, muchas comunidades cristianas organizaban procesiones de rogativas para implorar del cielo un tiempo propicio a las cosechas. Las parroquias y los colegios católicos celebraban -y, en muchos casos, siguen celebrando- el mes de María; los niños recitaban versos en honor de la madre de Jesús, rezaban el rosario y organizaban representaciones en el atrio de la iglesia o en el patio del colegio. Puesto que la llegada de los habitantes del mundo subterráneo podía alterar las relaciones entre los habitantes de este otro mundo, el número de matrimonios en Europa descendía de manera alarmante durante el mes de mayo.

Los familiares llevaban a la procesión de San Pedro Mártir, el 29 de abril, a aquéllos de sus miembros que sufrían trastornos en su conducta, debidos, según la creencia generalizada, a esta efervescencia de espíritus, y rogaban al santo que los liberara de los espíritus que los poseían. Los endemoniados (enfermos) recorrían la procesión debajo de las andas del santo gritando y blasfemando. Los devotos llevaban consigo ramitos de hierbas que después colgaban detrás de la puerta de sus casas para protegerlas de los malos espíritus.

Algunos de los fuegos, incluido el fuego de la Vigilia Pascual -del cual, en muchos lugares de Europa, un miembro de cada casa llevaba un tizón para encender en el hogar el fuego nuevo que debía permanecer encendido durante todo el año (si se apagaba, una mujer de la casa debía ir a buscar el mismo fuego a la casa vecina)- y el de la Noche de Walpurgis -que se celebra la víspera del 1 de mayo en gran parte del centro y el norte de Europa-, son la versión cristiana del fuego de Beltina.

Santa Walpurgis, piadosa benedictina inglesa del siglo VIII, siendo abadesa de Heidenheim fue iniciada en las artes mágicas. Poco después de enterrada, un líquido maravilloso empezó a brotar de su tumba: el famoso aceite de Santa Walpurgis, cuya poderosa influencia contra el poder de las brujas dio origen a ritos de purificación y defensa, como el encendido de hogueras contra todos los poderes malignos a lo largo de la noche del 30 de abril al 1 de mayo, que tan bien reflejó Goethe en su Fausto.

Otros fuegos guardaron siempre su espíritu pagano. La noche del 29 de abril, los campesinos de Europa encendían en la plaza de su aldea una hoguera y, a media noche, al son del toque de ánimas, salían, blandiendo mechones encendidos, a recorrer los sembrados para fecundarlos con la ceniza. Las hogueras y el ruido que armaban los pobladores simbolizaban una cacería y una batida para expulsar del territorio los espíritus malignos llegados con el final del invierno.

Por estas fechas, los jóvenes plantaban un árbol en la plaza del pueblo; y los mayos -jóvenes vestidos con ramas de árboles- recorrían los caminos de aldeas y poblados. En el norte de Europa, los mayos son conocidos como los que expulsan la muerte. Las coplas que entonan, como el testamento del Carnaval, reparten juicios, sanciones y premios por todo lo ocurrido durante el año. Los mayos terminaban ahogando o quemando un muñeco, al que en Galicia llaman meco «desde tiempos inmemoriales» (P. Sarmiento: Viaje a Galicia).

El árbol es un símbolo que une a las fuerzas que salen de debajo de la tierra y a las fuerzas superiores. El 3 de mayo, la Santa Cruz, el árbol por antonomasia de la civilización cristiana, sale a las calles en multitud de pueblos de España. En Laza (Orense) tiene lugar el sacrificio de Isaac, vestigio, sin duda, de un acto sacramental medieval. Los habitantes de la región hacen el traslado de la Santa Cruz de Maholla a Abanilla (Murcia): Durante la procesión, los participantes van carros con jamones, toneles de vino y toda clase de ramos de frutos; todo el mundo come y bebe en abundancia, mientras estallan petardos, disparan arcabuces y tocan charangas. Cuando llegan a la plaza de la iglesia, los peregrinos reciben el agua de la Santa Cruz y asisten a la suelta de las palomas de la paz. En Caravaca (Murcia), tiene lugar la fiesta de la Santa Cruz y la fiesta de los caballos del vino. El sacrificio y la diversión dionisíaca se funden en una sola cosa en la procesión de Maholla y en la fiesta de Caravaca.

En el Congreso de 1884 de la Federación Americana del Trabajo se aprobó que a partir del 1º de mayo de 1886 se obligara al sector patronal estadounidense a respetar la jornada de ocho horas y que, de lo contrario, se iría a la huelga, con mítines y concentraciones obreras. El 1º de mayo de 1886, los obreros unidos exclamaban: «A partir de hoy, sólo ocho horas diarias; ni una más»; desde entonces, el 1 de mayo es la Fiesta del Trabajo. Las manifestaciones sindicales -hoy puros vestigios-, fueron un intento de reorganizar las relaciones entre las clases sociales.

Y también en nuestros días, el primer domingo de mayo se celebra el Día de la madre; conmemoración en la que los publicistas ejercen de liturgistas y los grandes almacenes son los templos de esta nueva ceremonia.

El calendario no es una tabla en blanco; no hay nada nuevo bajo el sol. Desde la Edad Media, la noche del 30 de abril al 1 de mayo es mágica y está llena de peligros; por eso está llena de escenificaciones de la lucha entre el bien y el mal. Cuanto se hace en esos momentos es un auténtico exorcismo. Cada ideología, cada institución, ha tratado de perpetuarse y domesticar el tiempo poniendo su hierro sobre los momentos más oportunos del ciclo anual.