Médicos venezolanos en Colombia: ustedes pueden ayudar

 Tres mujeres que emigraron de Venezuela aguardan en la sala de maternidad del Hospital Universitario Erasmo Meoz en Cúcuta, Colombia, en marzo de 2019. Credit Joe Raedle/Getty Images
Tres mujeres que emigraron de Venezuela aguardan en la sala de maternidad del Hospital Universitario Erasmo Meoz en Cúcuta, Colombia, en marzo de 2019. Credit Joe Raedle/Getty Images

El deterioro del sistema de salud venezolano es una de las causas de la crisis migratoria que está desbordando la capacidad de los servicios de salud en los países receptores, especialmente de Colombia, la nación que ha recibido más personas del éxodo de Venezuela.

A pesar de las limitaciones de su propio sistema de salud, Colombia ha recibido a más de 1,4 millones de personas migrantes y ha optado por una política solidaria: se ha garantizado la atención en urgencias médicas, partos y vacunación. También se ha garantizado el derecho a la salud a los hijos de venezolanos nacidos en Colombia. Los recién nacidos en nuestro país y que se encuentran en riesgo de apatridia —en Colombia, a diferencia de otros países de la región, la ciudadanía depende del estatus migratorio de los padres— tienen derecho a ser afiliados a una Entidad Prestadora de Salud (EPS), instancias que se encargan de registrar usuarios al sistema de salud colombiano.

Según el Ministerio de Salud de Colombia, entre marzo de 2017 y marzo de 2019 se habían brindado atención médica a más de 270 000 venezolanos. Se han aplicado más de un millón de vacunas y el Instituto Nacional de Salud ha logrado controlar brotes como los del sarampión. Sin embargo, la solidaridad por sí misma no es una política sostenible en el tiempo. Según algunos funcionarios del gobierno colombiano, las deudas de los hospitales públicos por atención a migrantes en los últimos dos años se elevan a un aproximado de 70 millones de dólares.

El Banco Mundial estima que el costo anual para acoger a los migrantes en Colombia (excluyendo la infraestructura y las instalaciones) está cerca del 0,4 por ciento del producto interno bruto nacional. Por lo mismo, no solo se necesitará de más apoyo financiero de la comunidad internacional, sino de mucha creatividad para poder atender e integrar social y económicamente a los venezolanos que salen de su país.

Y es aquí donde la mano calificada de médicos venezolanos que han migrado a Colombia podría ser parte de la solución.

El sistema de salud en Venezuela está al borde del abismo y es una de las razones de la migración del éxodo venezolano. Se debe, en parte, a la salida del país de profesionales de la salud. Según la Federación de Médicos Venezolanos, a finales de 2017 habían emigrado 22 000 médicos de Venezuela por falta de condiciones para ejercer su profesión. Esa cantidad no es menor: corresponde a un tercio de los médicos registrados en ese país hace cinco años.

Esos médicos venezolanos radicados en Colombia podrían contribuir enormemente a atender en salud primaria a los venezolanos con estatus migratorio irregular y evitar que lleguen a las salas de urgencias. Esto ayudaría a descongestionar las clínicas y hospitales y reducir los costos de estos servicios, especialmente para las zonas que son las principales receptoras de personas que migran como Norte de Santander y La Guajira, departamentos que comparten frontera con Venezuela, así como el Atlántico, Antioquia y Bogotá.

La Fundación Manitas Amarillas, que nació como una iniciativa entre médicos colombovenezolanos para atender a las personas que migraban de manera irregular, es un ejemplo de que esto podría funcionar. Esta plataforma de profesionales voluntarios cuenta con aproximadamente cincuenta médicos, quienes, en un año, han atendido a un aproximado de 6000 venezolanos y colombianos en estado de vulnerabilidad.

Róger Fajardo y Daniela Márquez, dos jóvenes médicos de la Universidad Central de Venezuela que ejercían en Caracas, son voluntarios en esa fundación. Fajardo se encuentra hoy en Bogotá haciendo envíos a domicilio en bicicleta y Márquez da clases de yoga. Los dos creen que pueden ser parte de la solución si pudieran ejercer, pero no pueden hacerlo porque, aunque tienen permisos de trabajo en Colombia y sus documentos están en regla, necesitan convalidar sus títulos, un proceso lento y complicado.

Chile, por ejemplo, ha avanzado en este frente y expidió un permiso temporal que ha permitido trabajar a algunos médicos en hospitales públicos de alta necesidad mientras otorgan los permisos oficiales. En Colombia, han empezado a discutir esa posibilidad, pues las homologaciones y las convalidaciones son un reto debido a la cantidad de solicitudes y a la imposibilidad de validar información con universidades y otras entidades en Venezuela.

Ronal Rodríguez, director del Observatorio de Venezuela de la Universidad del Rosario, me dijo que una posible solución es implementar un modelo en el cual “se pueda generar algún tipo de aval de los médicos con las universidades más prestigiosas de Venezuela para que hagan misiones médicas en los puntos de nodo de paso migratorio y que de paso irradien a las poblaciones receptoras”. Esto es, que también provean atención médica a pacientes colombianos.

De hecho, ya existe una medida del Ministerio de Salud colombiano que podría permitir un permiso temporal para que los médicos venezolanos atiendan esta emergencia humanitaria. Se necesitaría un trabajo común entre los colegios de médicos de Colombia, el gobierno de Iván Duque y los institutos prestadores de salud, y por el otro, con universidades en Venezuela, para encontrar la forma más rápida de lograr los requisitos para su integración al mercado laboral de forma excepcional.

Las crisis humanitarias necesitan de medidas extraordinarias. Y también requieren actuar con velocidad. Construir un modelo como el planteado para atender en salud a los migrantes necesita de voluntad política y de un diálogo más profundo entre instituciones estatales y académicas colombianas y venezolanas. Aquí están en juego no solo la sostenibilidad del sistema de salud colombiano, sino las vidas de miles de ciudadanos venezolanos.

Diana Montoya Maya es consultora en comunicaciones estratégicas. Asesoró hasta el 2018 a la Gerencia para la Frontera con Venezuela de la Presidencia de la República de Colombia y actualmente colabora con el portal Proyecto Migración Venezuela.

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