Mayoría absolutista

Cuando los líderes de la oposición en Cataluña les dijimos a Puigdemont y Junqueras que su golpe a la democracia lo iban a hacer con nocturnidad, nunca pensé que iba a ser literal. Y es que el miércoles vivimos el día y la noche más tristes de la democracia catalana, donde aquellos que representan a la minoría pisotearon los derechos de la mayoría.

El miedo al fracaso y el haberse fijado una fecha de caducidad el 1 de octubre precipitó todo. Una mayoría absolutista en escaños pero no en votos obsesionados con su no promesa electoral -el referéndum nunca estuvo en su hoja de ruta- pasaron por encima de los derechos de la mayoría de los catalanes. Sin duda el espectáculo empezó pronto, tenían prisa y mucha.

Y de la prisa se desencadenó, despropósito tras despropósito, un atropello constante de las leyes democráticas sin precedentes en un parlamento europeo del siglo XXI. La presidenta Forcadell, actuando como una diputada más, ha convertido la dirección del Parlament en una gestoría de Puigdemont y Junqueras al dictado del procés ¿Cómo?: negando la palabra a los letrados, interrumpiendo a los portavoces o publicando clandestinamente con un click su no ley del no referéndum. Y esta vez quienes tiraban de las orejas no eran el malvado Tribunal Constitucional ni la malvada Fiscalía, sino los propios letrados del Parlament y su Consell de Garanties Estatutàries, y digo suyo porque la mitad está nombrado a dedo por el propio Govern. Pero no era el día de escuchar las verdades que no querían oír.

Ante el show, los demócratas no participamos en el fraude y se quedaron solos, solos con su ilegalidad. Todavía quedaba la noche, un último esperpento en plena madrugada para nombrar a la Sindicatura electoral que contará con toda neutralidad los no votos con Junqueras, como pasó en el 9 de noviembre.

Sin embargo, por encima de todo ha sido uno de los días que más orgullosos nos sentimos los diputados de Ciudadanos por los más de 700.000 catalanes que confiaron en nosotros para liderar la oposición democrática en Cataluña. Fue un honor y lo seguirá siendo.

¿Y ahora qué? La última opción que nos queda para devolver la democracia a Cataluña es una moción de censura a Puigdemont con un único punto: convocar elecciones de verdad. Es la hora de dejar a un lado las siglas, los partidos y los colores para pensar unidos en la mayoría de ciudadanos que queremos seguir siendo catalanes, españoles y europeos. ¿Si no lo hacemos esta vez cuando lo haremos?

No queda otra, no es momento de cálculos partidistas. Como líderes de la oposición nuestro deber es agotar todas las vías democráticas para recuperar el sentido común en Cataluña. Nadie dijo que sería fácil, tampoco lo fue entrar en el Parlament con 3 diputados y ahora liderar la oposición con 25. Sin embargo, el mayor fracaso de un Gobierno es que consiga unir a la oposición. Ha llegado la hora de estar unidos, ha llegado la hora de que caminemos juntos.

Fernando de Páramo es diputado de Ciudadanos en el Parlamento de Cataluña y secretario de Comunicación de la formación.

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