Me importa mucho Cataluña

El pasado mes de julio, coincidiendo con la festividad de la Virgen del Carmen, el máximo responsable de la Armada española, magnífico profesional que merece todo mi respeto, indicaba que el conflicto catalán era un asunto «político legal». Y es verdad que es así, pero no es solo eso, cuestión de política y de Justicia; es mucho más, sobre todo para nosotros, los miembros de las Fuerzas Armadas, que asistimos silenciosos a esta cadena de incumplimientos constitucionales de las autoridades de la comunidad autónoma de Cataluña. Y no lo es del todo porque Cataluña pertenece a todos los españoles, es un bien común, incluidos los nacionalistas que hoy quieren separarse del resto, y como tal es un bien a preservar y a defender. Tanto es así que en el inicio de nuestra carrera militar lo expresamos vehementemente, en nuestra «toma de posesión», en nuestra jura de bandera, ceremonia que, dado su significado, solemnidad y disposición al compromiso de los cadetes de las Academias Militares, constituye una hoja de ruta inamovible para el resto de nuestras vidas.

Por tanto, en nuestro código ético figura en un lugar relevante ese juramento que tantas veces hemos renovado:

—¡Soldados¡ ¿Juráis por Dios o prometéis por vuestra conciencia y honor, cumplir fielmente vuestras obligaciones militares, guardar y hacer guardar la Constitución como norma fundamental de Estado, obedecer y respetar al Rey y a vuestros jefes, no abandonarlos nunca y, si preciso fuera, entregar vuestra vida en defensa de España?

La respuesta unánime afirmativa y la advertencia final sobre el cumplimiento del juramento o promesa, por parte del jefe de la unidad militar, cierran el compromiso que llevamos como norte de nuestra actividad profesional.

El artículo 8 del Título Preliminar de la Constitución Española de 1978 promulga:

—Las Fuerzas Armadas(FAS) constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional. Más tarde, en su artículo 97, indica: —El Gobierno dirige la política interior y exterior, la Administración civil y militar y la defensa del Estado. Ejerce la función ejecutiva y la potestad reglamentaria de acuerdo con la Constitución y las leyes.

Está muy claro que desde un punto de vista individual y colectivo los militares integrantes de las FAS están plenamente involucrados en el mal llamado «problema catalán»; distinto es el sentimiento personalizado, que clama a una oposición frontal intelectual a cualquier escisión de España, sobre todo en este caso, de una torticera deformación de la historia que relaciona a los catalanes con el resto de españoles. El sentimiento, como estamento que tiene encargada la defensa de la integridad territorial y el ordenamiento constitucional, de las FAS, tiene mucha relación, o se centra, en el concepto misión, que para nosotros ni se interpreta ni se discute, solo se cumple. Se trata de la dedicación fundamental de la corporación militar, muy alejada en importancia de las que habitualmente desarrollan las FAS, pues nada tendría sentido sin la existencia integral de España.

Bien es verdad que en un Estado de Derecho la utilización de las FAS para asegurar la integridad de España debe ser una cuestión del Gobierno, que maneja todos los recursos disponibles en la nación para impedir la escisión de Cataluña del resto de España, y así lo recoge de forma clara el artículo 97 de la Constitución. El no empleo de las FAS en este caso, prerrogativa del Gobierno, como se ha dicho, no evita que en esta misión posible deba tener la planificación necesaria que elimine el riesgo de la improvisación. La superación de las posibilidades de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado es también una hipótesis de actuación que contemplan nuestras leyes, aunque para ello sea necesario cambiar el estado de seguridad actual al de sitio, aspecto que no parece inicialmente plausible, aunque sí lo hizo el presidente de la II República en 1934.

Una Cataluña fuera de España sería insoportable para los militares, individual y colectivamente, constituyendo una afrenta difícilmente asumible en el futuro, que crearía una inestabilidad que afortunadamente no existe actualmente. Es muy posible que no se den todas las circunstancias de una situación prerrevolucionaria en Cataluña, pero sí aparecen muchos parámetros que identifican el momento actual en esa región de España, en el ámbito político y social, con algunas de las fases típicas de un proceso subversivo, en este caso atípico por su génesis, desde las mismas estructuras del poder regional, pero igual de grave por la finalidad que subyace.

¿De qué nos sirve a las Fuerzas Armadas ganar prestigio en el exterior si perdemos nuestra esencia, la unidad en España?

Ricardo Martínez Isidoro es general de división del Ejército de Tierra (R).

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