Mejora personal, mejora de la especie

Hace pocos días aparecía la noticia de que había nacido un bebé tras comprobarse que no era portador de un gen que predispone con alta frecuencia al cáncer de mama. Pertenecía a una familia con una incidencia muy alta de esta enfermedad. Así pues, lo liberaba de una penosa carga cara al futuro. Mucha gente celebra esta posibilidad, que no deja de plantear una compleja problemática.

El caso es el resultado de lo que llamamos diagnóstico preimplantatorio. Cuando se sabe que una familia es portadora de una enfermedad genética grave, en algunos países se acepta que se produzcan embriones por fecundación in vitro y se implante en la madre uno que no lleve el gen problemático. De este modo se evita que en el individuo o en su descendencia se presente una enfermedad penosa o mortal. Pese a esto, hay a quien le preocupa el uso de la técnica y las consecuencias que pueda tener su aplicación.

Por una parte, la fecundación in vitro es una técnica utilizada en situaciones determinadas y a la que algunos se oponen sobre todo cuando debe descartarse alguno de los embriones producidos. La decisión puede quedar más clara cuando se trata de evitar enfermedades graves y en las que su relación con un gen concreto está muy demostrada. La cosa empieza a complicarse cuando esta relación es estadística. En algún caso se sabe que la predisposición a desarrollar cáncer puede ser del 80%, lo que parece muy elevado. ¿Pero qué hacemos cuando la probabilidad es del 50% o el 20%? ¿Dónde ponemos el límite? También puede ocurrir que se trate de una enfermedad menos grave que no ponga en riesgo la vida de la persona. ¿Debe investigarse si un embrión lleva un gen que predispone en un 50% a la esquizofrenia? Podríamos ir más allá y aceptar que haya padres que piensen que su hijo será más feliz si tiene los ojos azules o una musculatura que le permitirá triunfar en el deporte. Y, sobre todo, es necesario que el diagnóstico sea fiable. Todavía hay muchos casos en los que la técnica no está muy establecida y validada. A pesar de esto, en algunos lugares el diagnóstico ya se ofrece en laboratorios de análisis o por internet.

En esta situación podríamos plantearnos establecer una lista de los genes que nos gustaría sacarnos de encima, y poco a poco liberar a la humanidad de esta amenaza. A principios del siglo pasado se propuso lo que se denominaba higiene genética, que promovía la esterilización de los individuos portadores de alguna enfermedad genética. Actualmente no lo hacemos así, pero el objetivo final puede parecérsele. Hay quien propone que sería necesario no solo evitar enfermedades, sino emplear nuestro conocimiento para que los hijos que nacen tengan el mejor conjunto posible de genes. De este modo nuestra especie mejoraría su base genética.

Pero algunos recuerdan que conceptos como higiene o mejora genética fueron usados por los nazis el siglo pasado. Su propósito era desarrollar una raza superior que gobernara el mundo. En realidad, las aproximaciones de las que estamos hablando de momento no se pueden aplicar de forma generalizada, y por lo tanto podríamos acabar creando una minoría con propiedades mejoradas. Lo mismo puede suceder si se deja la decisión a las leyes del mercado, teniendo en cuenta que son técnicas caras. Los que pudieran pagarlo tendrían una descendencia con mejor dotación de genes. Se trata de una perspectiva preocupante, por supuesto. Por lo tanto, hay que establecer un criterio para distinguir en qué casos se puede usar la técnica y lograr que esté al alcance de quien la necesita. Esto es más o menos lo que sucede ahora, pero con el tiempo las cosas se irán complicando a medida que conozcamos mejor las bases genéticas de muchos caracteres.

Hay gente que se pregunta por qué queremos limitar una vía que puede acabar mejorando nuestra especie. Lo cierto es que todos queremos que nuestros hijos tengan la mejor salud posible o la mejor educación. Los estimulamos a educarse bien, a practicar deporte, a seguir unas reglas de higiene y a alimentarse correctamente. De este modo, los individuos mejoran sus capacidades, unos más que otros. Las sociedades avanzadas hacen de la salud y la educación un requisito universal, aunque las grandes diferencias no se pueden evitar.

Es difícil pensar en una aplicación generalizada del diagnóstico preimplantatorio. Implicaría un uso mayor de la fecundación in vitro que nadie desea. Tal como está la técnica, seguramente solo puede tener un efecto para genes de efectos graves y muy conocidos. Quizá pudiéramos pensar en un seguimiento de los genes que existen en nuestras poblaciones y ayudar a las familias que así lo deseen a librarse de los genes más nefastos. Es probable que lentamente la especie vaya evitando algunas enfermedades como hemos hecho eliminando otras producidas por virus. Estaríamos introduciendo un nuevo tipo de selección que habría que hacer de forma muy controlada y meditada.

Por Pere Puigdomènech, director del Centro de Investigación Agrigenómica, CSIC-IRTA-UAB.

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