Mediterráneo con gas

Después de asumir, a regañadientes, la idea del corredor mediterráneo ferroviario, el Gobierno de España ha ido Bruselas a defender el corredor mediterráneo del gas. “El Sur –dijo Mariano Rajoy el jueves en la capital comunitaria- con sus abundantes reservas de gas (en Argelia y Libia) puede contribuir a la superación de la dependencia de gas del Este. Pero para eso es necesario impulsar las infraestructuras de conexión entre la Península Ibérica y el resto de Europa“. Los alemanes parece que le han escuchado con atención. Eso dicen las crónicas.

La principal y más urgente de las infraestructuras de conexión a las que se refería Mariano Rajoy en el Consejo Europeo es el gasoducto que entra en la península por Almería y recorre todo el litoral mediterráneo en dirección a Francia, provinente de Argelia. Ese gasoducto muere hoy en la localidad catalana Hostalric (Girona), como consecuencia del desinterés de las autoridades francesas. El gasoducto dibuja casi el mismo recorrido que tendría que efectuar el corredor ferroviario mediterráneo. Mapas, mapas, mapas.

Qué aburrido hablar ahora del gas, con la que está cayendo. El Rey hizo ayer en Asturias una importante y significativa apelación a la necesidad de recuperar la moral colectiva, mientras el país vive instalado en una escalofriante cadena de escándalos políticos y económicos. Y la semana que viene tendremos oportunidad de ver cómo se concreta la intención del Gobierno de impugnar, total o parcialmente, la nueva convocatoria del 9 de Noviembre en Catalunya. No es fácil llevarla al Tribunal Constitucional y no es seguro que Rajoy quiera convertirse en los próximos días en el principal propulsor de una movilización política que podría adquirir dimensiones colosales si quedase reducida, tras un nuevo forcejo jurídico, a estampar la firma ante una urna vacía. Veremos qué ocurre.

Primero fue el corredor ferroviario

Hablemos hoy de trenes y gas. Mientras la información instantánea, compulsiva y veloz, nos mantiene anclados en la agotadora sensación de que todo es urgente, hay asuntos que discurren muy lentamente, ocultando su trascendencia. Asuntos de élan lent que dicen los franceses, siempre atentos a que las nuevas conexiones entre ambos lados de los Pirineos no vayan demasiado deprisa. Suya es la posición de fuerza y a Francia nunca le ha interesado que haya muchas puertas a lo largo de la cordillera. Con las imprescindibles, basta. Cada nueva puerta, una larga negociación.

Los asuntos de élan lent un día aparecen en los periódicos y nadie sabe cómo ha sido. Desde hace unos meses, desde que comenzó la guerra en Ucrania, se ha comenzado a hablar de la revalorización geopolítica de España como plataforma energética. Hay gente trabajando en ese asunto desde hace tiempo. Así como hay gente, economistas y geógrafos, principalmente, que hace años llegaron a la conclusión de que la perenne acentuación atlántica de España debería ser corregida con una mayor atención al Arco Mediterráneo. Ese momento parece que está llegando. A todos los efectos.

El corredor ferroviario mediterráneo parte de una idea simple, irrebatible y difícil de materializar en el actual momento de crisis económica. La posibilidad de que los puertos mediterráneos españoles intercepten parte del flujo de mercancías de Extremo Oriente que atraviesa el canal de Suez en dirección al puerto de Rotterdam y al eje fluvial del Rin, la principal avenida mercantil de Europa. Y la posibilidad de que por ese mismo eje ferroviario circulen las mercancías que una nueva fase de desarrollo africano algún día enviará a Europa. Esas dos ideas conforman el teorema del corredor mediterráneo, que el Gobierno Aznar rechazó de plano, forzando en 2002 su increíble exclusión del mapa de prioridades europeas. Un proyecto que el Gobierno socialista rescató en 2011, año electoral, tras múltiples presiones del empresariado valenciano y catalán y de la prensa de Barcelona y Valencia.

En la actualidad, el concepto corredor mediterráneo se concreta en la construcción de un ‘tercer hilo’ ferroviario –carril adicional- para disponer de una primera conexión de ancho europeo entre el puerto de Valencia y la frontera con Francia, incluyendo el puerto de Tarragona y el puerto de Barcelona, ya conectado con algunas dificultades técnicas. La construcción de un corredor segregado hasta Algeciras –el corredor mediterráneo en versión completa- sólo está esbozado en los planos. Cuesta mucho dinero y en la época de las vacas gordas e inmobiliarias, España dedicó cuantiosos fondos a la construcción de la segunda red de alta velocidad más extensa del mundo,después de China, que debía enlazar todas las capitales de provincia, según los planes del Gobierno Aznar.

Ese proyecto faraónico, que por sí solo retrata toda una época, generó compromisos electorales de alta intensidad que ningún gobierno posterior –ni el de Zapatero, ni el de Rajoy- se han atrevido a revisar, pese a las evidentes dificultades para la rentabilidad comercial de las líneas en funcionamiento y los altos costes de mantenimiento. En la actualidad, sólo el 4% de las mercancías se transporta en España en ferrocarril. Las opciones estratégicas han sido otras y la política de infraestructuras nunca es un chicle. Élan lent.

España, isla energética

España es también una “isla energética“. En realidad hay dos islas de este tipo en el mapa de la Unión Europea: la península Ibérica y los países bálticos. España y Portugal son isla energética por una razón principal: el escaso interés de Francia por ampliar sus conexiones con la península. Bajo la batuta del general De Gaulle, Francia desarrolló a partir de los años cincuenta un vigoroso plan de centrales nucleares, que en la actualidad producen el 75% de la energía eléctrica que consume el país. Una producción estable puesto que las centrales atómicas no dependen de que luzca el sol o sople el viento. Una parte importante de la capacidad de producción eléctrica española depende de esos dos elementos, poco estables. Viento y sol. Viento, sol y suelo definen buena parte de España. Cuando se producen ‘picos’ de producción, la red eléctrica española no puede exportar esa energía a Europa de manera suficiente por falta de una interconexión más potente. Ello le obliga a estar regulando constantemente sus fuentes de producción. Cuando sopla el viento, menos ciclo combinado, por decirlo de una manera muy simple y esquemática. Los grandes incentivos a las energías ‘verdes’, especialmente a la fotovoltaica, generaron además una burbuja especulativa. El problema es colosal, el choque interno de intereses muy fuerte y los costes, altos. El denominado “déficit de tarifa” es uno de los pecados que la España oficial aún no ha podido expiar. Treinta mil millones de euros de deuda nos contemplan y Francia no tiene prisa en la interconexión eléctrica, alegando problemas medioambientales y presión social sobre los mismos.

La genial intuición de Duran Farell

España recibe gas de Argelia gracias a la genial intuición del fallecido ingeniero barcelonés Pere Duran Farell. La historia es interesante. A finales de los años cincuenta, en un último intento de retener a Argelia, el general De Gaulle decidió impulsar la explotación comercial de las reservas de gas natural de su principal colonia en el norte de África. Los consejeros del presidente francés le sugirieron implicar a España en esa operación. España estaba superando, lentamente, la autarquía de la posguerra y podía ser un buen cliente. De Gaulle dijo que no le quería dar esa baza al régimen de Franco y aconsejó buscar socios españoles en el ámbito de la empresa privada. Los franceses miraron en Barcelona y fue contactada Catalana de Gas. El joven ingeniero Duran Farell viajó a París y a Argel y al cabo de unos años acabó siendo uno de los mejores conocedores de la Argelia independiente. También viajó a Trípoli. Los primeros convoyes marítimos con gas natural del Magreb llegaron al puerto de Barcelona provinentes de Libia. Duran Farell gasificó el área metropolitana de Barcelona –en aquel momento el principal motor industrial de España- y se convirtió en el promotor de la primera central nuclear con tecnología francesa en el país, por expreso deseo de las autoridades de París. En realidad, la segunda central nuclear española después de la pionera en Zorita (Guadalajara), construida en 1965-68 con tecnología norteamericana: reactor de agua a presión Westinghouse. Los franceses quisieron empatar y ofrecieron facilidades. La segunda central atómica se quería construir inicialmente en la playa de Pals (Girona) –proyecto que entusiasmaba al escritor Josep Pla, gran admirador de De Gaulle y de la fisión del átomo- y acabó en Vandellós (Tarragona).

Duran Farell se convirtió en aquellos años en el hombre más dinámico de la economía catalana. Cuando tuvo muy avanzado su plan de gasificación de España, el Estado, a través de la empresa pública Enagás, expropio parte de la red. No querían que una empresa privada catalana tuviese un control tan fuerte sobre la distribución del gas. Apreciado lector, hay cosas que vienen de lejos.

Los papeles de Antoni Llardén

La huella de Duran Farell es profunda. En estos momentos el 51% del gas que se consume en España proviene de Argelia. Hay otros nueve países proveedores gracias a una notable capacidad de almacenamiento en diversos puertos. El fallido y polémico proyecto ‘Castor’ debía ampliar esa capacidad de almacenamiento. Argelia es el tercer proveedor a los países europeos después de Rusia y Noruega. En la época del Gobierno Zapatero, las empresas Enagás y Gas Natural, presididas respectivamente por los ingenieros catalanes Antoni Llardén y Salvador Gabarró, remitieron a la Oficina Económica de la Moncloa informes sobre el papel estratégico que podría jugar España en caso de una crisis europea con Rusia. Miguel Sebastián, entonces director de la citada oficina, no les hizo caso. En aquel momento, España estaba adelantando a no se sabe cuántos países.

Esos informes, perfeccionados posteriormente por Llardén, llegaron hace meses a la mesa del presidente del Gobierno y este los estudió y los hizo suyos, al ver el cariz que tomaban las cosas en Ucrania. Una baza geopolítica para España ante el Directorio Europeo.

Mapas, mapas, mapas. El gasoducto mediterráneo, llamado Midcat, no haría jaque a Rusia, ni mucho menos, pero introducirían cierta modificación geopolítica. Para que nos hagamos una idea, las proporciones reales de la batalla son las siguientes:

El gasoducto Nord Stream, que desde los años 2011-12 une Alemania y Rusia sin atravesar terceros países, transporta 55.000 millones de metros cúbicos de gas al año. Su construcción es la gran operación conjunta de alemanes y rusos después de la caída del muro de Berlín. La doble tubería submarina, bautizada irónicamente como el “gasoducto Molotov-Ribentropp” (ministros de asuntos exteriores que firmaron el histórico pacto de no agresión de 1939) sólo paga peajes a los peces del mar Báltico. La operadora del Nord Stream, bajo el control de la empresa rusa Gazprom, tiene como presidente al ex canciller socialdemócrata alemán Gerhard Schröder. Puerta giratoria y alianza estratégica.

El gasoducto Naftagaz que lleva gas ruso a Europa a través de Ucrania –uno de los nervios inflamados en el actual conflicto- transporta 142.000 millones de metros cúbicos anuales. El Midcat sólo transportaría siete mil millones de metros cúbicos. Pero el Midcat muere hoy en Hostalric. A Francia, poco dependiente del gas, por su potente planta nuclear, e interesada en proteger los intereses de Gaz France, le da pereza acelerar la conexión. El Midcat también podría transportar gas ruso a la península Ibérica. Una arteria de proporciones modestas para reequilibrar un poco las redes vasculares europeas. Gas argelino para la industria alemana: menos capacidad de presión de Rusia. Gas ruso en la península Ibérica: menos capacidad de presión de Argelia.

La España del Este

En Bruselas, Rajoy ha conseguido estos días dos cosas. Una, que la conexión ibérica empiece a ser considerada como una opción estratégica para la Unión Europea y no sólo una mera cuestión bilateral entre España y Francia. Segunda, un primer principio de acuerdo para elevar la capacidad de interconexión al 15%. Francia tiene un 10% de interconexión con otros países vecinos, pero con España no supera el 3%. Portugal aún está más aislado. Y más irritado. En la cumbre de Bruselas, los portugueses llagaron a amenazar con el veto a los acuerdos sobre la reducción de emisiones de CO2.

Los mapas nunca debieran ser menospreciados por la ensoñación política. Al hundirse, dramáticamente, la fantasía de la España turbo-inmobiliaria y consumista, con un Gran Madrid todopoderoso, vinculado de manera preferente al continente americano (Estados Unidos y Latinoamérica), regresa, a trompicones, la vertiente mediterránea. Regresa la España del Este, que dicen los geógrafos valencianos. Eje ferroviario mediterráneo para poder aprovechar oportunidades logísticas que nunca debieron ser arrogantemente despreciadas. Una idea que hoy genera mucho consenso político, con dificultades objetivas de realización. Y, ahora, la clara y decidida apuesta de Rajoy por el corredor mediterráneo del gas, para poder jugar pieza en el tablero geopolítico europeo frente a alemanes y franceses.

El proceso de rectificación está en curso y no será nada fácil. A finales de mayo, una vez celebradas las elecciones municipales y autonómicas, recomiendo mirar con atención el mapa. Buena parte de la España del Este presenta hoy una inflamación política descomunal. Inflamación de distinta naturaleza y diagnóstico en Valencia y en Barcelona, pero inflamación. He ahí una de las claves importantes del momento español.

Enric Juliana

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